Jorge Brovetto. Del Rectorado de la Universidad a la Presidencia del Frente Amplio

La imparcialidad y la ecuanimidad para mantener un delicado equilibrio interno

Previendo que esta entrevista se publicaría bajo la vigencia de la veda electoral, omitimos deliberadamente tratar asuntos que podrían infringir la norma.

Nos abstuvimos, pues, de mencionar nombres de precandidatos así como toda referencia que pudiera interpretarse como una exhortación a votar de determinada forma. No obstante, entendiendo que la prohibición se refiere sólo a propaganda electoral, consideramos que no está prohibido reflexionar sobre temas políticos. Durante la campaña hacia las internas, Jorge Brovetto no tomó partido por ninguno de los tres precandidatos ya que su función ha sido la de preservar la unidad observando una absoluta imparcialidad.

­¿Le costó mucho mantener esa imparcialidad?

­No es fácil en el sentido de que uno tiene su decisión tomada. Pero tengo mucha experiencia en mantener imparcialidad, ecuanimidad y equilibrio porque el solo hecho de la convivencia cotidiana en el Frente nos obliga a la búsqueda de los consensos, como decía Seregni. Y el primero que tiene que consensuar es el propio presidente. Por otro lado, en mis actividades previas vinculadas con la gestión y la política académica, ha sido siempre necesario ser imparcial, o tal vez más que imparcial, ser ecuánime. Eso ha sido así en el gobierno universitario y también en la conducción internacional de organizaciones universitarias.

­¿A qué se refiere cuando habla de organizaciones universitarias internacionales?

­Siendo rector, creamos la Asociación de Universidades Grupo Montevideo, integrada por las públicas de Uruguay, Brasil, Argentina y Paraguay, a las que se sumaron otras, y actualmente son más de 20. Yo fui el secretario ejecutivo de esa Asociación que ha tenido una trascendencia muy grande en el ámbito internacional, incluso fue tomada por la Unesco como ejemplo de estructura de asociación universitaria abocada al tratamiento de asuntos académicos y también de política universitaria. La idea surgió en mi despacho, junto con el rector de la Universidad de La Plata, y el 5 de agosto del 91, el mismo año en que nació el Mercosur ­pero con independencia del bloque­ nació oficialmente la asociación. A partir de ahí tuvo una gran repercusión internacional porque lideró las transformaciones en la educación superior de América Latina, que fueron tomadas luego en la Conferencia Mundial de Educación Superior de París en la Unesco.

­Ultimamente se habla mucho (incluso el actual rector habla de ello) de la necesidad de revisar la Ley Orgánica.

­La posibilidad de cambiar su Ley Orgánica se viene manejando desde hace más de diez años. ¿Por qué no se cambió antes? por el temor de que las mayorías que tenían los partidos tradicionales en el Parlamento pusieran en peligro algunos valores fundamentales de la ley universitaria como la autonomía bien entendida y el cogobierno. Los cambios que se proponían estaban vinculados con el funcionamiento de algunos de sus órganos; algunos pudieron ir corrigiéndose sin cambiar la Ley Orgánica, otros requieren cambios en la Ley, como el funcionamiento de los claustros. Me parece positivo proponer esos cambios necesarios cuando tenemos un gobierno que no va a poner en peligro los principios fundamentales de la Ley Orgánica.

­Recuerdo que siendo usted rector se planteó la posibilidad del pago de matrícula y que fue usted uno de los pilares de la oposición a esa iniciativa.

­Sí, es una visión mercantilista de la educación. Para que usted vea en qué línea se orienta ese tipo de temas de considerar a la educación como una mercancía, pensemos que si aplicamos ese criterio, podemos llegar a uno de los disparates mayores que se habían cometido en los organismos internacionales en los últimos años, que era incluir la educación en el acuerdo general de comercio de servicios de la OMC, de tal manera que la orientación de la educación iba a estar controlada por un organismo comercial, al extremo de poder sancionar a un país por no cumplir alguna de las disposiciones establecidas por la OMC en materia educativa. Desde la Asociación de Universidades tuvimos el liderazgo en el enfrentamiento a esa política. Primero en la Conferencia Regional de Educación Superior de la Unesco en América Latina, donde fui el relator general, y después llevamos esa propuesta a París en el 98 y obtuvimos el apoyo de América Latina, de Africa, de Asia y de muy buena parte de las universidades europeas e incluso de las universidades estadounidenses, que comprendieron que eso era la muerte de la autonomía académica de las universidades. Aclaro que la educación tiene un costo, vaya si lo tiene, y por eso este gobierno ha multiplicado el presupuesto de la educación. Pero eso no quiere decir que sea algo que se compra, del mismo modo que si usted necesita un coche, lo compra y es suyo y tiene derecho a usarlo de acuerdo a su interés. La educación es un bien colectivo porque a nosotros como gobierno nos interesa que todos los jóvenes del país desarrollen al máximo sus capacidades intelectuales. Por supuesto que va a ser en mejora de su condición personal, familiar, pero también a favor de toda la población, porque si tenemos mejores médicos, tendremos mejor salud; si tenemos mejores arquitectos, tendremos mejores construcciones, etcétera. Va mejorar todo el país y seremos más competitivos en aspectos económicos.

­Está claro. Pero hay un argumento que usa la oposición, según el cual, si no hay pago de matrícula, es toda la sociedad la que está pagando los estudios de los jóvenes de clase alta y media alta. ¿Qué responde usted?

­Primero le digo que con ese mismo criterio, los escolares de clases altas también tendrían que pagar. Pero hay un estudio hecho con el Banco Interamericano de Desarrollo sobre la población universitaria, que demuestra que la composición del estudiantado universitario de la Udelar representa exactamente al que sale de la Enseñanza Media, es decir que el filtro se produce antes; no es en el ingreso a la Universidad que se produce la bifurcación, sino que se produce fundamentalmente en Secundaria o incluso antes: los que no superan la Educación Primaria, los que quedan por el camino en Secundaria. No quiero decir que el sistema educativo no sea inequitativo, por esa razón fue que propuse un cambio del sistema educativo ya en la campaña electoral anterior, y fue la razón de ser de la Ley de Educación. Con eso la totalidad de los jóvenes estarán en condiciones de acceder a la Educación Terciaria (que no es necesariamente universitaria), de tal manera que les demos las posibilidades de aumentar a 16 ó 18 años de educación a todos los jóvenes uruguayos. Ese es un objetivo que ha abierto este gobierno con la Ley de Educación, con la mejora presupuestal y, por supuesto, con el buen relacionamiento entre la ANEP y la Universidad.

­Volviendo al Frente, hay una tendencia a señalar algunas fallas de funcionamiento. ¿Cómo lo ve usted?

­Sin duda, hay una estructura que quizá no se adapte a la situación actual. El futuro de las instituciones depende muchísimo de su capacidad de flexibilidad y adaptación a las nuevas circunstancias. Ahora que somos gobierno, hay una miríada de actividades y temas que funcionan a diario en todos los ámbitos del gobierno. En tales circunstancias, no se puede pretender que la fuerza política esté en todo durante todo el tiempo. Hay que marcar el rumbo y cuidar que el rumbo se mantenga. Yo estaba justamente en el medio, como integrante del gabinete y como presidente del FA. La cuestión era cómo asegurar gobernabilidad sin divorciar al gobierno de la fuerza política. Por eso, en uno de los plenarios, después de haber sido reelecto presidente, planteé la creación del Secretariado como un órgano ágil para poder trabajar sobre temas políticos del momento y la conformación de un grupo de asesores en temas importantes. Es
to último no se ha concretado, pero hoy existe un Secretariado que se reúne semanalmente y que responde a ese planteo que usted me hacía. El Partido no debe ser una adyacencia al gobierno pero tampoco una piedra en el zapato, sino simplemente un lugar de discusión.

­ También se señala que los temas importantes no se discuten en las bases.

­Hemos recibido críticas del funcionamiento de la estructura de bases. Pero hay que tener en cuenta que ha cambiado la forma de vida del ciudadano. Pedirle al militante que asista regularmente a su comité de base y que esté todos los días dispuesto a debatir los grandes proyectos como las grandes reformas que hemos llevado a cabo, o si se envían tropas a Haití o no, es un tanto ilusorio. Creo que hay que mantener la estructura de base pero no podemos exigirle que estén en todo; creo, también, que la participación de las bases en los organismos de conducción es necesaria, pero hay que revisar todo eso, en busca de formas más democráticas y más equitativas de participación.

–¿Cómo fue su vinculación con la estructura dirigente del FA?

–Cuando dejé el rectorado, Seregni (con quien tuve siempre una excelente relación) me llamó y me ofreció empezar a trabajar en su equipo, y yo le contesté que si aceptaba un cargo en la estructura frentista inmediatamente de dejar el rectorado, le iba a hacer mal a la Universidad porque podrían decir, «ah el rector era frentista y el Frente lo manejaba». Tiempo después, casi cuatro años, Tabaré me ofreció la vicepresidencia y acepté.

 

MILITANCIA  ESTUDIANTIL

­¿Cómo empezó su militancia?

­La militancia fuerte empezó en 1951, cuando entré a la Facultad y, ya en primer año, fui delegado a la Asociación de Estudiantes de Química. Durante mucho tiempo entendía que los dirigentes universitarios no deberíamos tener participación y filiación política clara porque ello dificultaría el buen funcionamiento del gremio. El gremio no debía tener color partidario. Fíjese quiénes eran los compañeros en esa época: en la FEUU estaban Mariano Arana, José Díaz, Reinaldo Gargano, José Claudio Williman (que era un poquito mayor), Mingo Carlevaro; pero en aquel momento no actuábamos mandatados por un partido.

 

Confianza en la militancia

–Desde hace un tiempo se señala una merma en la actividad militante. ¿Qué opina usted?

–Recuerdo que cuando me integré a la Vicepresidencia, hablamos con Tabaré del problema de la caída de la militancia. Por entonces estaba en marcha un plebiscito, y Tabaré me dijo: «El Frente, cuando se pone en marcha, es como un transatlántico, no lo para nadie». Y eso es verdad. Hoy la militancia parece como adormecida, pero usted va a ver que después de las internas, cuando arranque la campaña y la lucha con vistas a octubre, otra vez la militancia recobrará su fuerza. Estamos trabajando en la capacitación, para que los militantes estén al tanto de la obra del gobierno, que ha sido revolucionaria, y que será un pilar de la campaña.

 

38 AÑOS DE UNIDAD

–Su militancia política empezó con la Unión Popular, ¿es así?

–Sí, la experiencia de la Unión Popular en sí fue, si se quiere, un fracaso precursor, porque permitió que años más tarde naciera esto que en el mundo entero no tiene parangón. Desde hace 38 años, marxistas y democristianos –que en todo el mundo están en trincheras opuestas–, gente proveniente de partidos tradicionales, gente de origen anarco sindicalista, se mantienen todos juntos en un ejemplo de unidad en la diversidad. Lo que hace posible al Frente Amplio no es resultado de un análisis coyuntural; lo electoral no es el objetivo, sino que es consecuencia del acuerdo. Así nació. Y yo digo que es una unidad cada vez más madura, como dijo hace muchos años El Ñato Enrique Rodríguez.

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