Relato casi deportivo
Estas sesiones parlamentarias tienen, a decir de Homero Manzi, el misterio de adiós que siembra el tren. Son jornadas raras, apuradas, erráticas y hasta desordenadas de más.
La de ayer fue la penúltima de esta legislatura y, para colmo de males, transcurrió el mismo día en que la Selección uruguaya de fútbol debía demostrarnos que aún valía la pena abrigar la esperanza de verla discurrir nuevamente en un mundial.
Unos minutos antes de las 18 horas, instante en que la pelota comenzaba a rodar en el Centenario, el diputado Gustavo Bernini (Partido Socialista) pidió que se extendiera la hora de finalización de la sesión; lo que vale decir que se debía seguir trabajando hasta decir basta.
Ojos punzantes se clavaron en la nuca de Bernini. De hecho acusó el recibo y dijo: «vamos, ¡las leyes que nos faltan aprobar no necesitan debate!».
Entonces comenzaron a rodar proyectos aprobados con la misma velocidad que calculo tenía entonces la pelota en los pies de la «celeste», allá en el Centenario.
Hasta que Julio Fiordelmondo, diputado socialista, pidió la palabra para fundamentar su voto. Comenzó acusando al pasado gobierno blanco de desmantelar un servicio en el Puerto de Montevideo. Los herreristas levantaban las manos para retrucar como reclamando penal. Esto demandaría media hora más de sesión, por lo menos. El presidente en ejercicio, Horacio Yanes, viejo futbolero y conocedor del reglamento parlamentario, selló el incipiente debate: «diputado, no se pueden hacer alusiones». Fiordelmondo se llamó a silencio y el resto de las gargantas se llenaron de gol.
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