Salida de Chile de Berríos fue un operativo de "altas esferas"

El coronel Wellington Sarli, aseguró, el pasado martes, ante la Justicia chilena que el «real objetivo» de la salida de Chile del ex agente de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), Eugenio Berrios, sólo estuvo reservado «a las altas esferas chilenas y uruguayas».

«La salida de Chile de Berríos, y el real objetivo de ella sólo estuvo reservada a las altas esferas chilenas y uruguayas», declaró Sarli, ante el juez Alejandro Madrid, instructor del proceso por el secuestro y homicidio del bioquímico chileno en Uruguay, según informó ayer el diario «La Nación» de Chile.

Sarli compareció junto a los oficiales (r) Tomás Casella y Eduardo Radaelli, todos procesados y formalmente acusados por el crimen de Berríos. En la audiencia, los militares uruguayos, negaron todo vínculo con el secuestro y la ejecución de Berríos.

Los militares uruguayos reconocieron ante el juez Madrid, que el 15 de noviembre de 1992 concurrieron a la Comisaría de Parque del Plata, donde Berrios se había refugiado tras huir del chalet, propiedad de los padres de Radaelli, donde era custodiado por militares chilenos.

Sin embargo, los militares uruguayos, insisten en negar cualquier vínculo con el destino final de Berrios, ya que para ellos el bioquímico jamás estuvo secuestrado en Uruguay. Los militares reconocieron prestar «ayuda» a los militares chilenos, pero sin conocer quien era Berrios y porque fue sacado de Chile.

«Fue Casella quien me pidió la casa de Parque del Plata para llevar a Berríos por unos días. Él no me dijo quién era Berrios, a quien yo no conocía, entonces yo confié en Casella porque me dijo que Berrios, a quien nombraban como Tulio Orellana, y otro chileno, a quién conocí como Carlos Ramírez, eran conocidos suyos», expresó Radaelli ante el juez Madrid.

La crónica del matutino chileno, da cuenta además, de un posible malestar existente entre los militares uruguayos con sus pares chilenos por romper «un pacto de honor y silencio, involucrándolos en algunos episodios del caso». En este sentido, la edición del lunes de «La Nación» narra algunos movimientos desarrollados por los militares uruguayos para desvincularse del proceso.

Los tres oficiales uruguayos, dice la crónica, intentaron que ex agentes de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE) y la CNI, «cambiaran sus declaraciones en el proceso para favorecerlos y desligarlos de su participación en el secuestro y posterior asesinato» de Berrios.

Los militares chilenos se negaron, y por tanto, sus testimonios requeridos en un primer momento, fueron desestimados por la propia defensa de los militares uruguayos. El testimonio del mayor, (r) Arturo Sanhueza, y de los dos custodios de Berrios en Uruguay fueron determinantes para legitimar la participación de los oficiales uruguayos en el secuestro.

«Los (militares) uruguayos, mantienen una postura negatoria de todo lo sucedido. Pero los mandos medios chilenos comenzaron a decir la verdad. El decir, que solo las ‘altas esferas’ conocían sobre el tema, puede ser una amenaza, algo como «sabemos y podemos hablar», explicó una fuente chilena vinculada al caso, a LA REPUBLICA.

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