De locos….
Movimiento «20 de mayo». Espacio 609 FRENTE AMPLIO DEL PUEBLO
El otro día, saturado de sufrir los efectos perniciosos de la propaganda electoral, en medio del «zapping», caí en un canal mejicano, en el que pasan teleteatros. Es sabido que en todos ellos, hay elementos en común, inevitables: Por ejemplo, ningún hijo es hijo de los padres, y las mujeres embarazadas nunca saben quién es el padre de sus hijos. Ni los padres, tampoco. Pero además, es parte de la morbosidad de sus argumentos, el plantear situaciones inverosímiles y «contra natura».
He aquí una de ellas.
Se trataba de una lucha de poder entre dos líderes. Uno de ellos, de pasado azaroso y signado por la «violencia», había optado por «enderezar»(?) su vida y apostar a llegar al poder a través de las reglas que el otro poder del «statu quo» denomina como «democráticas».
Es decir, aventurarse a competir en la «selva oscura» y del «vale todo» de la «non sancta» política.
Y ocurre que, en forma milagrosa, supera (casi) todas las vallas que le ponen deliberadamente en esa guerra sucia, enemigos sin escrúpulos y llega a constituirse, a través de una previa, en serio candidato a ocupar la presidencia de un paisito.
Y cuando parece que, en condiciones normales, estaría por «tocar el cielo democrático con las manos», zás!!!.
Aparece un personaje inesperado, bajado como de esas tinieblas típicamente teleteatrales, encarnado por un vejete, cruza entre divertido y diabólico, muy similar al Guasón de Batman….
O más bien con esa indescifrable mezcla de picardía y demencia senil que suelen adquirir, lamentablemente, algunos desgraciados seres de la especie humana en sus últimas etapas.
¿Y qué se le ocurre hacer?
Largar a la palestra, como cierta, un infundio, propio de su imaginería desquiciada:
Resulta que ese contendiente, del que hablamos, con un pasado de violencia revolucionaria enfrentando a la violencia reaccionaria, que habiendo pagado cara su osadía, y decidido a emprender una nueva senda, justo en el momento de lograr su máxima posibilidad de acceder al poder por el nuevo camino democrático emprendido, zás!!!!. Decide tirar por la borda, todo lo obtenido en un largo camino de sudor y lágrimas, y volver a su pasado que creían superado, preparando una revolución por las armas.
¿Se entiende bien?
El personaje líder tiene el 99.5% de posibilidades de alzarse con el triunfo por la vía «pacífica», que es la que ha adoptado voluntariamente, pero, decide, quien sabe inspirado en que locura, hipotecar lo alcanzado y alzarse nuevamente por la vía armada, de la que ha hecho una muy creíble y costosa autocrítica.
El argumento, no parece. Es de locos.
Al final, te juro que no sé si fue, en realidad un argumento inverosímil del teleteatro o me dormí en el medio de la emisión, y fue una pesadilla.
Pero, creo que fue, en realidad un «reality show» televisivo, porque, al otro día, pese a lo dislocado del argumento esgrimido por el demente senil de marras, en el siguiente episodio, otros, aparentemente no tan viejos ni seniles, pero si desesperados ante un evidente fracaso político ilevantable, lanzando sus últimos manotazos de ahogado, se apropiaron de la historieta inventada por el desvariante, como si pudiera tener algo de verosímil, del que agarrarse.
La cosa, como en todos esos engendros de la televisión, terminó bastante bien, mirándolo del lado «bueno», cuando, con un final simbólico virtual, una serie de «búmeranes» lanzados por todo ese conglomerado de dislatarios, incluido el vejete, volvían, como es de rigor en tales armas, y los golpeaban en la nuca.
Y en el final, los golpeados, encontrándose en el marasmo de un pantano, de final inevitable, cuanto más se movían, lanzando infundios desesperados, más se hundían.
Al final, tal parece que el argumento terminó, poniendo la cosa en sus carriles de credibilidad. Me consta que los televidentes, aún los más despistados, no llegaron a soportar la insensatez del argumento y se plegaron al saludable «zapping».
Intuyo que cualquier parecido del argumento de ese nefasto e intragable bodrio televisivo con la realidad política que podamos llegar a vivir, no será, desgraciadamente, pura coincidencia.
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