LA OTRA CAMARA

Ceibalitos, ancapianos y feligreses

¡Al fin una media hora previa del plenario de Diputados llena de ingenio, de creatividad y espíritu feligrés!

Quiero destacar unas expresiones absolutamente novedosas a las que apelaron dos legisladores de la mayoría.

Fue tal el impacto con el que rebotaron en los augustos mármoles de la sala, que me produjeron ­quizás sólo me pareció­ una conmoción. Menos mal que salí bastante bien de la intervención en una coronaria que me hicieron hace poco.

Alfredo Asti (Asamblea Uruguay), con entusiasmo y energía dignos de una cruzada libertadora, habló del Plan Ceibal, del Plan Cardales y de las políticas de Estado, según él, que se aplican para extirpar del país la marginalidad y la discriminación. Hubo un fulgor en sus pómulos, una hinchazón venosa y un halo de gnomos bendecidos se reflejó en su rostro. Fue entonces que pronunció el vocablo, digno de enriquecer alguna de esas lenguas populares que no quieren morir, como el lunfardo.

Dijo ­textual­ «ceibalitos». ¿Quién no se emocionaría hasta las lágrimas con semejante expresión de cariño, tan precisa, tan moral, en tiempos donde se han entronizado la vulgaridad, la nostalgia por lo prosaico, la hosquedad y el atiborramiento de estupidez verbal sin vuelo lírico?

No sé si por alcanzar la bocha lingüística que tan lejos había enviado su creativo compañero de bancada, Juan José Bentancor (Vertiente Artiguista) ­claro que con otro tono, otro porte y hasta con cierta timidez­, al celebrar que el cambio de autoridades en Ancap había llevado a la presidencia a Germán Riet, subió la apuesta de recreación verbal a unos límites inconmensurables. Recordando la larga militancia de Riet, su exilio, su activo regreso con la incólume voluntad del trabajador y este premio que, en realidad, santifica a toda la clase obrera, lo calificó de «ancapiano», adjetivo incunable que, a renglón seguido, no tuvo pudor alguno en adjudicarse.

Confieso que, al oír lo de «ceibalitos» y «ancapianos», observé en el recinto la expresión luminosa de muchas caras de feligreses satisfechos.

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