"Yo no hablaría de dos izquierdas sino de dos visiones del camino de la izquierda"
En esta entrevista queda de manifiesto su adhesión inquebrantable a Asamblea Uruguay al mismo tiempo que su espíritu profundamente unitario.
En medio del ajetreo del trabajo parlamentario y haciendo un lugar en su apretada agenda, Susana Dalmás me recibe en su despacho del Senado y responde con sinceridad y lucidez a todas las interrogantes y dudas que le planteo.
–Días pasados se dijo en El País y en El Observador que Astori había salido del sanatorio atacando duro a Mujica, y que éste había replicado más o menos en los mismos términos. ¿Cuál es tu visión de este hecho?
–Creo que hay un malentendido. Pepe se queja de que Danilo le contesta en malos términos o que lo ataca, cuando en realidad está opinando sobre dichos que él expresó antes. Me parece que es natural que haya diferencias; por algo estamos en una situación de competencia, y es lógico que alguien haga una manifestación política y su oponente –que está compitiendo– diga su opinión contraria. Tal vez la prensa opositora pretenda sacarle el jugo a situaciones de ese tipo, o mostrar un enfrentamiento donde no hay sino una exposición de divergencias naturales.
–De todos modos hay otros puntos en los que Asamblea Uruguay ha tenido diferencias dentro del FA. Concretamente la propuesta de un TLC con EEUU. ¿Cómo lo ves ahora?
–En mi experiencia política en Asamblea Uruguay he visto que suelen confundirse instrumentos con objetivos, con fines. Yo creo que en el mundo actual no se puede estar a favor o en contra de un tratado de libre comercio. Un tratado de libre comercio es un instrumento para el beneficio del país. El tratado no es ni bueno ni malo en sí, es un instrumento más. A la prueba está que cuando se planteó un modelo de TLC que a nosotros no nos pareció conveniente para el Uruguay, dijimos que no. Pero de antemano no podíamos decir que sí ni que no. Fijate que el TIFA, que es una mesa de negociación comercial permanente (no es otra cosa), sigue avanzando y no es ningún drama ni ningún elemento negativo ni positivo por sí mismo. ¿Por qué ha resultado positivo hasta ahora, o relativamente útil? Porque nos ha permitido avanzar en cupos de algunos rubros comerciales, y el objetivo era aumentar la venta de nuestros productos a EEUU. ¿Qué de malo puede haber en tener una mesa de negociación permanente? Reitero: hay discusiones que confunden herramientas con objetivos o con principios (lo que sería peor). A veces hay discusiones de este tipo, tal vez porque nosotros tenemos esa concepción muy renovadora que siempre paga el costo de que en un principio no se entiende cabalmente. Son cosas que han pasado en todas las izquierdas del mundo. Pero nosotros vemos que hay temas en que se caricaturizaba la posición de AU y que finalmente hoy, en el gobierno, no tenemos ningún problema en aceptar todos, una vez que se aventó la sospecha de que íbamos a hacer virar al FA a la derecha.
–Recuerdo que se decía irónicamente «Astori light». Tal vez es un poco pensando en eso que Astori dijo que había dos izquierdas y que AU era una izquierda más creíble por oposición a Mujica.
–La nuestra es una izquierda que está propugnando una renovación política que no pasa ni por abandonar los principios ni por rebajar nuestros objetivos finales. Pasa por un razonamiento político más de acuerdo con el momento que estamos viviendo y con la evolución del mundo. Puede ser que haya hablado de dos izquierdas porque básicamente hay una izquierda más ortodoxa o que no acepta determinados cambios de caminos hacia el objetivo de una sociedad más justa; y esa búsqueda nos obliga a abrir la cabeza. Como conclusión: hay una izquierda que está en esa búsqueda, y otra que aparentemente está muy referida al pasado.
–Pero esa izquierda modernizada no está encarnada sólo en AU.
–Claro. En tramos importantes de este gobierno, no fue el MPP el que estuvo en las antípodas de nuestras posiciones. El hecho de que en la competencia interna el MPP se coloque en otra situación, para mí fue una novedad, porque en realidad, esas diferencias tan marcadas, por lo menos en su expresión en el Senado, no emergieron durante este período. Hoy veo que en su discurso político, desde hace un tiempo, se han colocado un poco por fuera de la propuesta de Tabaré Vázquez, pero reitero que no fue así durante el gobierno.
–Tal vez han variado un poco su discurso con miras a marcar una diferencia para la competencia interna.
–Exactamente. En el Senado se dio una situación muy interesante. La mayoría de los sectores pusimos mucho empeño en formar una bancada de gobierno y, salvo en temas muy puntuales, trabajamos como equipo sin que hubiera diferencias sustanciales. Me pareció a mí que no había tantas diferencias, salvo en circunstancias muy puntuales, que se visualizaron más en Diputados.
–¿Cuáles serían esas diferencias puntuales?
–Hubo algunas en el Presupuesto Nacional, referidas sobre todo al porcentaje para la Educación; ahí el Partido Comunista y alguna parte del MPP también, marcaron discrepancias. Después, los temas militares, el tema de las misiones de paz; y algún detalle no del diseño pero sí de algunos aspectos de la Reforma Tributaria. Pero aparte de eso, no hubo diferencias. Yo no soy tan tajante en afirmar que hay dos izquierdas; quizás haya más. Lo que hay es dos visiones del camino de la izquierda, uno más referenciado al pasado y otro en una búsqueda hacia al futuro para llegar a una sociedad diferente, pero además a un sistema diferente del capitalismo.
–Asamblea Uruguay reivindica para sí la continuidad del seregnismo, ¿es así?
–Sí. Lo que pasa es que a veces, en el devenir político, no están juntos todos los que tendrían que estar. Si vemos en el Frente Amplio, hay una multiplicidad de sectores que no representan ese mismo número de líneas políticas. Hay historias comunes, compañeros que tienen una raíz común y se mantienen en un sector, en una lista. Yo creo que en la línea de Seregni no es AU el único grupo; fue sí la que empezó a sintetizar en forma más cabal en aquel 94 el pensamiento de Seregni contra una corriente de la izquierda que venía sosteniendo que el Frente Amplio ya no era una herramienta útil, que en realidad había que generar una nueva herramienta pensando que el FA estaba perimido. Y nosotros entendíamos que no era así. Por los orígenes pluralistas del FA, por su historia y su tradición, sostuvimos que podía tener nuevos ingresos, nuevos contenidos, ser cada vez más amplio, pero que era la mejor y más formidable herramienta de la izquierda. Entonces levantamos la bandera del Frente, que estaba bastante alicaída, y eso explica el aluvión de votos que tuvo AU en el 94, porque el pueblo, la gente, entendía que el Frente estaba más vigente que nunca frente a lo que otros teorizaban. Tal vez nosotros nos colocamos ya desde el 94 en lo que se llamaba «cultura de gobierno» siendo aún oposición, es decir pensando en cada instancia qué haríamos nosotros, cómo presupuestaríamos esto o aquello, tratando de ir elaborando una política de construir en nuestra cabeza una cultura de gobierno, de la cual me parece que hicimos buen uso cuando al Frente le tocó ser gobierno.
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