LA COLUMNA DE SHERLOCK
LACALLE, ¿EL ADMIRADOR DE FRANCO?
El correo comenzó a circular días pasados como reguero de pólvora en medios electrónicos de dirigentes políticos frentistas. Ayer, el email tenía características de torrente desbordado de su cauce, cuyo contenido fue escrito hace años por el actual candidato del Partido Nacional. Corría 1963 y el joven Luis Alberto Lacalle, posteriormente ex presidente de todos los uruguayos y actual presidenciable, publicaba su primer libro ¿o el último? «Trasfoguero», editado por Talleres Gráficos Donostia.
Uno de sus capítulos fue «Un jefe», que por cierto no hablaba de su abuelo, Luis Alberto de Herrera, sino de Francisco Franco, el dictador de España, el aliado de Benito Mussolini, el cruel asesino de los republicanos en su país.
Veamos el capítulo referido, según los miles de correos electrónicos que hoy recorren el espacio cibernético de nuestro país y del mundo.
Lacalle, el del bastón republicano de Wilson Ferreira Aldunate, escribió lo que sigue. Vale la pena leerlo completo. ¡Anímese!
«Verle, para nosotros que tanto habíamos oído hablar de él a los nuestros, fue algo muy especial.
Con un poco de atrevimiento y mucha esperanza, habíamos solicitado la correspondiente audiencia. Concedida esta, parecía que nunca iba a llegar el día indicado, hasta que, por fin estábamos entrando al Pardo.
Llegábamos con retraso para ver a la famosa guardia mora que nos fascinara de chicos con mil y una historias. Correctos guardias con un uniforme bastante común hacían sus veces. Salones y más salones entrevistos al pasar. Una breve espera junto al Marqués de Casa de Loja, y no tardaron en abrirse las puertas del despacho donde de pie y con mirada impenetrable esperaba Francisco Franco Bahamonde, jefe del Estado Español, en pocas letras «el caudillo», nombre con el cual se le designó siempre en casa. De mediana estatura, vestido con castrense sencillez y elegancia. Su uniforme con banda roja de capitán general a la cintura y en el pecho una sola condecoración. Una sola, pero suficiente para eclipsar a todas las del mundo: la laureada, la de los sobrevivientes, la de los casi inmortales !
Pocos hombres han sido traídos y llevados en el comentario del mundo. Pocos hombres han gravitado tanto en la escena del mundo. Pocos han tenido tan larga parte en los planes de la Providencia.
En la vida, en la historia como toda cosa humana, la cifra es el hombre. Ideas, teorías, y planes se reducen a la unidad hecha a imagen y semejanza de Dios. El jefe, el conductor, el caudillo, eternos en el tiempo, son la sublimación de hombre sin perder por ello su esencial carácter de ser vivo y real. El que no concibe o no comprende la figura de un jefe, carece de un elemento primordial para juzgar los hechos. La raza latina es generosa en figuras enormes. En figuras que sin perder la dimensión de mortales, dejan en el paso del tiempo estampada su huella de manera particularmente imperecedera. Antes de conocer a Franco conocíamos ya un Jefe. El nuestro de ayer, de hoy, y de siempre. El caudillo de España era el segundo. Bastó que sus ojos claros miraran con profundidad para que lo comprendiéramos».
– Chim, pum, fuera, si el correo no miente, dijo Sherlock, y adelantó que está dispuesto a darle a Lacalle, todo el espacio que necesite para desmentirlo, si fuera necesario.
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