Wilsonistas en las antípodas de Lacalle

Escrito por: Por Niko Schvarz - Periodista

Miércoles 18 de noviembre de 2009 | 2:56
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Leí con gran interés la carta “A los jóvenes blancos” publicada en LA REPÚBLICA el día 12 por un grupo de militantes wilsonistas que se reconocen como “Amigos de Fernando Oliú”. Lo primero que me llamó la atención fue precisamente la firma, porque recordé de inmediato que en el exilio mexicano rendimos homenaje en la Convergencia Democrática a este activo dirigente de la corriente liderada por Wilson Ferreira Aldunate, fallecido prematuramente en diciembre de 1983 y que se destacó por su consecuencia en la lucha contra la dictadura. Volveremos a este tema.

El documento está concebido con altura conceptual y claridad política. El contraste resalta vívidamente ante los ejemplos de bajeza y ruindad que hemos visto desfilar en este último tramo de la campaña electoral. Precisamente, los firmantes comienzan por deslindarse nítidamente de esas prácticas vituperables. Escriben: “Nos avergüenza la campaña publicitaria que en nombre del Partido Nacional alguien ordenó y pagó sin que ninguna autoridad pegase el grito en el cielo, como lo hubiera hecho Wilson. Wilson jamás hubiera permitido una bajeza de ese tipo. Jamás. Eso no es digno de nuestro partido”. Y pone el ejemplo del aquelarre de la víspera de las elecciones de 1971, organizado por el Partido Colorado, al que Lacalle fue el único blanco que adhirió y Wilson Ferreira salió a Avenida Brasil y la Rambla a arrancar de los autos todas las banderas suyas que desfilaban.

En el resumen de los temas en que se registró un choque frontal entre las posiciones de Wilson Ferreira y Lacalle, ocupa un lugar destacado el de la Convergencia Democrática. A él quiero referirme especialmente, entre otras cosas, porque muchos de sus activos participantes ya no están entre nosotros, y me refiero al Colorado Echave y al Polo Bruera, al amigo Diego Achard, a Martínez Moreno y tantos otros. La cita precisa del documento torna obvio todo comentario. Dice así:

“El 20 de abril de 1980 se funda la Convergencia Democrática en Uruguay. Juan Raúl Ferreira era su presidente y Carlos Martínez Moreno el secretario general. (…) El 20 de mayo, en homenaje a Toba y Zelmar se realiza el primer acto público en México. Wilson manda un mensaje: ‘La mejor manera de homenajear a Toba y Zelmar es unirnos en la lucha por la causa a la que ellos entregaron sus vidas’. La CDU tiene ya un mes de vida. Este último mensaje genera una respuesta de Lacalle en el diario El País que decía: ‘Desde el exterior se agita una coalición frenteamplista de supuesta participación blanca. Es incompatible la condición de blanco con la de integrante de la Convergencia’”.

No olvidemos, dicho sea de paso, que El País era uno de los diarios de la dictadura, que publicaba todos sus comunicados, incitaba a la delación de los luchadores por la democracia y su director Daniel Rodríguez Larreta era consejero de Estado del régimen de facto.

Mirando ahora en perspectiva, puede aquilatarse cabalmente el destacado papel que desempeñó la Convergencia en la lucha por la recuperación democrática. Contribuyó a unir en un solo haz a las fuerzas antidictatoriales venidas desde todas las vertientes de la vida política nacional. Fue ejemplo de fraternidad entre todas ellas, vertebradas por un objetivo común y altamente prioritario. El logotipo de la Convergencia, obra del destacado plástico Carlos Palleiro, se extendió por todas partes. Bajo su bandera, los principales dirigentes antidictatoriales recorrieron el mundo, llegaron a la mayoría de los países de América Latina y a su influjo se organizaron múltiples acciones de solidaridad con el pueblo uruguayo en lucha y de denuncia de los crímenes del régimen dictatorial. Se gestaron acontecimientos tan relevantes como las audiencias (“hearings”) de Wilson Ferreira en el Congreso de Estados Unidos, innumerables planteos en los parlamentos y organismos internacionales. La Convergencia Democrática fue un factor acentuadamente positivo en la lucha por enterrar al régimen.

 

No es el único tema que opuso en forma dilemática a Wilson con Lacalle. El documento enumera varios otros. Cada uno de ellos es definitorio. Ejemplos: la condición de “blanco barato” que le endilgó Wilson a Lacalle en el “pacto chico” con Bordaberry, y la frase que queda resonando hasta hoy: “Yo sé que hay blancos baratos que se quieren vender”; la actitud de Lacalle haciendo el saludo falangista y cantando “De cara al sol” en la embajada de España a la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975; la formación del Triunvirato blanco (en el que Wilson vetó a Lacalle); el famoso episodio de la bajada del ómnibus. Hay otros.

La conclusión surge sola: “Los wilsonistas mantenemos profundas diferencias con Lacalle. Como las tuvo Wilson y nunca las ocultó. Por lo tanto, nos desagrada profundamente que se finja una cercanía que nunca hubo. No era necesaria tanta adulonería barata”. Ya en la introducción del documento aluden “al uso y abuso de la figura de Ferreira Aldunate por parte de quien estuvo en las antípodas de su pensamiento y conducta en el Partido Nacional”.

Es notorio el intento de Lacalle de apropiarse de la figura de Wilson y de su legado en el curso de su campaña electoral. A ello también se refirió Juan Raúl Ferreira en recientes declaraciones, en que señaló que “la familia blanquicolorada es un invento del sanguinettismo”, que “en los discursos de la tribuna” se tergiversan las ideas de Wilson, que no iba a hacer campaña por Lacalle, que no podía votar contra su conciencia y que iba a trabajar por la recomposición de los valores del Partido Nacional.

En vísperas de la segunda vuelta electoral, es saludable que ­para emplear una expresión habitual en filas blancas­ queden de un lado los bagres y del otro las tarariras.

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