LA VOZ DE LOS ANALISTAS
Mientras a lo largo de estos meses las encuestadoras anunciaron intenciones de voto por candidato y por partido, y todos seguían con atención los vaivenes electorales de cada uno, poca atención se prestó a un aspecto que se transformaba en central, cuando los canales de televisión comenzaban a iniciar su transmisión de la interna: la participación electoral. Los porcentajes estimados de gente que había ido a votar, sobre el cierre de las mesas, no superaban el 44%. En algunos departamentos del Interior (incluyendo a Canelones), el porcentaje de votación oscilaba en la banda del 30%. En la primera elección interna en 1999 había votado el 54% y había caído considerablemente en la de 2004, donde participó el 46%.
El porcentaje por consiguiente, no era tan bajo, si consideramos esta última elección, pero se estimaba una mayor participación dada la intensa competencia entre partidos. Algunas encuestadoras, como Cifra, hicieron un análisis explícito de la diferencia entre la participación electoral estimada y la participación electoral efectiva. Una de las interpretaciones (la de Cifra) fue que en aquellos departamentos donde había un partido «ganador» claro, fue donde la participación electoral del contendiente fue más baja.
Muchas lecturas pueden hacerse sobre esto, pero la más simple es que a más de la mitad de la población del país la elección no la motivó lo suficiente como para ir a votar, no existiendo, en este caso, obligación de hacerlo.
Los candidatos del Frente Amplio se pronunciaron con mucha cautela sobre una posible fórmula. Mujica señaló que «los partidos tienen responsabilidades, los hombres pasan». Astori también aconsejó prudencia y «calidad» en la negociación. Mientras tanto, Bordaberry declaró que estaba «buenazo» ese momento cívico, y Lacalle anticipaba anuncios para la hora del cierre de las meses.
A las 20:30, la encuestadora Factum daba los primeros resultados de boca de urna. Los resultados no diferían sustancialmente de las encuestas que se conocieron previamente: Mujica, Lacalle y Bordaberry son los candidatos presidenciales ungidos por las urnas de las internas, con diferencias significativas con los candidatos que resultaron segundos en votación, al menos en los dos partidos tradicionales, el Colorado y el Nacional. La votación de Astori, según la encuesta de boca de urna, habría oscilado entre 34% y 38%, mientras la de Mujica se ubicaba entre unos quince o veinte puntos porcentuales por encima (entre 53% y 57%). En el Partido Nacional, Lacalle se ubicaba por encima de Larrañaga: mientras el primero obtenía entre 56% y 58%, el segundo lo hacía entre 42% y 44%. Los porcentajes de Cifra, poco antes de las nueve de la noche, no diferían mucho de los de Factum: en el Frente Amplio, Mujica habría triunfado por 54%, y Astori habría obtenido 38%, mientras Carámbula habría obtenido 8%.
El Frente Amplio, según la encuesta a boca de urna, tuvo una participación electoral, en el conjunto de los electores, de entre 45% y el 48%. El Partido Nacional, tuvo una participación entre el 40% y 41%, y el Partido Colorado habría participado un poco por encima de las expectativas, con una participación de entre un 11% y 12%.
Para algunos analistas, la baja votación obtenida por el Frente Amplio representaría una «luz roja» sobre su capacidad de movilización de votantes. Sin embargo, algo similar sucedía en las elecciones de 2004, en las que la participación electoral del Partido Nacional fue muy pareja con la del Frente Amplio, aunque existía entre ambos una luz de más de quince puntos porcentuales, como se evidenció en octubre.
Luis Eduardo González, de la encuestadora Cifra, señaló también un número de votos en blanco y anulados superior a los de las elecciones pasadas, que, en sus palabras, mostraba un cierto «mal humor» del electorado en relación a esta interna.
Danilo Astori envió un mensaje, a las veinte y cincuenta de la noche de ayer, saludando a la «unidad frenteamplista», sin congratulaciones demasiado explícitas al vencedor, José Mujica. Pero no hubo tiempo para que los televidentes pudieran ver al más votado de los candidatos, José Mujica, ya que Lacalle hizo la primera y más larga aparición en la televisión.
Habló de la «máxima confianza para gobernar el Uruguay», reconociendo el trabajo de los militantes, y saludando a Larrañaga y convocándolo a trabajar juntos hacia octubre. Destacó la participación electoral del Partido Nacional y su escasa diferencia con el Frente Amplio.
Finalmente, habló Mujica, y su primer reconocimiento fue hacia Danilo Astori. Luego, hacia los militantes desconocidos. Finalmente, habló de un frenteamplismo «abierto, generoso, sin odios». «Estamos peleando por el derecho a darle continuidad a este gobierno que inició Tabaré Vázquez», señaló. Pero además reivindicó su propio lugar en el Frente, contra todo arquetipo: viva la diversidad, viva el compromiso, viva el encuentro, terminó. Y no había nada más distinto a ese uruguayo «de a pie», pidiendo corazón a la razón, que la imagen atildada de un Lacalle, solicitando una política «del hacer».
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