"Lacalle odia todo lo que pueda cuestionar su intención de poder"
Mujica explicó que el candidato blanco Luis Lacalle tiene «una estructura de pensamiento» que «es la misma» que tenía cuando era el «hombre joven» que «admiraba» y se «enternecía» con la figura del dictador español Francisco Franco.
«Poco menos», dijo Mujica, Lacalle «nos acusa de vivir en cuevas o en sucuchos porque se siente ofendido en su espíritu arrogante y aristocrático de clase poseedora, de patricio de doble apellido que siente odio permanente por aquello que le puede cuestionar su intención de poder».
«El sector más popular del Partido Nacional está derrotado, en retirada y caída», lamentó. «Nadie criticó más a Lacalle y nadie le hizo mayor cantidad de acusaciones que ese sector popular», recordó.
«Wilson Ferreira Aldunate aparece en la historia como el gran derrotado; lo han momificado: no le llevan adelante ni una de las ideas que levantó con enorme brillo en sus años de lucha», recriminó.
Lacalle «acota su patriotismo a su sentido de clase» y cree que «hay Patria si la controla su clase», y en «una actitud enfermiza» resulta ser «mucho más reaccionario que lo que parece», alertó Mujica.
«Por un momento dijo que los pobres hedían y había que mandarlos a bañar, y que había que hacer un test a los que fueran a estudiar, también dijo que no había seguridad jurídica en Uruguay y que para invertir había que esperar a que él llegara al gobierno», reprochó.
En su audición radial, Mujica se preguntó «cómo es posible explicar los afectos íntimos que Lacalle pudo sostener durante su gobierno con el presidente argentino Carlos Menem, a quien admiraba y trató de emular, o su relación con los hermanos Rohm, a los que ayudó con la venta del Banco Comercial».
Recordó que los hermanos Rohm eran «amigos de la farándula menemista, que tenían sus bancos en Argentina, y aparecieron mezclados con las ventas ilícitas de armas a Ecuador, en la ventas ilegales de oro, y en la gigantesca coima que pagó IBM para la renovación informática del Banco Nación».
Fueron «asuntos escandalosos que hicieron desfilar a Menem por los juzgados argentinos», añadió.
O «cómo olvidar su apoyo tácito al golpe de Estado de (Alberto) Fujimori», el presidente de facto de Perú, ahora implicado en largos juicios penales por numerosos actos de corrupción en su gobierno.
«La amistad» de Luis Lacalle «con (Juan Carlos) Wasmosy, (Fernando) Collor de Mello, (Alberto) Fujimori, (Carlos) Menen», criticó Mujica, «son «toda una clara definición de política exterior que colocó a Uruguay en encrucijadas de desprecio internacional».
Puso por ejemplo el caso de la irlandesa Mary Robinson, la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, «que estuvo en Uruguay y fue tratada como gringa ignorante por haber cuestionado la Ley de Caducidad».
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