Como el avestruz. "Parece que los uruguayos no queremos darnos cuenta"

Mujica: la fractura social como desafío de carácter estratégico

«La cultura de los pobres cada vez se resigna menos y quiere participar de la fiesta de la vida», dijo.

En su audición diaria por M24 Mujica explicó que «la división social es hija de un largo proceso social y económico». «Tenemos que hacernos cargo sin cruzarnos de brazos», reclamó el candidato frentista.

«Habría que remontarse a los tiempos en que Végh Villegas se sentó en el Ministerio de Economía» para establecer «un punto de arranque», acusó el candidato, para quien «la fractura social se aceleró durante toda la dictadura».

El contador Alejandro Végh Villegas, recordó Mujica, «comenzó su obra» en la dictadura cívico-militar «y se comenzó a dibujar una cruda diferenciación que ya tenía sus antecedentes», pero que se agravó por «la pérdida de poder adquisitivo del salario real» durante el período dictatorial.

No obstante, Mujica recordó que el demócrata cristiano Juan Pablo Terra había advertido, ya antes de la dictadura, el fenómeno de fractura social que derivó en lo que llamó «la infantilización de la pobreza».

«Más del 50% de los niños uruguayos nacen en los hogares más pobres», afirmó Mujica, en base a estudios sociológicos. «Basta caminar por los barrios más pobres», dijo, «para ver salir bandadas de gurisitos que nos están gritando, con su sonrisa; en pocos años serán ellos la fuerza activa».

El candidato indicó que apenas un 4% de los egresados universitarios proviene de hogares pobres. «El otro 90 y pico por ciento de los universitarios que se reciben cada año proviene de los otros estamentos de la sociedad», cuestionó Mujica.

El candidato señaló que la pobreza se agravó con la crisis de 2001 y elogió las políticas sociales del gobierno progresista de Tabaré Vázquez. Sin embargo, criticó: «Parece que los uruguayos no queremos darnos cuenta de que revertir la fractura social es el mayor desafío estratégico».

Mujica comentó que la fractura social es un obstáculo para el

desarrollo nacional. «Una sociedad no puede contener dos mundos antagónicos porque es un viaje en común. Hay que empezar por reconocer, con inteligencia, que lo que más le conviene a los sectores desahogados es que Uruguay pueda elevar la calidad de vida de la gente pobre, castigada, que tiende a quedar al costado del camino».

El candidato negó una vez más que la situación se reduzca a un falso antagonismo entre La Teja y Carrasco. «¡Vaya si precisamos que Carrasco entienda que le va la vida en transformar en causa y destino la promoción de los pobres para que sean menos pobres y para que el conocimiento no sea discriminatorio!».

«Ya no estamos en la época de ‘Obreros y Estudiantes Unidos y Adelante’. Eso es historia», advirtió. «Estamos en una época donde hay anestesistas que tratan de ganar entre 10 mil y 15 mil pesos por día».

El precandidato subrayó que «parte de los recursos para enfrentar y resolver la fractura social están en la cabeza y en el alma de la clase media y cultivada, aquellos que han podido tener otros horizontes» y por lo tanto «son esenciales para dirigir la economía y la sociedad».En tanto, señaló, la gente excluida «existirá y desarrollará su sistema civilizatorio, y continuará su lucha por la vida, y engendrará sus propios valores en su peripecia y de alguna manera estará presente a la hora señalada, y siempre será una interrogante de reclamo». «La fractura social», resumió Mujica, «es contraria al equilibrio social, a la vida armoniosa, y es un error de carácter estratégico», porque «ya se fue la época de la resignación», y porque «ya no encaja la explicación de que pobres siempre hubo». «La globalización vino con un cambio cultural», significó el candidato, para quien «no hay que alarmarse ante los reclamos de los pobres: hay que alarmarse porque la demanda tiende a caminar por destinos fracturados si no se encausa».

La atracción que ejerce la sociedad de consumo sobre los pobres y sus «destinos fracturados» es «una presión que inducirá a vender pasta base y a vivir de cualquier manera» porque «tiene más valor la incitación de la mercadería que la cultura de los valores».

 

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