PIENSO Y LUEGO ESCRIBO

¿Qué hacer? Quizás lo primero fuere que usted precise qué entiende por felicidad humana. Por ejemplo salud, educación, bienestar, una vida creativa, en fin, satisfacción de las necesidades humano-racionales.

De ahí que usted aceptaría que desapareciera el hambre, las enfermedades masivas, las guerras, la delincuencia organizada, la agresión a la naturaleza, la insultante riqueza de pocos y la miseria degradante de dos tercios de la humanidad; que desapareciese la corrupción generalizada y el terrorismo de Estado y de minorías paranoicas e iluminadas. El despotismo y el autoritarismo, la represión y la impunidad de los fuertes.

No faltará quien diga que usted pretende demasiado. No se amilane.

* Octubre 1994, editorial Byblos.

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