Ex soldado dio la cara y aportó datos sobre lista de torturadores y detenidos
Dio nombre de torturadores y asistentes y hasta indicó un lugar donde podrían estar enterrados los restos de detenidos desaparecidos. Aseguró que, hasta ahora, se ha buscado en el lugar errado.
El ex militar que por más de media hora de entrevista quiso identificarse sólo como «Roberto», optó finalmente por tener el «carácter», que a su juicio no tienen los oficiales que saben dónde están los desaparecidos y niegan a los familiares el derecho a saberlo. Dio sus datos personales aunque dijo tener miedo a sufrir represalias de ex militares que no quieren que hable. Afirmó que jamás participó en torturas y que una vez fue puesto bajo arresto durante ocho días por negarse a golpear a un detenido.
Roberto Ramón Soler Castro, oriundo de Piriápolis, pero radicado ahora en Maldonado, donde trabaja, aseguró que se guardó esta historia durante más de tres décadas, pero que vivió atormentado y que varios amigos políticos del Frente Amplio, que conocían su testimonio, le pidieron que hablara. Dijo que nunca lo hizo para que nadie pensara que lo hacía por motivos políticos, pero ahora decidió hablar por dos motivos: primero, porque escuchó en la radio (en FM Gente) a gente «que habla por boca de ganso sin saber qué es lo que realmente ocurrió», y segundo, porque entiende que el gobierno está dándole ahora la oportunidad de aclarar los hechos.
«Primero, que estoy cansado de escuchar las campanas de un lado y del otro y que no se diga la verdad. Hace muchos años que estoy aguantando que se habla mal de los tupamaros, que caen soldados mal también, pero dentro de las fuerzas armadas hay mucha gente buena. Pero del otro lado también cayó gente que sin ser tupamaros fueron detenidos sin ton ni son. En los años que yo estuve fueron varios los detenidos, como Stuart, Carlos un muchacho de Piriápolis, uno que le decían el Foca, también de Piriápolis; Carlitos que era masajista de la selección de Maldonado, también sindicado como tupamaro. El maestro Policho, de Pan de Azúcar, y creo que la señora también estaba detenida en el batallón Nº 4″. Recordó que en esa época «el comandante era Moraes y era un perseguido, todo el que veía era tupamaro para él».
Consultado concretamente sobre lo que vio durante su pasaje por esa unidad, porque había asegurado que tenía mucho para contar, respondió: «Primero que el teniente al que nosotros decíamos el ‘loco’ Barrios era uno de los torturadores más grandes del Batallón de Ingenieros Nº4. La sala de tortura era… desde la… entrando… saliendo de Mayoría, por la puerta exterior que va al casino de oficiales, derecho, hay una puerta que va al cuarto de los oficiales. Sobre mano izquierda, anteúltimo de los últimos baños, había una sala de tortura con camas empotradas en el piso, caballetes y tanques llenos de agua. A una se le llamaba ‘la parrilla’, que era poner una sábana mojada abajo, esposar al detenido arriba, ponerle otra sábana sobre el cuerpo y tocar la sábana para que recibiera los shocks eléctricos y no quedaran marcas. Pero como en ese tiempo se tenía el poder de hacer lo que se quería hacer, uno como soldado no podía negarse, aunque la orden de un superior se puede negar siendo la consecuencia el arresto. Porque si lo obligan a hacer algo que está en contra de sus principios la orden tiene que ser dada por escrito.
La nómina de los torturadores
El ex soldado dijo que mucha gente lo conoce y que a todos les consta que él jamás torturó. «Uno de los detenidos era Varona, reconocido aquí en Maldonado, muy buena gente, hablo con él en la calle cada vez que lo veo. De los que estuvieron ahí todos me conocen, porque a todos les saqué la capucha para que vieran mi rostro porque no tenía nada que ocultar. La vez que me llamaron cuando estaba de policía militar para golpear a un detenido me negué y por eso me comí ocho días de sanción».
Fue aquí que mencionó a varios torturadores de la época: «Barrios, un sargento que era ayudante, un cabo que era ayudante, oficiales… Varios. ¿Querés que te dé los nombres? Te los nombro. Uno de los ayudantes era Plácido Amorín, el cabo Churi, el alférez Luque. Luego cambiaron y vino el hermano del teniente Barrios, que le llamamos ‘el cowboy loco’. Después… también se torturaba aquí en la Seccional 1ª; había el mismo sistema y estaba un primo hermano de Barrios, también llamado Barrios. Otra cama empotrada en el piso; entrando para el patio, sobre mano izquierda había una piecita abajo y había una cama donde se torturaba a los detenidos también. Lo que te estoy diciendo es todo verdad, porque si la Justicia me llama le diré la misma verdad que te dije. No tengo miedo, no tengo miedo de decir esto aquí, adelante de ellos si son detenidos, cara a cara, en careo. Cualquier cosa».
Soler Castro recordó detalles de las torturas que llevaron a la muerte a José «Pepe» Mondello, hijo de un fotógrafo de Piriápolis. «Según lo que dijeron, murió de un ataque al corazón. Yo vi la camilla y tenía demasiada sangre para un ataque al corazón, solamente que se le hubiera reventado la aorta o hubiera escupido sangre. Pero la camilla estaba justamente al lado del puesto dos, tirada atrás de la enfermería, con sangre. Esa fue la única muerte que supe fehaciente».
También aportó datos sobre la desaparición y muerte de Horacio Gelós Bonilla. «Yo estaba en la unidad en el tiempo de Gelós Bonilla. Voy a comentar lo que se hacía. El que lo castró fue un tal Rodríguez. Era negro. No voy a decir morocho porque es ofender la raza negra. El negro es negro, el blanco es blanco. Como dicen que no hay que ofender, era un negro grandote que sé que es Rodríguez, que dicen que fue el que lo castró. El nombre no lo sé, pero si pidieran los legajos de la Unidad te los mostraría a todos. Porque si la Ley quisiera, para que mostraran los legajos que están con fotografía, te podría señalar uno por uno a los torturadores de ese momento».
Asimismo, aclaró que no todos los torturadores en Laguna del Sauce eran militares, mencionó al menos a dos médicos y a policías. Los médicos, «estaban para decir ‘hasta aquí, parate porque no va a dar el cuerpo. Si lo siguen torturando va a morirse’. Era como un freno que ponían y luego le seguían dando. No había ningún problema. En ese tiempo estaban el doctor Pons y Braga, en el tiempo que yo estaba en la unidad».
Aseguró que la mayoría de las sesiones de tortura se realizaban durante la noche. «Yo, como era el sanitario de ahí y como no tenía lugar para ir, me recorría toda la unidad. Muchas veces, yendo por el pasillo para revisar los baños de los oficiales sentía que se estaba torturando a gente. Y no hay cosa peor que sentir llorar a un hombre de impotencia, estando maniatado y encapuchado. Es lo peor. Los que vimos películas entre alemanes y judíos… era algo similar. En proporción menor, pero era que uno le toma bronca a los alemanes aunque yo no tengo nada contra el Ejército Nacional, porque me dio mucho».
Reconoció que no había motivo para que se torturara sistemáticamente a los detenidos, pero subrayó que, «el militar no se justifica ante nada. Actúa, no se pone a pensar. Había algo acá, muy pocas veces en el departamento de Maldonado, por orden del comandante no se podía dejar entrar a gente del departamento. Creo que la nuestra fue la última tanda que entró, creo que fuimos dos o tres de Maldonado. Porque no era fácil lavarle el cerebro a personas que tienen contacto con gente de varios lugares. Como es una zona turística, que uno conoce, tiene otro pensar. Entonces el Ejército buscaba en ese momento gente bruta. O sea, que no tuviera pensamiento, que fuera fácil de lavarle el cerebro. Doy gracias que a mí no se me dispusiera lavar el cerebro porque no me creo inteligente, pero tengo mis principios y a la persona que tiene principio es imposible que le laven el cerebro».
También habló en otro tramo de la presencia de mujeres soldado, las que dijo, carecían de pudor más que los hombres. «Una vez se tap
ó un baño en la planta alta del casino de oficiales donde estaban las detenidas, las duchas son abiertas. Me llamaron, había una militar, una soldado, parada en la puerta, me hace pasar. Yo sentía el ruido del agua y miro el piso inundado. Llevo la sopapa, una linga para destapar y he aquí que cuando entro y voy a la ducha, todas las detenidas se estaban duchando como dios las trajo al mundo. Entonces me di vuelta para atrás y las militares se entraron a reír, y me dijeron que yo era homosexual porque no me gustaba verlas desnudas. Entonces le pregunté a ver si una de ellas estaba detenida, si le hubiera gustado que yo la viera a ella o a su madre o a su hermana, contra su voluntad». Agregó que «dentro de la unidad muchas mujeres fueron torturadas. Eso sí no lo vi. Pero todo aquel que caía como sedicioso dentro de la unidad, era torturado para saber quiénes lo acompañaban, quiénes eran los compañeros de armas. Es así, para tu sacar una verdad no te la van a decir así no más. Te torturan primero y luego te preguntan. Y te vuelven a torturar a ver si vos dijiste lo que dijiste. Y la persona torturada llega un momento que dice cosas que no son ciertas. Porque para librarme de la tortura puedo incriminar a cualquiera, al que se me antoja. Me acuerdo de Artigas y lo condeno, ¿total? Pero no es así, la tortura no es buena ni para un lado ni para el otro. Porque te saca cosas de la mente que no son verdad». Pero dijo que además de las torturas, había abusos: «Supe el caso de un alférez que, no sé como le diría, se acostó con una de las detenidas, la sobrina del coronel Prémoli y fue dado de baja. Pero porque sería la sobrina del coronel, nada más. Fue el alférez Sosa, fue dado de baja».
Reiteró no haber visto mujeres torturadas, pero narró que «estando un oficial hombre a cargo del S2, el que lleva la cabeza es el superior. Si usted le corta la cabeza a un bicho no tiene andamiento. En el ejército, la cabeza principal son los oficiales. La responsabilidad recae en los oficiales, tanto los alférez que son de la Escuela y ya pasan a pertenecer al comando y los sargentos también pertenecen al Comando General, no pertenecen a una unidad. Desde ahí puede torturar cualquiera, tanto los alférez, como tenientes como teniente coronel, como capitanes, como mayores… Eso no se sabe, pero sé que el teniente Barrios encabezaba siempre las torturas».
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