Voces contra la impunidad
El diálogo fluía. La campaña por la anulación de la Ley de Caducidad era el eje de la discusión, en un asado de amigos, como otros. «Tenemos que hacer algo», se dijeron como tantas veces. «El 99% no hacemos nada, pero este tema nos entuasiasmó mucho». Fruto de esa conversación nació un libro.
Marco Algorta, Carlos Tossena y Martín Peralta, promotores de la idea, y la «madrina» del proyecto Sara Méndez, dialogaron con LA REPUBLICA sobre la publicación del libro «Las palabras que llegaron», cuyo objetivo primordial es la recaudación de fondos para apoyar la campaña por la Anulación de la Ley de Caducidad.
«No teníamos nada que ver con política, si bien cada uno tiene su pensamiento, pero sentíamos la necesidad de hacer algo», expresa Tossena. «De alguna forma colaborar» con la campaña por la anulación, agrega Algorta.
«Fue una necesidad casi personal de acompañar la idea, pero no saber muy bien por qué (…) hablábamos de que tenía que haber justicia, que esta ley tenía que anularse, pero no teníamos mucho contenido para decir», reflexionó Tossena. «El tema estaba muy politizado y entendimos que no era político, era algo humano y de justicia para todos», señaló Algorta.
Campaña
«En el estadio Franzini nos recibieron cientos de jóvenes gritando: ‘Liberar, liberar a los presos por luchar’. En ese preciso momento, ni antes ni después, yo me dije: ‘Nosotros vamos a ganar’. Y por primera vez me sentí invencible» («Una manera de decir aquí estoy», de Virginia Martínez).
El libro se fue gestando. Los contactos con destacadas personalidades se sucedían en procura de lograr su participación en el proyecto. «Surgió una gran lista, enorme y muy ambiciosa» de nombres, con José Saramago incluido (ver recuadro). «Había que ponerse las pilas, conseguir los autores, hablar».
Personas de distintos espectros de la sociedad uruguaya se plegaron al proyecto y narraron sus recuerdos sobre los años del golpe. «Queríamos un mensaje desde un aspecto muy amplio de la sociedad para demostrarle a la gente que no pasa por el color de tu bandera, es un tema humanitario y de justicia, para que esto no se vuelva a repetir», indicó Algorta.
Se fueron
«Los bárbaros se fueron dicen algunos que no tanto, que siguen, ceremoniosamente solos, celebrando su guerra victoriosa sobre la subversión. Implantando orden y respeto (…) Pero se fueron. ¿Sí? Aunque los bárbaros no estén presentes, cuidate (por las dudas)…» («Los bárbaros se fueron…», de Washington Benavídez).
El libro «me aportó muchas nuevas visiones desde lo subjetivo, de las vivencias personales de otros y como todo abreva hacia ciertos ríos, que abrevan a un mismo mar de datos e información», expresó Peralta, el más joven del grupo.
«Es un libro muy disfrutable desde lo emocional», porque permite «reconstruir la historia de otros para a su vez reconstruir nuestra propia historia, porque somos producto de esa historia». «Te hace ponerte en el lugar de otro y te mueve», señaló Peralta.
Los jóvenes «somos una generación muy apática, muy desencantada», pero «en cierto momento uno tiene que hacer el click de abrirse a que uno es parte de un colectivo social». Esa característica «nos lleva a chocar con paredones, ni siquiera de silencio y negación, sino que de indiferencia: como no me pasó, no me interesa», dijo. Por su parte, Sara Méndez consideró que «la derrota en el plebiscito anterior (1989) nos marcó mucho en lo personal pero también como sociedad, hasta el día de hoy, tenemos las consecuencias. Nos marcó en el silencio, en la incapacidad de comunicarnos».
Sin embargo, la nueva instancia electoral «da la posibilidad a los jóvenes de poder expresarse y organizarse en función de esa voluntad de cambio para darle un ejemplo a la sociedad». «Tengo mis diferencias en la apreciación, creo que es un tema político, pero considero válido el planteo de que hay un campo de la sociedad en que esos temas le llegan desde el ámbito de lo sensible», señaló Méndez.
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