La peligrosa ambición por los cargos en el FA
Ayer fue 15 de agosto y el tema electoral, en muchos aspectos, no está resuelto. Por lo tanto la victoria de la izquierda está en peligro, por más que el doctor Luis Alberto Lacalle se haya mostrado como el mejor coleccionista de errores en la campaña electoral, que aún no se desató con toda la fuerza que aspiran los blancos, al grado de que está perdiendo votos con Pedro Bordaberry.
Este punto de vista fue confirmado por el candidato presidencial del Frente Amplio, José Mujica, quien el viernes le dijo a LA REPUBLICA: «En Montevideo la masa está bárbara, la que está flaca es la militancia. Hay mucho discutidero de listas y poca carne en la parrilla». Bingo.
Lo que dijo Mujica trasciende el debate de lo que pasa en Montevideo y lo que ocurre en el Interior, porque todos sabemos que en Montevideo se tejen las grandes políticas de alianzas y que si allí está todo trancado, se tranca el FA en el país entero.
También hay que alertar a Mujica sobre los éxitos que está teniendo con Danilo Astori en los distintos rincones del interior del país. Dicho esto porque la información que tenemos es que después de un gran acto, como los que se han hecho en el Interior en las últimas dos semanas, en los pueblos no pasa nada, se cae en la desmovilización y en el simple comentario de «lo bueno que estuvo el acto». En Montevideo un grupo de frenteamplistas realizó el pasado jueves una jornada distinta, fresca, que las llevó a colocar en un edificio más de 13 carteles con las realizaciones del gobierno de Tabaré Vázquez, mostrando que existen espacios para incidir en la ciudadanía sin la necesidad de que la gente se encierre en un comité de base, organismo que debe ser para reunir gente para lanzarla a la calle y no para encerrarse a discutir el sexo de los ángeles.
Parece que este tipo de experiencias debería ser generalizada, como a la vez se necesita que la intelectualidad de izquierda tenga su propio periplo por el territorio nacional saliendo a juntar votos, porque sólo los votos son los que permitirán conservar el gobierno, para que desde el poder se siga promoviendo un país de libertad creciente, con justicia social.
La intelectualidad es de izquierda y no hay muchos votos para ganar en ese sector de la sociedad. Pero el arte y la cultura son parte sustancial en la construcción de un clima político y cultural que le cierre el paso a la motosierra del neoliberalismo, del retroceso, del oscurantismo en el pensamiento y en el estilo de vida de nuestro país.
Uruguay, sin cultura y gobierno progresista, sólo será un amplio campo para la cría del ganado y no una sociedad de hombres libres y cultos. Si fuera así, habría que reconocer que el mundo es de los Bordaberry y los Ignacio de Posadas. Y si fuera así estaríamos aceptando un país vaciado por la emigración. Usted elige, ¿no?
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