LA VOZ DE LOS ANALISTAS

Ex ministro de Educación del gobierno de Luis Alberto Lacalle.

El talante democrático y tolerante expuesto en la jornada de ayer por los ciudadanos es lo primero a resaltar de las elecciones internas. La convivencia pacífica de delegados y militantes de los partidos fue una señal de cultura cívica que ojalá sea un anticipo de lo que ocurrirá de aquí a las elecciones nacionales. Es importante que así sea porque el país se repartirá entre Lacalle y Mujica, dos hombres y dos partidos bien diferenciados, una polarización que debería canalizarse de la mejor manera posible.

 

Lacalle ganó en la interna del Partido Nacional, tal como se preveía en las últimas encuestas. Su triunfo tras una recuperación política asombrosa, es quizá lo más llamativo de toda esta campaña. Un año atrás pocos hubieran apostado por él, y sin embargo, exhibiendo fortaleza espiritual, olfato político y dinamismo, consiguió la hazaña de retornar al primer plano. «Duro de matar», como se definió a sí mismo en épocas difíciles, en donde su suerte parecía sellada.

En su mano a mano con el candidato de la izquierda, Lacalle expondrá su proyecto de país. Un proyecto que da seguridades, que conserva todo lo positivo que se haya hecho en el último quinquenio, pero que buscará transformar a una sociedad maniatada por antiguos prejuicios, entre ellos el feroz estatismo que padece Uruguay. Veinte años después de su primera presidencia, el candidato blanco irá por la segunda, con una mayor experiencia a sus espaldas, un equipo renovado y una actitud de apertura y diálogo hacia la oposición que es el signo distintivo de su propuesta política.

 

En materia económica, los resultados obtenidos en el quinquenio 1990-1995 avalan sus pretensiones. Un crecimiento promedio cercano al 3,5% anual, la reducción de la pobreza a la mitad (récord aún no superado en América Latina, según datos de Cepal), una participación del salario de los trabajadores en el PBI bastante superior a la actual y un Presupuesto con un déficit menor que el de estos días. Todo ello logrado sin una bonanza económica como la que facilitó la acción del Frente Amplio en estos años.

 

Otro pilar de su proyecto es brindarle alivio a la sensación de inseguridad que inquieta a los habitantes en toda la República. El derecho del ciudadano a vivir en paz, sin temores y sin el peligro del delito acechando de manera permanente, es otra prioridad después del fracaso de la dupla Díaz-Tourné al frente del Ministerio del Interior. Recuperar a la Policía, sostener el principio de autoridad y devolverle al país la tranquilidad perdida, son metas esenciales.

 

Frente a la improvisación, las ocurrencias y la imprevisibilidad de Mujica, Lacalle ofrece certezas. Frente a la idea de que un presidente debe gobernar haciendo huelgas de hambre, «armando relajo» y peleándose con todos, según anunció Mujica, Lacalle garantiza un gobierno ordenado, capaz de hacer bien las cosas tanto en el plano nacional como en el internacional. Hacia esa contienda de personalidades y proyectos vamos a partir de hoy, procurando que todo transcurra como las elecciones de ayer, es decir, de guante blanco.

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