Julio María Sanguinetti y Jorge Batlle: entre el crecimiento y el civismo
Un hecho inusual se registró en la pasada jornada en términos de presentación de candidatos por el Partido Colorado y es que dejaron de estar presentes los nombres de Jorge Batlle y de Julio María Sanguinetti como candidatos a alguna posición política por ese lema, que venían presentándose desde los años 50.
De hecho, el nombre de Sanguinetti apareció ayer en las listas de candidatos a la Cámara de Senadores, pero en puestos considerados honoríficos.
Sanguinetti, actual senador, fue electo dos veces diputado por esa colectividad política, y otras dos veces presidente de la República (1984 y 1994), mientras que Batlle también fue diputado, tres veces senador, y presidente de la República elegido en 1999, oportunidad en la que se estrenó el sistema de segunda vuelta.
Sanguinetti votó ayer al mediodía en el colegio Elbio Fernández, como es habitual desde hace muchos años.
En la oportunidad, el ex presidente aventuró que el peso electoral del Partido Colorado «iba a ser decisivo» en el resultado final de las elecciones nacionales.
Dijo también que «el Partido Colorado ha rescatado su capacidad de decisión y no hay duda de que hoy, de nuevo vuelve a ser un partido decisorio».
En las elecciones de 2004 el Partido Colorado tuvo la peor votación de su historia, apenas orillando un 10% del total de votos del país, lo que le permitió obtener apenas tres senadores y diez diputados.
Sanguinetti sostuvo ayer que parte del crecimiento se dio gracias al trabajo de la fórmula Pedro Bordaberry Hugo de León, y añadió que ahora se limitaba a cumplir con lo prometido en las elecciones pasadas sobre su trabajo y «aportando al Partido Colorado».
«En la elección pasada dije que no iba a ser más candidato a la Presidencia y que iba a seguir acompañando al Partido Colorado», recordó.
Sanguinetti, luego de votar se dirigió a su domicilio en Punta Carretas, y posteriormente se trasladó a la casa del Partido Colorado a esperar los resultados.
«Enorme ejemplo»
A su vez Batlle, que cumplió 82 años ayer, destacó que la pasada era «la jornada más hermosa que tienen todos los uruguayos».
El ex mandatario llegó al local de votación diez minutos después de las dos de la tarde. Lo hizo en el Colegio Nubarian, el mismo en el que un rato antes había votado el vicipresidenciable Danilo Astori. Batlle estaba acompañado de su nieto Gerónimo, que dijo no gustarle estas jornadas, el ex ministro de Industria, José Villar y quien fuera presidente de Antel, Gabriel Gurméndez.
Balle expresó que «el Uruguay cumple años, años de democracia (…) es la jornada más hermosa que tienen todos los uruguayos, pero es una jornada además de paz en todo el país, y de tranquilidad, lo que es un enorme ejemplo que los uruguayos damos cada cinco años, y eso es lo más grande y lo mejor. Es el mejor cumpleaños que podía tener; me han tocado muchos, pero este es el mejor».
Batlle manifestó no tener cábalas para estas jornadas, y anunció que esperaría los resultados «en la casa del partido», justo al mismo tiempo en que una de las personas que esperaba para votar comenzó a gritarle «a la cola», solicitud de corte imperativo a la que se sumaron inmediatamente una decena de presentes, por lo menos. Después de averiguar cuál de las filas pertenecía a su circuito de votación, el ex mandatario accedió a hablar nuevamente, y ante la pregunta acerca de la forma en que estaba viviendo la jornada electoral retrucó: «¿Cómo la está viviendo usted que es joven? Bien, y bueno, y yo también que soy viejo … igual que usted. Exactamente igual, como todos los uruguayos, como toda la gente que está acá» y luego agregó respecto a instancias similares anteriores «voté siempre, menos en la época del golpe militar, que no tenía ni capacidad de voto, ni derecho a voto. Cuando estuve preso me sacaron estos derechos, así que recién lo hice en el 84 cuando me levantaron la proscripción; tampoco pude votar la interna, trabajé pero no pude votar» y finalmente se negó a recordar alguna anécdota, sosteniendo que «los viejos estamos llenos de anécdotas, y la mitad las inventamos».
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