Plan Cóndor. Bolivia y Brasil también inician excavaciones para hallar desaparecidos de las dictaduras

La hora de sus cuerpos

La búsqueda de los cuerpos de las víctimas de las dictaduras que asolaron al Cono Sur en los años 70 se ha reiniciado en toda la región ante la obtención de nuevos datos en Uruguay, Bolivia y Brasil, donde paralelamente se inició un intercambio de archivos con Argentina para esclarecer los crímenes de lesa humanidad.

Mientras en Uruguay el gobierno confirmó el reinicio de excavaciones en el área del Batallón Nº 14 de Paracaidistas de Toledo, en España el diario «El País» de Madrid publicó ayer sendos artículos donde se destaca la búsqueda de víctimas de la Operación Cóndor, como se denominó a la coordinación represiva de las dictaduras militares. También en Brasil el diario «Zero Hora» publicó un informe sobre los avances en la identificación de lugares de enterramiento en la zona de Araguaia, donde entre 1973 y 1974 existieron campos de exterminio que ahora han sido identificados por dos soldados que sirvieron de guía en la búsqueda.

La Operación Cóndor se pactó en Santiago de Chile en noviembre de 1975, durante una reunión en la que participaron representantes de los servicios de inteligencia de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, a los cuales luego se sumarían Perú y Ecuador, pero la coordinación represiva se había iniciado a fines de los 60.

Se estima que durante los años 70 más de 100 mil personas murieron por esa coordinación represiva practicada por los gobiernos autoritarios impuestos en el Cono Sur bajo el auspicio de la CIA y del gobierno estadounidense.

 

Víctimas de Teoponte

En Cochabamba un grupo de antropólogos argentinos comenzó esta semana la búsqueda de restos de más de medio centenar de personas que murieron hace 39 años en las acciones contra la guerrilla en la zona de Teoponte, una pequeña localidad a 300 kilómetros de La Paz, en las estribaciones de los Andes y la región amazónica.

La corresponsal de «El País» madrileño, Mabel Azcui, recuerda que en Teoponte surgió un grupo guerrillero integrado por estudiantes universitarios que intentaron continuar el frustrado proceso insurgente encabezado por el Che Guevara en 1967, pero se estima que 58 jóvenes terminaron siendo desaparecidos entre julio y noviembre de 1970.

La guerrilla de Teoponte, en su mayoría militantes de la Democracia Cristina, tuvo entre sus víctimas a Néstor Paz Zamora, hermano del ex presidente Jaime Paz Zamora (1989-1993), quien pudo recuperar su cuerpo. Los guerrilleros fueron enterrado en 19 sitios que ahora han sido identificados.

Antropólogos argentinos ya trabajaron en Bolivia en la recuperación del cuerpo del propio Che Guevara y en la identificación de 13 cadáveres de personas que fueron ejecutadas durante la dictadura encabezada por el general Hugo Banzer Suáres (1971-78), uno de los asociados al Plan Cóndor.

La búsqueda de 156 desaparecidos bolivianos se volvió a impulsar luego de una huelga de hambre protagonizada en mayo por familiares de las víctimas, quienes lograron que las Fuerzas Armadas accedieran a abrir archivos confidenciales para encontrar los restos en la medida que demuestren un «legítimo interés respecto a la información» archivada.

 

Masacre de Araguaia

En Brasil, dos guías del ejército identificaron la semana pasada un lugar denominado «Clareira do Cabo Rosa», considerado uno de los más simbólicos campos de ejecución de los guerrilleros de Araguaia, donde se estima que más de 40 militantes del Partido Comunista do Brasil fueron exterminados en 1974.

Según un artículo publicado el lunes 20 por «Zero Hora», los ex soldados José Francisco Pinto («Zé da Rita») de 70 años y José María Alvez Pereira («Zé Catingueiro») de 72 años, aceptaron volver luego de 30 años de silencio al lugar donde fueron ejecutados los guerrilleros cuando ya habían sido hechos prisioneros.

El lugar señalado es cercano a las fazendas «Rainha do Araguaia» y «Cabocla», a 28 kilómetros de la ciudad de Brejo Grande do Araguaia, al sur del Estado de Pará. Los dos soldados no habrían participado de la ejecución, pero sólo aceptaron hablar al sentirse liberados de un pacto de silencio con los oficiales al mando de aquel operativo.

La «Masacre de Araguaia», como se identifica al episodio, constituyó la aplicación directa de los manuales de contrainsurgencia estadounidenses y franceses contra un movimiento armado que surgió en Brasil luego del golpe de Estado que en 1964 derrocó al presidente Joao Goulart.

El grupo armado, compuesto por estudiantes reprimidos por la dictadura, había logrado contrarrestar dos ofensivas militares del gobierno, pero terminó capturado cuando el régimen comenzó a torturar a los campesinos de la floresta que simpatizaban con los insurgentes. Los detenidos fueron fusilados y enterrados en la zona.

 

Coordinar la verdad

El comienzo de una coordinación por la verdad, en una suerte de nueva «Operación Cóndor» entre los gobiernos democráticos latinoamericanos, queda planteada, paralelamente, en el intercambio que iniciaron días atrás el Archivo Nacional de la Memoria de Argentina y el Arzobispado de San Pablo en Brasil.

Un artículo de Alejandro Rebossio desde Buenos Aires para «El País» de Madrid, explica que los archivos del arzobispo de San Pablo, Evaristo Arns, a quien recurrieron entre 1977 y 1983 familiares de las víctimas de desaparición en Argentina, fueron enviados al Museo de la Memoria creado por el presidente Néstor Kirchner.

El arzobispo Arns fue una cobertura de la labor desplegada entonces por la organización Clamor (donde trabajaba Zilda Arns, hermana del prelado), que fue una de las primeras organizaciones no gubernamentales en realizar denuncias sobre las desapariciones forzadas de las dictaduras militares.

El material aportado por Brasil se incluirá en las causas judiciales contra los represores que se vienen realizando en Argentina e implicó un giro de la Iglesia católica argentina (colaboradora de la dictadura) en el tema, ya que los archivos fueron obtenidos por mediación del propio arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio.

Clamor fue la organización que denunció en 1976 la aparición en Valparaíso, Chile, de dos niños uruguayos abandonados, Anatole y Victoria Julien, cuyos padres fueron secuestrados en Argentina en el marco del Plan Cóndor. El cuerpo de su madre, Victoria Grisonas de Julien, podría ser uno de los que se encuentran en el Batallón Nº 14 de Toledo.

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