DEL VELORIO A LA EUFORIA
La militancia nacionalista había sido convocada a la hora 20.30 en las afueras de la sede de la Plaza Matriz. Poco a poco empezaron a llegar los dirigentes y también militantes y simpatizantes.
Las caras eran de preocupación, adustas y aquello parecía un velorio. En pantalla gigante se seguían atentamente los primeros datos divulgados por Luis Eduardo González y la tristeza embargaba a los blancos que observaban la eventualidad de un triunfo en primera vuelta de José Mujica, del Frente Amplio, y la posibilidad de que los plebiscitos de anular la Ley de Caducidad y de habilitar el voto epistolar pudiesen salir victoriosos.
Para peor todas las consultoras repetían lo mismo: la mala votación del Partido Nacional y hasta cuando se anunció que se difundiría una conferencia de prensa del Frente Amplio se prefirió cambiar de canal.
De pronto, los guarismos empezaron a cambiar luego de los datos difundidos por Oscar Botinelli y también se modificaron los rostros. La primer «alegría» para los nacionalistas refería a que no se lograrían las voluntades para el voto epistolar.
Y luego desataron su alegría y las banderas volvieron a flamear cuando se anunció que habría balotaje.
Por último, los blancos, que comenzaban a asistir en mayor número a la sede de Juan Carlos Gómez, exteriorizaron su beneplácito al no lograrse el voto para anular la Ley de Caducidad.
Desde los parlantes se preparaba la inmediata estrategia del Partido Nacional: se dejaba de lado todo lo sectorial, se cubría todo con la bandera nacional, se comenzaba el reparto de banderas de Uruguay y se escuchaba aisladamente el grito de «Wilson, Wilson» y de «los blancos unidos jamás serán vencidos».
Tampoco faltó el pegadizo y reiterativo «baile del Cuqui».
Sin embargo, por momentos la tolerancia faltó a la cita: a la silbatina, a la imagen de Mujica, le siguió el grito de «asesino, asesino» y el cartel «no queremos un presidente asesino».
No faltó ocasión para cantarle el feliz cumpleaños a «Pedro» (sic), para luego corregirse y aclarar que el canto era para Jorge Batlle.
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