"Nos proponemos hacer vigente lo que llamamos el derecho a la ciudad"
En el lujoso despacho del segundo piso del Palacio Municipal, se desarrolla esta entrevista centrada casi exclusivamente en temas vinculados con la ciudad: la lucha contra la exclusión social, el nuevo sistema de transporte, la relación con Adeom. Gruesos mostachos casi prusianos contrastan con una mirada transparente y cordial.
-¿Está conforme de haber aceptado el desafío de ser intendente?
-Al comienzo estaba un poco sorprendido y fue un poco vertiginoso el proceso inicial. Pero la vida de la ciudad atrapa, y el intendente termina palpitando con la ciudad, con los barrios, con la gente… y me di cuenta de que me apasionaba de la misma manera que me apasionaba con la investigación científica; hay algunos dolores de cabeza pero uno termina palpitando con la ciudad.
-¿Se puede decir que la ciudad es una sola, que Montevideo es una sola ciudad?
-Es una pregunta interesante. Yo encontraba a la ciudad fragmentada, fracturada. Ahí hay distintos factores, socio económicos por un lado, culturales por otro; el impacto de un cambio de modelo de sociedad y de país que sufrimos desde hace un par de décadas se expresa en el propio entramado urbano. Pero el proyecto de territorio que se viene construyendo desde hace ya 19 años es el de una ciudad integrada, donde hay que derribar muros, acortar las distancias entre los sectores; nos proponemos hacer vigente lo que llamamos el derecho a la ciudad, es decir el derecho a tener un lugar donde vivir. Yo entiendo que se está construyendo ese proyecto que estaba contenido ya en el programa del Frente de 1989; se va avanzando, con vientos que soplan de manera muy distinta, y la gente sigue transitando por esas avenidas que se abrieron hace 20 años.
-Durante las dos administraciones de Arana hubo énfasis en el embellecimiento de la ciudad. ¿Se puede decir que bajo su gestión se ha puesto el acento más en lo social?
-La administración frentista de Montevideo ha pasado por varios desafíos. En una primera etapa hubo preocupación por una institucionalidad diferente, tratando de acercar a la gente. Luego se va desarrollando un plan de ciudad en un contexto nacional muy particular, con dificultades de todo orden; y se diseñan grandes caminos de organización del territorio con logros muy importantes. Creo que ahora estamos viviendo una etapa de transición, una nueva etapa. Pero la respuesta concreta que le doy a su pregunta tiene mucho que ver con la mirada, cómo vemos nuestro entorno, cómo nos sentimos. Los espacios públicos cambian notablemente con la presencia de las personas, con la mirada de las personas, con el uso y el disfrute de las personas. Los espacios públicos pueden ser muy modestos o tener carencias, pero la presencia de la gente los llena, los cambia y los convierte en espacios muy bonitos. Y el espacio más bonito desde el punto de vista urbanístico, paisajístico, arquitectónico, es una simple postal si la gente es ajena a él. Yo creo que en el periodo pasado, esa relación de cariño con el espacio, en un contexto muy difícil desde el punto de vista económico, se dio de manera que nos sentíamos reflejados en esa ciudad donde no veíamos una cantidad de carencias. Apreciábamos una cantidad de logros vinculados a cómo nos sentíamos en ese momento. Hoy ha habido cambios en la ciudad, en la sociedad, cambios producidos por la propia sociedad, y lo que vemos en cada barrio de Montevideo, en cada plaza grande o pequeña, es que la ciudad está cambiando porque estamos cambiando nosotros, más allá de los árboles, del hormigón, de los esfuerzos municipales. A veces me siento como polinizando, llevando, como las abejas, de un lado para el otro, lo que veo en una punta de la ciudad y lo transfiero a otro lado. Hace pocos meses fui invitado a la inauguración de una obra, y al llegar, un grupo de jóvenes se me acerca y me dice: «¿Vio qué lindo está el barrio, intendente?»… Le confieso que me hizo temblar de emoción, pero no lo tomé como un mérito municipal, sino que la voz de los jóvenes reflejaba cómo ellos estaban viendo su entorno, a pesar de que todavía no estaban resueltos los grandes problemas del barrio. Eso refleja cómo se va afirmando el sentido de pertenencia, el sentir que un espacio es de ellos, quererlo y sentir que son queridos en ese espacio. Y eso, con matices, lo vamos encontrando en los distintos rincones de la ciudad, donde hay mucho por hacer para reconstruir el entramado.
-Creo que entre los cambios más visibles de su gestión hay que destacar el Sistema de Transporte colectivo.
-Sí, sin duda. Eso ha sido de lo más apreciado por la población. Los cambios en el transporte forman parte de un conjunto de planes. Eso era un desafío que fue acompañado por los trabajadores, por las empresas y por toda la población. Usted debe recordar episodios en que se cambiaba una parada de lugar y se armaba un lío tremendo (se ríe). No era fácil un cambio mucho más profundo como el que hemos encarado. Es un proyecto que se va procesando paso a paso, y cada paso va haciendo crujir un poco nuestras costumbres; son cambios en los mecanismos de control y de uso, en la gestión, en las formas de viaje, en la red vial con las sendas exclusivas para transporte colectivo. La experiencia de la senda en Caramurú ha sido un éxito, y está por empezar el eje Agraciada/Garzón, para el cual tenemos el visto bueno del Tribunal de Cuentas, algo que no es habitual (se ríe); después seguirán los ejes de General Flores, el de 8 de Octubre/Camino Maldonado. Al mismo tiempo nos estamos preparando para el control de los viajes con la tarjeta electrónica; en poco tiempo se instalarán tres mil refugios en las 4.500 paradas de Montevideo, las cuales contarán con toda la información sobre recorridos y horarios. Y finalmente, queda la gran tarea de racionalización de las líneas, que es uno de los pasos más difíciles; pero está en marcha. Los cambios en el transporte se inscriben en la propuesta de una ciudad abierta, más inclusiva, con el acento en los grandes espacios de encuentro de la gente.
-¿Por qué es tan cara la patente en Montevideo? El edil Gloodtdofsky sostenía que si se bajara el costo de la patente, se recaptarían los autos empadronados en otros departamentos y se equilibrarían las cuentas.
-Eso sería un pequeño componente. La situación actual, que espero que cambie con la ley que respalda lo que fue el acuerdo del Congreso de Intendentes, trae aparejada una morosidad muy fuerte en todos los departamentos, en algunos muy superior a la de Montevideo. También hay que tener en cuenta que los recursos financieros de la IMM provienen, en un 94 por ciento, de lo que recauda, y sólo seis o siete por ciento son aportes del gobierno nacional. Por eso hay que ser muy cauto en cuanto a modificar los ingresos. En este periodo no hemos aumentado la tributación; los cambios en la Contribución han sido fundamentales y han llevado a que más del 60 por ciento de la población viera disminuido su aporte. Es un sistema más racional y más justo que terminó con la situación en que una parte de la población subvencionaba a la otra. Esto motivó algunos recursos ante la Suprema Corte de Justicia pero ésta falló en contra de las acciones de inconstitucionalidad. En cuanto a patentes, hemos ido indexando los valores por debajo de los incrementos del IPC; a partir del 2008 hemos equiparado los valores a los de otros departamentos en acuerdo con lo resuelto por el Congreso de Intendentes. La rebaja se sitúa en un diez por ciento, lo que significa una reducción de los ingresos, pero esperamos seguir en ese camino. La ley que entra en vigencia el 1º de enero, cuya reglamentación está en marcha, es un paso importante para la racionalización del sistema y una herramienta para que Montevideo pueda seguir el camino de la reducción del valor de las patentes.
-Otro tema que está en la opinión pública es la relación con Adeom.
-Tuvimos un conflicto que se arrastraba desde muchos años y que terminó con un acuerdo satisfactorio para las partes. Un conflicto complejo y muy doloroso para la población de Montevideo. Luego de haber alcanzado ese acuerdo, hubo un cambio en el clima de relacionamiento y eso se reflejó notablemente en el trabajo de la institución municipal. Una institución con ocho mil trabajadores, que cubre áreas muy diversas, con problemáticas muy disímiles, lleva a tener problemas a tratar con los trabajadores sindicalizados; pero seguiremos apostando al diálogo en todas las instancias.
-¿Cómo está encarando el problema de los hurgadores?
-Estamos desarrollando unas cuantas iniciativas diferentes, con diversos actores de la sociedad civil vinculadas a la industria de la construcción. En principio se redujo el número de hurgadores en forma significativa durante este periodo. Me parece que la problemática de los clasificadores forma parte de esa sociedad que había marginado del trabajo formal a una cantidad de gente. Eso tiene impactos en la vida de la ciudad, tiene impacto en la sociedad, impactos que tratamos de resolver, de mitigar. Vemos que los caminos para revertir la situación son más lentos que lo que ha sido la instalación del problema; fíjese que en un periodo de 10 a 15 años (del 90 al 2005 aproximadamente) se multiplicó por tres la gente que pasó a vivir en asentamientos. Y la solución no es no ver, ocultar la realidad, sino que debemos ir resolviendo los problemas de fondo al tiempo de ir controlando lo que es el impacto en la vida cotidiana, en la calidad de vida de la población. En el asunto de la limpieza estamos dando una gran batalla; tuvimos muchos problemas con las empresas que no usaban los servicios regulares municipales o privados para procesar sus residuos; nos costó pero al final hemos logrado que se entendiera el problema. Tenemos fenómenos de vandalismo gratuito y no gratuito fácilmente apreciables en las calles; pero al mismo tiempo, el país ha crecido y se han multiplicado los residuos como consecuencia del mayor consumo de la gente: los residuos domiciliarios aumentaron un 50 por ciento en calidad y en cantidad en este periodo. Eso provocó nuevos fenómenos y hoy estamos buscando echar las bases de una lógica de gestión de los residuos para el Montevideo de las próximas décadas.
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