Segundo gobierno del FA. La batalla electoral aún no está resuelta

Recorrer el Interior, influir en lo nacional

El pasado viernes la periodista Sonia Breccia entrevistó en TNU al senador Danilo Astori, quien llamó a los frenteamplistas a «desterrar los triunfalismos que anestesian y las desmoralizaciones que paralizan».

Un solo concepto con dos caras, conteniendo la idea de que la batalla por el segundo gobierno del Frente Amplio aún no está resuelta y que requiere de un «ejército» (el término es nuestro) de gente templada e inteligente que sepa abrir caminos para que las políticas progresistas sigan avanzando y aproximándose al objetivo del triunfo, el próximo 25 de octubre.

Esas palabras de Astori no fueron distantes, en materia de contenidos, a las que pronunció Esteban Valenti unas horas antes, también con Breccia, pero esta vez en 1410 AM LIBRE: «La última encuesta de Factum muestra que podemos ganar, pero también perder», dijo el ex asesor de Tabaré Vázquez cuando las elecciones de 2004.

Las encuestas en el último año están mostrando que se consolida la tendencia a que el país camina hacia un balotage, con un elemento nuevo: la posible suma de votos de los partidos de oposición al gobierno, estaría por encima del Frente Amplio, si no tomamos en cuenta los indefinidos, y que continúa siendo la primera fuerza política del país, pero sin poder sobrepasar el techo del 45%.

Esta constatación no obliga a pensar que en los próximos ochenta días no vaya a existir un cambio en la tendencia de voto del electorado, como tampoco permite sostener que ese cambio se vaya a producir.

Por todo esto es justo decir que nada está definido y que todo dependerá de la campaña electoral de todos los partidos y del comportamiento que tengan sus militantes más firmes.

 

Los aparatos importan

Las elecciones no se deciden entre los votantes más fieles de los partidos, sino entre toda la ciudadanía. Si fuera así ya habría que haberle entregado la Presidencia de la República al doctor Luis Alberto Lacalle, que fue el candidato más votado en las pasadas elecciones internas.

Pero los aparatos partidarios pueden llegar a ser fundamentales y hasta decisorios, más cuando las elecciones son muy reñidas, como lo son éstas.

Vistos los aparatos desde el periodismo, desde los medios de comunicación, no cabe la menor duda de que el Partido Nacional está mejor preparado que el Frente Amplio, tal como lo demostró en las elecciones internas. Lacalle montó un aparato eficiente que lo trasladó a la fórmula del Partido Nacional, mientras que José Mujica carece de él, por lo menos hasta ahora.

Con buen criterio Mujica y Astori no se durmieron y salieron a la cancha, recorriendo Montevideo y Canelones en una primera etapa, para ahora meterse en el Interior profundo con su recorrida «Pueblo a Pueblo».

Experiencia, por cierto, que está mostrándose como positiva, que reanima a las militancias locales y que incluso está recibiendo apoyos inesperados, en materia de cantidad de participantes.

Pero la experiencia está indicando que esas recorridas por el interior del país pueden provocar que Mujica y Astori se «encierren» en lo local y terminen perdiendo capacidad de influencia en lo que debe de ser el debate nacional.

Si las visitas al interior del país no van acompañadas por un fuerte apoyo comunicacional, la fórmula presidencial del Frente Amplio puede quedar atrapada por las preguntas de los periodistas del Interior y por las inquietudes de los habitantes de esa zona.

Incluso este problema no se resuelve solo con un aparato comunicacional eficiente, que llegue en hora con los planteos de la fórmula a los canales de televisión y a las radios de alcance nacional, sino que requiere una planificación previa que establezca que desde las distintas esquinas del país se hagan planteos, se expongan iniciativas y se realicen propuestas que influyan globalmente, en lo que debe ser la agenda que le sirve a la izquierda.

Reunir dos mil personas en Melo es un gran acto y juntar 200 en Pirarajá también lo es. Pero estamos hablando de 2.200 personas, por eso el acto de Pirarajá tiene que transformarse en centro de interés de todos los uruguayos, para que el esfuerzo de recorrer el país valga la pena.

Sin propuestas previamente definidas, sin un aparato comunicacional ágil, eficiente, moderno, que «obligue» a los medios de comunicación a tener en cuenta el discurso de la fórmula presidencial, Mujica y Astori tendrán la satisfacción de sentir el cariño de su gente, pero la iniciativa política quedará en manos de Lacalle, que sabe como hacerlo.

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