A EDUARDITO, ¿TA?
Hace pocos números de LA REPUBLICA Raúl Legnani nos contó sobre la personalidad de Eduardito, un niño de quinto año de la escuela «Zelmar Michelini» que esperaba ansioso que le llegara la laptop del Plan Ceibal.
En la esquina de Soca y Bartolito Mitre conoció a ese niño, sumamente pícaro e inteligente, quien mostró que sabía quién era Michelini, pero además tuvo opiniones políticas ¡está en quinto de escuela! cuando sostuvo, no falto de picardía, que no se llevaba bien con la maestra «porque yo soy del Pepe y ella del Partido Nacional».
Eduardito, un niño de palabra, se comprometió a presentarse en esa esquina, donde hay un boliche con terraza a la calle, para mostrar sus destrezas con la computadora una vez que la tuviera. Particularmente quería mostrarle sus virtudes a Alvaro Pérez, director del IMPO, el más joven de nuestra barra.
Ayer el niño apareció con la XO, la computadora portátil, pero Alvaro ya se había ido. Sherlock, que fue a espiar ese encuentro, presenció este diálogo.
No vino mi amigo dijo Eduardito.
Vino pero se fue le respondió Legnani.
Pero traje la OX, ¿te enseño? fue su respuesta.
De inmediato le explicó a Legnani que había que esperar para recibir la señal, para después apreciar distintas teclas que dejaban mareado al periodista sobre la velocidad de sus dedos.
¿Qué te parece si hablás por celular con Alvaro?
Luego de saludar a Alvaro con respeto, le hizo escuchar una música. A la vez le recriminó a Alvaro por no estar en esa esquina, a lo que seguramente recibió como respuesta que era muy tarde (serían las 14 horas). De inmediato Legnani le propuso que realizara una filmación, no sólo a él sino a uno de los mozos del bar, cosa que hizo.
Al señor tenés que preguntarle el nombre le dijo Legnani con aire de maestro y periodista.
¿Su nombre, señor? fue su reacción.
Néstor fue la respuesta.
Así que usted (el tuteo no existe para Eduardito) ¿es Néstor Kirchner? fue la contra respuesta.
Luego el niño dijo que ahora tenía que juntar 150 pesos para pagarle a la escuela por la mochila en la cual lleva la XO. Legnani le dio 100 pesos, los que agradeció sin mucha euforia, pero después recibió con los ojos bien grandes e iluminados los 50 pesos del mozo.
Cuando se retiró, Eduardito le gritó al periodista: «En unos días va a ir el Presidente, así que vamos a ser una escuela con Presidente».
Legnani levantó la mano y lo saludó. El siguió con su XO navegando entre sueños y picardías, mientras terminaba el refresco.
Ante esta experiencia profundamente humana no perdamos a Eduardito, por favor. Que no se nos escape entre las manos y mucho menos entre las tonterías ideológicas, teñidas de fundamentalismos y corporativismos.
Como sociedad, dijo Sherlock a una vieja maestra amiga, ya le dimos la XO. Pero Eduardito necesita mucho más, porque él tiene mucho para darnos a todos. Y creo que tiene que haber muchos niños como éste, que no sabemos encontrarlos y si los encontramos no se sabe qué hacer por ellos. Porque para ayudarlos no alcanza con invitarlos a tomar un refresco y comer un pancho, ¿tá?, concluyó Sherlock, sin dejar de pensar en las miserias de la campaña electoral y los hombres araña.
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