Escrito por: Julio Guillot

Firme baluarte del Larrañaguismo, polemista implacable, Carlos Moreira exhibe, no obstante, un estilo afable. Me recibe en su despacho del edificio anexo con una vista formidable de la bahía de Montevideo con su clásica expresión sonriente.
Usted es de las espadas más incisivas de Alianza Nacional en el Senado.
(Se ríe) Sí, siempre intervengo porque me gusta la polémica y trato de estudiar los temas. No me gusta estar de maniquí, de figurita de yeso. Anoche estuve con Gonzalo Fernández en una recepción en la Embajada de España y le dije “che, tenemos que seguir el debate sobre seguridad, porque quedó inconclusa la cosa, ¿no?”.
¿Cómo es la relación con sus pares del oficialismo?
Muy buena. No tengo problemas con nadie. Al margen de los debates que a veces son acalorados, el trabajo en comisiones hace que uno esté en contacto permanente con los otros legisladores. Es muy civilizada la convivencia en el Senado; tal vez no sea así en Diputados.
Bueno, pasando a otro tema. ¿Cómo vivió el resultado de las internas? ¿Sintió frustración?
A nadie le gusta perder, ¿verdad? Nosotros fuimos derrotados en las urnas, pero hubo una contrapartida reconfortante que nos ayudó a asimilar la derrota: la alta votación del Partido. Y después, la sesión del Directorio. A pesar de que se dice que fue una cosa programada, fue absolutamente espontánea. Yo estaba con Larrañaga y otros senadores cuando Lacalle lo llamó, y no hablamos ni una sola palabra del posible acuerdo para la vicepresidencia, ni aún cuando nos dijo que Lacalle quería hablar con él; pensamos que iban a hablar del mensaje que pensaban dirigir más tarde pero no del acuerdo. Así que fue una decisión absolutamente personal de Larrañaga. Y me parece correcto que sea así, porque miro lo que pasa en otras tiendas, con esos eternos intermediarios que van y vienen llevando y trayendo mensajes, que no hacen sino entorpecer la solución definitiva.
Larrañaga ha reclamado para sí ser el centro del espectro. En cambio Lacalle no es el centro, ¿o sí?
Yo creo que hay diferencias de estilo, que provienen de ver el país desde ángulos diferentes; uno desde el interior profundo y otro con una mirada desde la capital, más macro. Lacalle ha tenido una evolución, antes creía mucho más en las leyes del mercado sin regulaciones; en cambio Larrañaga cree que en algunas áreas el Estado debe intervenir, subsidiando a los sectores que lo necesitan.
¿Y usted piensa que Lacalle ha asimilado algunos de esos conceptos?
Creo que sí. Además, habrá que llegar a algunos entendimientos, porque ahora vamos a tener que hacer una propuesta programática en común y va a haber que hacer concesiones recíprocas, como en cualquier transacción. Tenemos algunas diferencias en materia de seguridad pública, pero en esencia y más allá de las propuestas concretas (bajar la edad de imputabilidad o la guardia nacional), estamos todos de acuerdo en que hay que restablecer el principio de autoridad que hoy en día está dejado de lado. Le ha costado mucho a este gobierno de izquierda entender cómo son los temas de seguridad y el relacionamiento del Instituto Policial con la sociedad. Hay que tener una actitud mucho más firme con ciertas manifestaciones de la delincuencia y con el surgimiento de conductas violentas. Es un poco la desconfianza tradicional de la izquierda hacia los institutos armados que les impide ver dónde está el justo término en esa materia. Creo que en eso nos vamos a poner de acuerdo con Lacalle. Yo no creo que bajar la edad de imputabilidad tenga consecuencias, porque en definitiva responsabilidad penal juvenil hay, privación de libertad para los menores hay; lo que pasa es que no se cumple. El INAU es un caos, los chicos entran y se escapan al día siguiente.
Dígame una cosa, ¿usted no nota una mejora con la gestión de Tourné? Yo noto una mayor eficacia policial.
Sin duda ella reaccionó. Pero yo tengo mis dudas, porque este observatorio de violencia y criminalidad está marcando una relativa estabilidad de ciertas formas delictivas: los hurtos están ahí, no han variado demasiado, pero lo que está en constante aumento es la rapiña, que es el delito que causa más alarma. También está la presencia de la droga que lleva a que las modalidades delictivas sean cada vez más cruentas. En estos meses he notado un avance en la lucha contra la pasta base, que ha sido muy ineficiente en estos años, porque permitió el crecimiento de las pequeñas “empresas familiares” que comercializan la droga. Y eso se puede desbaratar fácilmente.
Sin embargo, hay que reconocer que se han asestado golpes al narcotráfico.
Sí, eso hay que reconocerlo. La organización de Guarteche, la Brigada Antidrogas, ha funcionado muy bien. Creo que donde se ha fallado es en el combate al pequeño comercio, y esa es la causa de la mayoría de las conductas delictivas de los jóvenes. Exhiben un comportamiento de extrema crueldad, están alucinados, están volados y hacen cualquier cosa. Ahí hay que ser muy duro. Me parece que en lo que se falla es en la prevención, y la prevención no es otra cosa que mayor presencia policial; patrullajes, más policías en la calle, eso disuade.
Tal vez eso resulte más disuasivo que las soluciones legislativas como aumentar las penas…
No tenga dudas. El rapiñero no lee el Código Penal, no se pregunta cuánto tengo por hacer una rapiña, pero lo que sí sabe es que si hay policía en la calle, lo van a agarrar, lo van a cascar, y lo van a meter en cana; entonces no roba. Por eso nosotros proponemos la Guardia Nacional. Fíjese que han ingresado muchas mujeres a la Policía, y por lo general las mujeres tienen mejor formación académica que los hombres, pero no pueden patrullar el barrio Borro o el Cuarenta Semanas. El llenado de vacantes de guardias penitenciarios ha sido un gravísimo problema; el sistema carcelario está absolutamente colapsado, con un alto grado de corrupción, y no rehabilita a nadie. Son viejos males que se han agravado. En los grandes establecimientos carcelarios hay una reincidencia del 67 por ciento, y eso atenta contra una sociedad segura. Los delincuentes están reciclándose permanentemente. Lo que hace el sistema es perfeccionar a los delincuentes. No hay más remedio que construir más cárceles y enseñarles a trabajar.
Está claro. Hay otro tema que seguramente va a estar en la campaña electoral: la política impositiva. Ahí hay una diferencia con Lacalle, porque él habló de eliminar el IRPF.
Nosotros pensamos, no en eliminarlo sino en mejorarlo. Sí pensamos en eliminar el IASS pero mejorar el IRPF con gradualidad, porque nadie puede ser tan tonto de pretender eliminar el IRPF ya que no tendríamos con qué pagar el presupuesto; no olvide que este impuesto recauda 600 millones de dólares, en cambio el IASS significa 80 millones que se pueden absorber. En cuanto al impuesto a la renta, estaba en nuestra propuesta de gobierno pero no como éste sino un verdadero impuesto a la renta líquida. Instrumentar un sistema de impuesto sobre la renta neta no es tarea de dos días, y habrá que conversar porque si no, vamos a tener que subir dos o tres puntos de IVA, y no creo que eso sea buena cosa. Nuestra propuesta, la de Alianza Nacional, es establecer deducciones, establecer el núcleo familiar como figura central del sistema impositivo; creemos que la familia debe ser el centro desde la óptica de la DGI, porque si es lo mismo ser soltero que tener siete hijos, yo quiero una sociedad de solteros (se ríe). Tengo que considerar los gastos de educación, de manutención, de la vida diaria.
Ya que hablamos de consensos, ¿qué pasó cuando se instaló el gobierno actual, que fracasó el int
ento de integrar los entes?
Tuvimos problemas con la ANEP y con el BROU; se nos había dicho una cosa y luego Astori condicionó una mayoría para el BROU con lo que el acuerdo original no se cumplió. Entonces, nosotros sentimos que el gobierno no cumplía su palabra y resolvimos no integrar ningún organismo. Creo que ahora vamos a tener que extremar cuidados de modo que quien sea vencedor les dé a los vencidos el papel de contralor, que es fundamental, para que no pasen ciertas cosas que pasaron. Es muy bueno que la oposición esté controlando desde dentro, porque también es una forma de asumir un compromiso. En fin, hay que esperar el resultado de la elección, porque si llegamos a un empate virtual y hay segunda vuelta, los acuerdos son imprescindibles; fíjese que tendremos un Parlamento sin mayorías absolutas, y eso exige el diálogo, diálogo que le faltó a este período. Me parece que el Frente, viéndose con esa mayoría absoluta, cometió errores y le dio para adelante a cosas que no debía, y eso a veces exacerba el ánimo opositor de los que están del otro lado, que dicen “no me llevan el apunte en nada, entonces no les voto nada”, aunque les hemos votado muchas cosas… El muro divisorio no sirve para nada; es mucho mejor que nos peleemos pero que discutamos aunque sea duramente. Este gobierno tuvo demasiada arrogancia; el resultado electoral de 2004 le dio una arrogancia que no es buena. Y esa arrogancia es propia de Astori, que en este momento está pagando el precio de su arrogancia, de su soberbia, de creerse que se las sabía todas, y la gente lo castigó por eso.
¿Usted, con cuál de los dos cree que es posible llegar a acuerdos, con Mujica o con Astori?
Creo que Mujica es un hombre con mayor capacidad de diálogo que Astori, y lo ha demostrado. No hay más que ver su propio estilo personal; Astori no es un hombre fácil. Recuerdo que cuando lo interpelé por Pluna, parecía un dios bajando del Olimpo; habló al final de la interpelación, dijo tres cosas que no tenían nada que ver, que estábamos afectando las instituciones… Un arranque de soberbia fenomenal siendo que él había sido responsable de todo lo que se había hecho en Pluna.
La izquierda, tradicionalmente, ha hecho hincapié en atacar las causas de la delincuencia más que en aplicar medidas represivas.
Yo estoy de acuerdo. No hay otra forma de terminar con la delincuencia que atacar las causas, que son muchas, que no es sólo la pobreza; pero el ministro del Interior tiene que atacar las consecuencias más que las causas. Yo siempre le decía a Díaz “usted no es un sociólogo, usted no es el ministro de Desarrollo Social, usted es el ministro del Interior y tiene que mantener el orden y dar tranquilidad pública”. El ministro del Interior tiene que prevenir, tiene que disuadir, tiene que reprimir. Díaz, que es un caballero, tenía aquella famosa teoría del mal menor cuando salía aquel grupo de Fogoneros a romper vidrieras, y yo digo, y si sale un comerciante enojado y le pega diez tiros a un muchacho, ¿ese es el mal menor? Hay un código que votamos todos y que es un muy buen manual de procedimiento policial, y que hay que aplicar rigurosamente.
¿Fue correcta la decisión de Larrañaga de aceptar la vicepresidencia?
Fue un acto propio de un caudillo que se siente seguro de las decisiones que toma. Hay decisiones que las tiene que tomar el candidato; estoy absolutamente de acuerdo con la forma en que lo hizo. Fue, además, un acto de grandeza porque por cierto su espíritu no estaba muy alborozado que digamos… Pero, en definitiva, todos nos sentimos con una polenta y unas ganas brutales para encarar la campaña hacia octubre, porque vemos que el Partido tiene posibilidades reales de llegar al gobierno; estamos decididos a salir a comernos la cancha.
¿Se siente más cómodo en el Senado que en la Intendencia de Colonia?
No necesariamente, porque yo en mi vida política he hecho varias cosas: estuve en el Ministerio del Interior, fui intendente por dos períodos y ahora estoy en el Senado. La tarea de intendente tiene un contacto muy estrecho con la gente, por eso el interés de la gente por el gobierno departamental es mucho mayor en el Interior que en Montevideo.
¿Usted no había sido diputado antes?
No, fui suplente. En la elección del 89 perdí una banca por 14 votos y me llamaron para ser subsecretario de Interior. Pero la suplencia de diputado fue en el 85 con el movimiento Por la Patria, fui suplente de Porras Larralde; y fueron pocas las veces que actué, pero me gusta esta tarea, estoy a gusto.
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