Las tres posibilidades
De una campaña electoral se puede salir sólo de tres maneras: victorioso, derrotado y/o arrepentido. Está claro que en mi caso he salido derrotado y que el candidato al que yo apoyaba en el Frente Amplio, no salió electo. Oportunamente daremos nuestras opiniones sobre las causas. Lo primero que corresponde es aceptar mi directa responsabilidad en la derrota. Voy a opinar sobre las causas sólo cuando no influya negativamente en la próxima batalla electoral hacia octubre. Pero voy a opinar.
No importa cuánto se trabajó o se aportó, la lucha es cruel y mucha y lo que importan son los resultados. Y estos, son claros.
Me siento responsable porque creo que hay que asumir las culpas; las derrotas y las victorias nunca son huérfanas y lo hago especialmente porque creo que hemos perdido una gran oportunidad de elegir el mejor candidato que podía ofrecer la izquierda y el mejor presidente que podía tener el país a partir de marzo del año que viene. Sigo tan convencido como antes del 28 de junio. Y refuerzo mi opinión de que para octubre tenemos serios problemas.
La izquierda uruguaya ha cometido una gran injusticia, pero la política es como el fútbol, los goles no se merecen, se hacen o se sufren. Así de implacable.
Por eso no me arrepiento de mi apoyo a Astori. Es más, luego de estos meses de campaña, estoy más convencido que antes de sus capacidades, de su honestidad, de su sentido profundo de la Nación, de su espíritu frenteamplista. Un día escribí que era demasiado frenteamplista. Lo reitero.
Y aunque él se haya hecho autocrítica, porque se dedicó demasiado a gobernar y descuidó el contacto con la gente, por eso mismo lo apoyo. Demasiado sentido del Estado y de sus responsabilidades como gobernante de todos los uruguayos. Eso que tanta falta hace y que nos dio tantos resultados en este gobierno.
Lo apoyé y lo apoyo por haber asumido las mayores responsabilidades en el gobierno luego del presidente Vázquez, por haber impulsado la más profunda de las reformas que realizó este gobierno, de la que muchos demasiados nos lavamos las manos y que por ello pagó un precio muy alto. Y en realidad, lo pagamos todos. Y sobre todo, la izquierda.
No tengo ninguna duda de que Danilo, a pesar de su convalecencia, del fuego graneado de los grandes medios y de muchas otras cosas, llegado el momento será una clave de la batalla electoral de octubre. Yo no lo conocía, sólo a la distancia; ni siquiera sabía de la modestia, de la austeridad de su casa (lo comentamos con varios periodistas en las filmaciones), de su fuerza, de su empeño, y hoy tengo la convicción de que será una vez más un factor de unidad, de coherencia, de seriedad política y programática y que será el principal factor de confianza del Frente Amplio. Y será una garantía de coherencia de izquierda. Y de buen gobierno.
Una vez más como en 1989, en 1999, en el 2004 y desde el 1º de marzo del 2005, Astori dará su aporte a la izquierda uruguaya.
Astori afrontó diversos debates durante la campaña, algunos seguramente lo atribuirán a una estrategia electoral y tienen todo su derecho, yo puedo dar testimonio que hizo sistemáticamente dos cosas: darle prioridad a la batalla contra la derecha en vista de las elecciones de octubre; y siempre, en todos los debates lo hizo desde la izquierda, empujando hacia adentro del FA y no como muchos esperaban apelando a argumentos desde la derecha. Todo lo contrario.
Por eso no sólo no me arrepiento de lo que hicimos junto a muchos compañeros en esta campaña electoral no los nombro porque son demasiados, sino que agradezco el lugar que me dieron, la posibilidad de sentir nuevamente pasión, ganas, tensiones y no esa calma chicha que nos herrumbra y nos hace más mezquinos.
Fue un privilegio compartir estos meses con Astori, que no bajó los brazos en ningún momento, aun en los más difíciles, al contrario, nos daba fuerza a todos los demás que pelearon en serio, con garra, con ganas, con ideas y siempre por la izquierda. Y que ni siquiera amagó a utilizar su situación de salud para explicar nada.
Por todo esto, no sólo no me arrepiento, sino que desde estas páginas y otras tribunas seguiré dando la batalla. Me volvió una pasión adormecida. Los que me conocen saben que soy tenaz.
Desde el fondo de mi pasión política y de mis muchos años de militancia deseo haberme equivocado en mis previsiones políticas. Si es así, no tendré ninguna dificultad en reconocerlo, es demasiado importante lo que está en juego para juguetear con temas personales. Es más, haré todo lo posible dentro de los límites de la coherencia para que se confirme mi equivocación.
Hay dos tipos de personas que nunca deberán reconocer sus errores. La gente común, los ciudadanos de a pie, esos lo hacen de corazón y con todas sus razones y nunca tendremos derecho a recriminarles nada. Pero están los otros, los que nunca se arrepienten, esos intelectuales orgánicos del encandilamiento que un día cambian de discurso y se lavan las manos del pasado, de las derrotas y de las tragedias.
Los militantes políticos hicimos nuestras opciones, asumimos nuestros riesgos, creímos que el nuestro era el mejor camino y si nos equivocamos nos caerá encima todo el peso de nuestra derrota y de nuestros errores. A esos los respeto aunque discrepe y lo siga haciendo. Hemos dado un paso importante, sin retorno, asumamos con generosidad y sentido unitario sus consecuencias.
Compartí tu opinión con toda la comunidad