Autorizan construcción de cinco torres en Solanas Forrest Resort

El complejo de Tiempo Compartido Solanas Forrest Resort volvió ayer a la consideración pública, después que el arquitecto Samuel Flores, presidente de la Unión Vecinal de Punta Ballena, denunciara públicamente que la empresa pretende construir cinco torres de 72 metros de altura, unos 24 pisos, a escasos 300 metros del Arboretum Lussich.

Según Flores, «el decreto que autoriza un régimen de excepciones en general se aprobó el 10 de enero y cuatro días después la empresa presentó el proyecto para construir las cinco torres». El año pasado Solanas recibió una inspección sorpresiva del BPS, que corroboró una millonaria evasión de varias empresas relacionadas que funcionan como un holding. La empresa ejerció su máxima presión política a través de varios representantes del Herrerismo, según confirmaron fuentes del BPS y funcionarios de la empresa y, aunque no se conoce el monto, habrían logrado una sustancial reducción de la multa, a pesar de haberse constatado que la evasión fiscal ha sido permanente y la empresa ya tiene convenios de pago en curso.

El arquitecto Flores dijo ayer a LA REPUBLICA: «Hace diez días nos hemos enterado de un proyecto de cinco torres de 72 metros de altura a unos 300 metros del Arboretum Lussich. Esas torres están implantadas en un territorio que técnicamente se llama sistema bosque. Hace 100 años Antonio Lussich plantó varios cientos de hectáreas de árboles protectores de especies no nativas y muy ricas y muy débiles que componen ese bosque. Por decreto del Poder Ejecutivo el Arboretum fue declarado patrimonio nacional a preservar. Estas torres se aplican a escasos 300 metros con una tala enorme de hectáreas, lo que implica deforestar y dejar esa reserva natural expuesta a los grandes vientos, a la salinidad y al destrozo que el microclima hará por la mutación climática que esas torres crean».

El presidente de la Unión Vecinal sostuvo que «las últimas administraciones de la Intendencia de Maldonado han tenido la mala idea de reventar todo el ordenamiento territorial a través del régimen de excepciones. Este régimen se aprobó calladito en noviembre, se le dio visto bueno el 10 de enero y el 14 esta gente presenta el proyecto de estas cinco torres.

Ese decreto prevé que tres técnicos municipales, en relación al megaproyecto del que estamos hablando, puedan autorizar esa excepción, aunque antes pasa por la Junta Departamental. Todo esto que estoy diciendo lo he hablado con las partes antes de hacerlo público. El martes estuve cinco horas con el señor César Mochón, propietario de Solanas Forrest Resort, donde se construirán las torres. Me entregó el proyecto, tengo en mi poder el anteproyecto. Antes nos recibió el presidente de la Comisión de Medio Ambiente de la Junta Departamental, Eduardo Barrán (Alcorta-PN).

Se trata de una persona muy interesada en forma sana, pero me pareció débil en cuanto a oponerse a los cien millones de dólares que dicen van a invertir, cosa que tampoco es cierta. A él le preguntamos cómo podía ser que el proyecto ya viniera avalado a la Junta sin haber sido tratado. El señor edil nos confirmó que la excepción en altura no será tratada por el legislativo porque es competencia del intendente». Flores aseguró que Barrán dijo que el intendente puede elevar las alturas y la ocupación de áreas, la Junta sólo debe confirmar el destino para exonerarlo de los pagos de tasas y contribución inmobiliaria.

«Se supone que eso sería para un hotel», dijo el directivo de los vecinos de Punta Ballena. «Pero ayer vimos el proyecto y eso no es un hotel, estos son cinco torres. Cuatro de ellas propiedades horizontales tradicionales, normales, que se venden al público. Por lo tanto la inversión será del comprador y si no se venden serán esqueletos. Y si quedan así, vamos a perder el Arboretum. La quinta torre será para tiempo compartido, las otras cuatro no. Una funcionará como apart-hotel. Eso me lo confirmó el propio Mochón, ante mi pregunta. El apart-hotel se vende, invierte el que compra. No es como el Conrad, por ejemplo, que invirtió una enorme cantidad de dólares y recupera su inversión y gana rentando habitaciones. Aquí no hay ninguna inversión, acá lo que hay es una valorización brutal de la tierra que se multiplica por 20 pisos. Todos los vecinos van a querer excepciones, van a querer irse y venderán en millones y nos seguirán dejando llenos de torres inhabitables como está pasando en Punta del Este». A juicio del arquitecto «la zona de Punta Ballena no sólo está siendo agredida, sino que la están depredando. Eso ocurre en un país que vende como slogan el Uruguay natural en cuanta entrada de turistas hay. Esto es una pequeña Miami que destruye ese slogan. Seguimos marplatizando nuestra ciudad a pasos agigantados por el sistema de excepciones. En un sistema republicano no pueden funcionar. ¿Para qué existe entonces un ordenamiento territorial estudiado durante años por técnicos adecuados, para que después tres funcionarios, cuya honestidad no pongo en duda, lo modifiquen?».

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