Que "nadie afloje"
Cuando a las 20.30 horas se daban a conocer por los medios electrónicos los primeros datos de los sondeos a boca de urna, un espeso silencio empezaba a ahogar las gargantas de los militantes, asesores, legisladores y seguidores de Larrañaga apostados como racimos en la sede central de su entonces precandidatura. Por lo bajo se escuchaba que se cruzaban consejos que sugerían esperar los datos de las demás tendencias. Sin embargo, conforme pasaban los minutos e iban cayendo los números que ubicaban a Larrañaga atrás de Lacalle, el silencio era cada vez mayor entre los «aliancistas» y cada vez menos se escuchaban esas recomendaciones de aguardar algo que los hiciera recuperar el aliento. En el primer piso de la sede partidaria se encuentra la oficina central de Larrañaga. Una puerta que únicamente se puede abrir desde adentro ya que no tiene pestillo de «este» lado separaba lo que ocurría allí entre Larrañaga y sus más cercanos colaboradores con el desánimo que se percibía e invadía y sin más a sus simpatizantes. Por una furtiva rendija de una ventana de esa oficina se podía ver a Larrañaga hablando incansablemente por su celular. Sus asesores hacían lo mismo. Entre ellos no había más que cruces de miradas. Todos hablaban con alguien que no estaba presente allí. De este lado de la puerta esperaban intercambiando cifras, número de votos y cantidad de circuitos aún no escrutados, los legisladores Jorge Gandini, Pablo Iturralde, Beatriz Argimón, Sandra Etcheverry. Mas allá, en una esquina, estaba Alberto Volonté, otrora candidato nacionalista que le confiaba a otro viejo dirigente «yo vivo las elecciones de la misma forma que cuando fui candidato, pero sin el estrés de entonces». Y Larrañaga abrió la puerta y salió de su inviolable oficina; un aplauso ensordecedor lo recibió. El diputado Iturralde fue el primero en abrazarlo. Algunos llantos, algunos ojos que sólo reflejaban la tristeza de haber perdido la elección eran correspondidos por Larrañaga con besos, caricias y abrazos. Y en un momento gritó: «vamos muchachos, arriba la música, nadie afloje que hay que seguir luchando» y el jingle electoral que lo siguió en su campaña comenzó a resonar en la sede central de la Alianza Nacional. Larrañaga salía apoyado por sus seguidores con saludos de aliento. El precandidato vencido en las elecciones internas salía hacia la sede del Directorio partidario. «Allí vamos a saludarnos con Lacalle», adelantó.
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