Polémica por armas de la Armada desaparecidas durante el gobierno de Batlle
La carta de Méndez Casariego «Montevideo, 10 de noviembre de 2009
Dr. Federico Fasano Mertens Director del diario LA REPUBLICA
De acuerdo a lo publicado en su diario de fecha 9 del corriente, tengo el agrado de poner en su conocimiento:
1- Que no practico ideología alguna tal como la mencionada en su diario, en particular, la referida a militancia ultranacionalista. Mal podría ser «reconocida militancia».
2- Que no poseo conocimiento alguno sobre explosivos.
3- Que no conocí al señor Saúl Feldman.
4- Que el vínculo que poseo de militares argentinos es debido a que trabajé 18 años entre 1982 y 2000 en la Agregación Naval Argentina en Uruguay, y que mi padre fue oficial de la marina de la República Argentina.
5- Que mi padre no fue Oficial Superior sino que se retiró en el año 1961 con la jerarquía de Teniente de Fragata.
6- Que no tuve contacto alguno con la planta de recarga que la Armada Uruguaya adquirió. Ni antes, ni después de 1997.
7- Que la Armada Uruguaya jamás me contrató.
8- Que jamás vendí municiones de ningún tipo de dicha fuerza.
9- Que ni la justicia ni la Armada efectuaron allanamiento alguno en mi domicilio y que yo no poseía dicha munición faltante.
Sin otro particular, lo saluda atentamente,
Honorio Méndez Casariego
C.I.: 1.758.254-6″
Precisiones
Por Víctor Carrato
El señor Honorio Méndez Casariego naturalmente se deslinda de todo lo que pueda implicarlo. No niega ser hijo de un teniente de fragata de la Marina argentina retirado en 1961. Tampoco niega poseer vínculos con militares argentinos «debido a que trabajé 18 años entre 1982 y 2000 en la Agregación Naval Argentina en Uruguay, y que mi padre fue oficial de la marina de la República Argentina».
LA REPUBLICA realizó una investigación periodística de los antecedentes del caso a través de la prensa y de las actas parlamentarias, de las cuales dio cuenta sin agregar elementos que no estuvieran registrados.
A mediados de agosto de 2001 el diario «El Observador» informó que la Armada Uruguaya ocultó varios «episodios irregulares» ocurridos en su seno en los últimos tiempos. De acuerdo a las fuentes de «El Observador», en 1997 hubo un faltante de municiones cuando la fuerza de mar adquirió equipamiento completo de recarga de munición. En ese entonces se descubrió que parte del faltante estaba en poder de HMC (iniciales de Honorio Méndez Casariego), un civil de reconocida militancia ultranacionalista que era usualmente contratado por la Armada en función de sus conocimientos en explosivos.
En 2000 se constató el faltante de 2.000 proyectiles calibre 7,62 y el 9 de julio de 2001 un veterinario le informó al teniente de navío Gastón Jaunsolo, que prestaba servicio en la Escuela Naval, que HMC (Honorio Méndez Casariego) estaba ofreciendo munición 7,62 a razón de 150 dólares los mil proyectiles. Jaunsolo puso en conocimiento de esta información al capitán Gonzalo Cuñarro, quien un día después ordenó un inventario en el Servicio de Armamento. Fue entonces que comprobó que en febrero de 2001 habían sido dadas de baja 7.000 municiones con el argumento de que se hallaban en mal estado. Sin embargo un ingeniero químico que trabaja para la Armada estableció que los proyectiles estaban en perfectas condiciones.
El viernes 13 de julio de 2001 se comprobó que faltaban unas 11 mil municiones y una ficha firmada por el suicidado marino Víctor González, que decía que el faltante obedecía a un «reajuste de consumo interno». Luego, parte de estas municiones fue hallada en el domicilio de HMC (Honorio Méndez Casariego). Tras la renuncia de Pazos a la comandancia y la asunción de Carlos Giani, la Armada dispuso que al frente del Servicio de Material y Armamento fuera nombrado el capitán de navío Aldo Francéscoli en sustitución del capitán de navío Ruben Romanelli. En parte para responder respecto a estas irregularidades, el ministro de Defensa Nacional de la época, Luis Brezzo, concurrió al Parlamento. Sus explicaciones no fueron satisfactorias para los legisladores opositores, pero sí para los oficialistas.
Mientras la Armada y el Ministerio de Defensa aseguraban que sólo faltaban municiones, las fuentes militares de «El Observador» insistían en asegurar que el teniente de navío que se suicidó cuando era investigado por el robo de miles de balas también tenía en su poder armas y explosivos. Al respecto indicaron que cuando se preparaba la misión de paz para el Congo, el suicidado utilizó su propio jeep para retirar del servicio de armamento naval 1.000 proyectiles 9 mm, 8.000 calibre 7,62 y 9.000 calibre .30, siete pistolas 9 mm, cuatro fusiles M16, dos subametralladoras AK47, 23 caños de fusil Springfield, además de repuestos de fusiles M1 y 23 bayonetas M1. Se ignora el destino que tuvieron dichas armas.
Los mismos informantes recordaron un episodio ocurrido en enero de 2001 cuando aparecieron en proximidades de La Paloma cajas de explosivos de origen argentino. El oficial encargado de manejar ese material fue el mismo teniente Víctor González y se aseguró que si bien en aquel momento el comandante de la Armada, Francisco Pazos, ordenó destruir ese material, el teniente de navío se apoderó de 4 kilos de explosivos, trotil y detonadores. Por su parte, las fuentes navales de LA REPUBLICA relataron que en 1997 se adquirió un equipamiento completo de recarga de munición y que tras una inspección se constató un faltante de varias cajas con piezas: de un total de dieciocho, cuatro estaban en poder del señor HMC (Honorio Méndez Casariego), de «reconocida militancia ultrafascista, hijo de un oficial superior de la Armada argentina, actualmente en retiro».
Sobre la sustracción de armamento destinado a la Misión de Paz en el Congo, LA REPUBLICA afirmaba que el mismo le fue entregado a HMC (Honorio Méndez Casariego) y a un alto jerarca del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente que no se mencionaba.
En el año 2000 se había constatado un faltante de 2.000 proyectiles calibre 7.62, pero el hecho nunca fue denunciado. En abril de 2001 comenzaron a detectarse nuevas irregularidades con el consumo de munición. También se echan a rodar «trascendidos» en cuanto a que un teniente de la reserva que prestaba servicios en la Dirección de Personal de la Armada, «ofrece para la venta, munición de guerra a civiles». En julio de 2001 el ya por entonces reservista naval HMC (Honorio Méndez Casariego) «puso a la venta» las municiones sustraídas a la misión al Congo, utilizando como intermediario a un veterinario, «con la anuencia expresa» de un alto jerarca del Ministerio de Defensa Nacional.
El 30 de agosto de 2001 el ex ministro de Defensa, Luis Brezzo, en respuesta a los senadores del Frente Amplio Fernández Huidobro y José Korzeniak, en particular, con relación al contenido de la nota que al Ministerio de Defensa Nacional, el 23 de agosto de 2001, informó que el señor Honorio Méndez Casariego «ingresó como reservista en octubre de 2000, concurriendo a las Instrucciones de fin de semana durante noviembre, parte de diciembre de 2000 y parte de marzo de 2001, a partir de entonces registró faltas a las Instrucciones y solicitó la baja en mayo de 2001″.
En el mismo documento se menciona que «el T/N Gastón Jaunsolo tuvo noticias a través de un veterinario de su conocimiento del ofrecimiento de municiones, por parte del señor Honorio Méndez Casariego, cuyo origen probable era el Servicio de Material y Armamento de la Armada Nacional».
El 24 de agosto de 2001 el semanario «Brecha» dio a conocer los nombres de cinco civiles denunciados como cómplices de la operativa del robo a la Armada. Ellos, según menciona «Brecha», eran el subsecretario de Defensa Nacional, Roberto Yavarone (Partido Colorado / sanguinettismo); el director de Ordenamiento Territorial, Herman Leis (Partido Nacional / Herrerismo); el diputado Daniel García Pintos (Partido Colorado / Lista 15); el emp
resario de la construcción González Conde y el militante neonazi Honorio Méndez Casariego.
En conferencia de prensa el diputado García Pintos negó toda relación con los robos en la Armada y acusó al Frente Amplio de haber montado una campaña en su contra. Lo propio hicieron Roberto Yavarone y Herman Leis al ser consultados por diversos medios de prensa. De todas maneras, los senadores Korzeniak y Fernández, ambos integrantes de la Comisión de Defensa Nacional de la Cámara alta, declararon haberse limitado a entregarle al ministro un documento elaborado por oficiales navales.
Durante la reunión de la Comisión General del Senado del día 15 de agosto de 2001, el senador José Korzeniak afirmó: «Yo siempre digo que en el mundo de hoy el Poder Ejecutivo es el más importante, en cualquier sistema, parlamentario o presidencialista. Por mi parte, planteo que tengo una información verosímil que a mí me convence». Agregó: «Yo digo que esta información es cierta. Este hombre era considerado en un lenguaje pintoresco, repito «un loquito de ideología nazi». Y ocurre que más de una vez intervino en alguna operación en la que también participó otra persona, que es conocida en el ambiente de la Marina». Korzeniak señaló que «en alguna oportunidad este hombre tuvo contactos con otro señor, un civil contratado, que creo que ahora también es reservista. Su nombre es Honorio Méndez Casariego, conocido también en la Marina por su militancia fascista. Es claro que esta persona no vino a mí un día a decirme «yo soy fascista», pero, objetivamente, es conocido por ese aspecto».
El senador socialista dijo que «el señor Méndez Casariego es hijo de un oficial importante de la Armada argentina y en el año 1997 Uruguay adquirió, en términos absolutamente regulares, una recarga de munición».
Korzeniak relató que la comandancia en esa época era del señor Young. Lo cierto es que faltaron varias cajas de ese equipamiento y se trataba de una importante recarga de munición. En total, eran dieciocho cajas; cuatro quedaron en poder del señor Honorio Méndez Casariego». Aclaró que había un expediente relacionado con esto dentro de la Armada y que «este material se usaba en forma particular, no para actividades ideológicas o como a veces se ha pensado para finalidades políticas o subversivas, sino para recarga de munición en el Club Uruguayo de Tiro y de otros tiradores que no integran dicho Club pero que también gustan de esa actividad. El señor Méndez Casariego actuó con la coparticipación de este mismo teniente de reserva, Víctor González Mernier».
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