Ivonne Passada. Primera titular de la lista 609, la más votada, presidirá la Cámara de Representantes

"Hay que seguir el proceso de cambios, porque si no, ¿dónde queda la utopía?"

En su despacho del edificio anexo, adornado y perfumado por un ramillete de jazmines, la futura presidenta de la Cámara baja se dispone a responder a mis preguntas, que abarcan tópicos diversos de la realidad actual.

­¿Te has sentido cómoda en el Parlamento?

­Sí, sí. Para un militante de izquierda con un perfil como el nuestro, que venimos del movimiento sindical, creo que ayuda a colocar una mirada diferente. Entonces aquí, con todo el equipo, hicimos lo que llamamos el «despacho móvil». Te explico: cuando se discute una ley (yo presido la Comisión de Legislación del Trabajo de Diputados), alguna de las más de 26 leyes que este gobierno impulsó sobre relaciones laborales, tenemos una participación activa con la gente, empezamos a tener un Legislativo de puertas abiertas, y la Comisión de Legislación del Trabajo ha sesionado en las Juntas Departamentales, junto a los vecinos, a los trabajadores. Por ejemplo, cuando se trataba la ley de limitación de la jornada laboral de las empleadas de edificios de apartamentos de Punta del Este, sesionamos en la Junta de Maldonado, y cuando nos quisimos acordar, teníamos más de 200 trabajadoras que estaban en el pleno participando en la discusión. Y eso hace que la ley sea mucho más fuerte y que el ciudadano entienda que no ejercemos la ciudadanía solamente cada vez que se elige a un representante sino que la ciudadanía es una construcción permanente.

­Tú estás vinculada a la enseñanza. ¿Qué pasó con la Ley de Educación, que despertó tanto rechazo de los gremios?

­La autonomía y el cogobierno son cosas que nadie discute y que eran el punto central de la reforma educativa. Y el otro punto tiene que ver con la educación técnica: cómo se imparte, de dónde se imparte, quién es el responsable de la educación no formal. Hay una tendencia en la región de cometer la educación no formal a los ministerios de Trabajo. Eso nos quitaría la posibilidad de que aquel que es el más débil es quien debe recibir una carga mayor en la enseñanza integral. Hay una visión errada de que las leyes son estáticas, cuando la ley debe admitir modificaciones porque el legislador la piensa para un momento histórico y luego se aplica en otro momento histórico diferente. El planteo de los gremios de la enseñanza, que pretendían autonomía y cogobierno ya, no ha sido desechado. En los próximos cinco años, en el proceso de aplicación de la ley, podremos apreciar las posibles carencias de la ley y eventualmente corregirlas. En fin, ese fue un punto de quiebre que la oposición también aprovechó para generar contradicciones dentro del gobierno y de las organizaciones gremiales de la enseñanza. El debate educativo, que los partidos tradicionales rechazaban tanto, este gobierno fue capaz de plantearlo, y aunque las conclusiones de ese debate no fueran vinculantes, fue la primera vez en la historia que la sociedad ponía sobre la mesa el tema. Fue un debate muy valioso y enriquecedor; se discutió mucho, se oyeron los puntos de vista de los sectores políticos y de los gremios. Era un deber de este gobierno elaborar una reforma de un sistema educativo que se regía por una ley de emergencia del primer gobierno de Sanguinetti y se transformó en definitiva.

­Pero hubo reformas bajo el segundo gobierno de Sanguinetti, como la reforma de Rama…

­Sí, esa reforma fue pensada para un país de servicios; la educación no estaba pensada para el mundo del trabajo, para la producción, para la ciencia, sino para los servicios. Entonces el razonamiento era éste: para qué voy a formar técnicos y obreros especializados si los puedo traer de otras partes del mundo. Recuerdo perfectamente al profesor Germán Rama diciendo: «¿Para qué vamos a formar carpinteros si podemos traer los muebles del Brasil?». Así se cerraron cursos, se clausuraron escuelas agrarias. Y todo eso fue acompañado por más de dos mil contratos de obra… Recordarás que Inés Lacalle, hermana de Luis Alberto, tenía contratos con el Codicen por dos mil dólares, cuando un docente, en ese tiempo, no llegaba a cinco mil pesos de sueldo. Es cierto que nosotros criticábamos las escuelas de tiempo completo, pero lo hacíamos en razón de que no se había previsto un presupuesto acorde para las mismas, no había docentes formados para ese sistema… ¿Y qué le ofrecíamos al niño? Un lugar donde pasar el día. Había que desvestir un santo para vestir otro, había un trasiego de docentes. Por supuesto que es necesario que los niños tengan una mayor carga horaria con contenidos pedagógicos; esto vale también para Secundaria y UTU, pero con contenidos pedagógicos. Todo eso lleva tiempo, y la autonomía no se puede decretar de un día para el otro.

Por otro lado, hay una discusión que tenemos que darnos y es la Universidad en el Interior. Me refiero a la Universidad de la República, por supuesto. Hay mucho por hacer, hay que pensar en cómo articular la Udelar con la UTU, que también tiene cursos terciarios; tenemos escuelas agrarias pero las facultades de Veterinaria y de Agronomía están en Montevideo. Para todo eso tenemos que tener cabezas muy abiertas y comprometernos en la tarea.

­Pasando a otro tema, hay una imagen del funcionario, del empleado estatal, bastante deteriorada a los ojos de la población, fomentada por aquello que dijo Lacalle cuando era presidente: «Ellos hacen como que trabajan y yo hago como que les pago». ¿Cómo hacer para cambiar eso?

­Bueno, tenemos que admitir que el deterioro de los organismos del Estado ha sido el deterioro promovido por los gobiernos anteriores. No olvidemos que hubo una actitud deliberada de privatizar toditas las empresas públicas del país. Los funcionarios estaban deprimidos salarialmente, con un deterioro de sus carreras funcionales, con gruesas iniquidades salariales. Se ha perdido una concepción que los brasileños trabajan muy bien, que es el «servidor público». Esa imagen del empleado que toma té y que acompaña a un Estado burocrático que este gobierno heredó y que sufre, debemos cambiarla. Y para eso, Mujica coloca como punto principal la participación de los propios trabajadores; no te olvides de que en todos los procesos de reestructura del Estado los trabajadores fueron dejados de lado, y cuando alguien no se involucra en algo, mira el asunto de costado.

­Ultimamente se percibe un decaimiento de la militancia frentista. ¿A qué lo atribuís?

­Una primera apreciación. Al asumir en 2005, el gobierno «se tragó» a la fuerza política, y eso tenemos que corregirlo porque la fuerza política es el sostén del gobierno, es la que debe ejercer un control desde lo programático hasta la discusión de generar espacios ciudadanos para un proyecto a largo plazo. Una fuerza política que pasó de ser contestataria para transformarse en gobierno debe ocuparse de transformar los comités de base en espacios no ya de discusión interna de lo programático sino de discusión hacia afuera; discutamos con los vecinos, en la feria. Pero hoy hay también nuevas formas de militancia; es importantísima la convocatoria que han tenido, fuera de la estructura, movilizaciones espontáneas como el «banderazo», lo que indica que la gente se está involucrando pero desde otro lugar. No estoy de acuerdo con la afirmación de que los jóvenes no estén militando; tienen una militancia diferente de la nuestra.

O dejamos que los jóvenes se apropien de las iniciativas de participación, porque los jóvenes son la propuesta de cambio, o no vamos a tener jóvenes dentro de la izquierda. Tenemos que entender que los jóvenes de hoy son diferentes a nosotros cuando éramos jóvenes.

Hoy los jóvenes se organizan, por ejemplo, alrededor de una murga, o alrededor del teatro joven, o en una esquina, porque no les damos espacio para que se reúnan en nuestra casa.

­¿Cómo se compatibilizan la actividad sindical con la polít
ica?

­Hay muchas formas distintas de hacer política y de hacer sindicalismo. Yo he tenido mis contradicciones, claro, cuando estábamos discutiendo varias leyes; y cuando tuve que optar, lo hice por la propuesta del gobierno, sin dejar de dar la máxima discusión para acercar, no con mi mirada desde el punto de vista sindical sino con mi mirada de trabajadora, porque yo estoy acá como legisladora pero me siento una laburante.

Yo integro la Comisión de Relacionamiento del Frente, una comisión muy importante porque el gobierno debe tener sus formas de relacionamiento con los sectores de la sociedad, pero la fuerza política no debe perder su propia capacidad de relacionamiento; son dos diálogos diferentes.

De ahí surgió nada menos que la Concertación para el Crecimiento, que agrupó a sectores políticos, a trabajadores, a empresarios, a productores agropecuarios. Cuando uno oye a los empresarios y a la oposición decir que el movimiento sindical es el brazo del gobierno frentista, uno se pregunta: entonces, ¿fue el brazo de los empresarios cuando en 2002 salieron a la calle a caminar juntos, desde la Federación Rural hasta las Cámaras empresariales, para plantearle al presidente Batlle 30 medidas porque si no, nos íbamos al bombo? Que los empresarios no se quejen ni digan que les fue mal bajo este gobierno; y los trabajadores tampoco.

­Sin embargo, hay críticas muy fuertes, e incluso algunos gremios estatales se enfrentan al gobierno.

­Yo creo que una cosa son las orientaciones de esos sindicatos y otra es la opinión central del PIT-CNT, que ha dicho «nosotros tenemos autonomía pero no somos indiferentes a un proceso de cambios». Yo veo los volantes que distribuíamos en 2004, reclamando una gestión más fuerte del Instituto de Colonización, por ejemplo, y pienso ¡cuántas hectáreas se han entregado a los colonos por primera vez en la historia! Y al mismo tiempo se terminaron las famosas tarjetitas aquellas gracias a las cuales algunos que hoy están en este Parlamento recibieron tierras mientras los colonos las veían pasar… Es una serie de cambios profundos que ha habido. Ahora, precisamente, me están convocando a una reunión del Mercosur para pensar una norma del bloque regional para las trabajadoras domésticas.

Nuestro país se ha convertido en el primer país que limita la jornada laboral de las trabajadoras domésticas. El Parlamento del Mercosur va a tratar un tema inspirado en nuestro ejemplo. Por eso te digo que esto no tiene techo, hay que seguir el proceso de cambios, porque si no, ¿dónde queda la utopía?

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