Héctor Lescano. La Democracia Cristiana en el gabinete progresista

"Realidad torna imposible conciliar fe  cristiana con posiciones conservadoras"

En su despacho del Ministerio de Turismo y Deporte, café mediante y mientras nuestra reportera gráfica acciona repetidamente y desde diversos ángulos el obturador de su cámara, Lescano responde con franqueza a las preguntas que le formulo sin rehuir ningún tema. La charla comienza con una pincelada sobre el sustento ideológico de la democracia cristiana.

­¿Cuál es la base doctrinaria de la democracia cristiana de hoy?

­El PDC ha reconocido siempre varias vertientes del humanismo, centradas fundamentalmente en el humanismo cristiano, es decir en corrientes de pensamiento que tuvieron en Uruguay una impronta fuerte, como Maritain, Theillard de Chardin, así como en corrientes del existencialismo. En Uruguay, fue importante el aporte del padre Lebret, que tuvo una influencia muy grande en la formación de intelectuales como Juan Pablo Terra, por ejemplo, que después tuvieron un nivel de compromiso político muy notorio. También hay que destacar el trabajo del Centro Latino Americano de Economía Humana (Claeh) en su primera etapa. La realidad de los pueblos de América Latina, con las grandes brechas socioeconómicas y culturales, hacía imposible conciliar fe cristiana con posiciones conservadoras, de manera que eso llevó a un compromiso muy estrecho con el cambio.

Sobre fines de los sesenta, en tiempos tan tumultuosos para el país y ante el avance del autoritarismo, Juan P. Terra lidera una acción política muy fuerte desde esa vertiente humanista cristiana, para la fundación del Frente Amplio. Ya en 1968 Terra, entonces diputado, realiza una minicadena de radio y televisión convocando a la unidad de todas las fuerzas políticas más allá de los partidos para frenar el avance autoritario, y también ­hay que decirlo­ para lograr una salida distinta a la opción de la lucha armada, que siempre entendimos como una opción sin destino en el Uruguay.

­ ¿Hubo influencia, también, de la Teología de la Liberación o de los obispos de Medellín?

–Nunca adherimos oficialmente a esas expresiones, pero es indudable que en la construcción de ese pensamiento político, los pensadores y abanderados de la Teología de la Liberación tuvieron mucha influencia, como también la tuvo la Revolución Cubana. Sin olvidar a Helder Cámara y las posiciones progresistas que tomaban muchos sectores de la Iglesia Católica latinoamericana, especialmente sus agrupaciones de base, muy comprometidas en la lucha contra las dictaduras y desarrollando tareas de solidaridad.

­Bueno, volvamos al presente. Desde hace ya un tiempo sos presidente de la Comisión de Programa del FA. Hablando con Couriel él me decía que el programa del Frente nunca fue un programa socialista. ¿Cómo lo definirías, entonces? ¿Es un programa socialdemócrata?

­Creo que esas etiquetas no ajustan exactamente a la definición del programa del Frente. Yo diría que el programa apunta a un cambio político, social, económico, cultural, que permita un desarrollo integral de crecimiento económico con simultánea redistribución de la riqueza. Creo que la síntesis es esa: una propuesta de crecimiento con equidad. Las reformas estructurales iniciadas por el gobierno están en línea con el objetivo de construir, desde la izquierda, un proyecto de desarrollo nacional. No, desde luego, para atribuírnoslo hegemónicamente, sino para compartirlo en lo social y para seguir compartiéndolo en lo político, es decir ampliando las bases de respaldo a ese proyecto nacional que las otras fuerzas políticas no han sido capaces de ofrecerle al país.

­Por lo que decís, supongo que sos partidario de una política de alianzas con otros partidos.

­Sí, creo que esa perspectiva no debe perderse nunca. Pienso que hoy, en todos los partidos políticos uruguayos, hay expresiones que participan a su modo de esta sensibilidad por la cuestión social. Sería un pecado de soberbia pretender adjudicarnos la exclusividad. El problema es que esos sectores muchas veces están como atrapados en la lógica de los sectores dominantes, que son expresión de la derecha, derecha democrática hay que reconocerlo, pero derecha al fin. Es un poco aquella máxima según la cual, cuando se gana con la derecha, es la derecha quien gana; en las coaliciones circunstanciales, la derecha termina por imponer su supremacía desde una perspectiva de poder, de defensa de intereses pequeños.

Yo estoy trabajando como loco para que nuestra fuerza política continúe gobernando porque necesitamos uno y más períodos de gobierno para consolidar la línea de cambios. Pero sé que no nos vamos a quedar para siempre; somos militantes democráticos y eso supone la alternancia de partidos que rotan y que compiten en la captación democrática del apoyo ciudadano en igualdad de oportunidades. Yo creo que para el nuevo período deberíamos entre todos (y esto es de ida y vuelta) tratar de crear las condiciones para una mayor coparticipación en áreas muy importantes.

­El hecho de no haber logrado acuerdos con el Partido Nacional para integrar los entes y empresas públicas, ¿debe verse como un fracaso de esa política?

­Fue una lástima que no haya habido en aquel momento una reciprocidad de los partidos tradicionales a nuestra propuesta. Quizá deberíamos haber hecho más de nuestra parte… Pero en fin, fue una lástima. Creo que es positiva la participación de la oposición en la dirección de los organismos estatales, para cumplir no sólo un papel de contralor sino de aportar en el diseño de políticas de Estado.

­¿No creés que tal vez Vázquez se apresuró cuando lanzó una especie de ultimátum a los blancos?

­Fue un tiempo en que quizás hubo algún teléfono descompuesto, pero el plazo fue necesario y no pueden caber dudas de la voluntad política de Vázquez de lograr acuerdos. Todas las cosas tienen su límite, y la oposición optó por un camino que se imaginó que podía darle más réditos políticos y se lanzó a una actitud de confrontación. Este gobierno no tuvo ni siquiera luna de miel; no hubo tregua opositora.

­Sin embargo ha habido proyectos de ley que fueron acompañados por la oposición.

­Cómo no, y me parece muy bien. Insisto: no haríamos el agravio de pensar que de un lado estamos los buenos y del otro son todos malos. Por lo tanto, hay que tener una disposición permanente para esa artesanía política que es la búsqueda de acuerdos. Ahora terminamos de firmar el llamado Compromiso Nacional por el Turismo, que fue firmado por todos los sectores: el sector público nacional y departamental, el Congreso de Intendentes, las cámaras empresariales, el sector parlamentario, el sector académico, y todos los precandidatos de todos los partidos políticos. Este no debería ser un hecho aislado pues supone una mirada estratégica de mediano y largo plazo. Creo que este tipo de avances, que tienen que ser luego refrendados por los hechos, es una señal positiva, y debe ser posible en muchas áreas.

­¿Y cuál de los tres precandidatos frentistas es el más apto para concretar acuerdos interpartidarios y para llevar al Frente a la victoria?

­Siempre me he referido con mucho respeto a estos tres compañeros que están en la contienda, y creo que cualquiera de ellos va a trabajar para crear condiciones que permitan lograr los máximos acuerdos. Creo que en Uruguay no hay lugar para actitudes sectarias; no olvidemos que la mitad de la población no vota a la izquierda, y no hay posibilidad de tomar atajos de carácter populista, y mucho menos autoritario. Pero estoy convencido de que Danilo Astori es, por lo que ha sido su peripecia personal y política, la expresión más consistente desde el punto de vista político y técnico para el liderazgo de este proyecto nacional, que supone facilitar los acuerdos, retener los votos que nos fueron prestados en la última elección con la
esperanza del cambio, y convocar a una mayoría de nuevos votantes que se puedan enamorar con la perspectiva de continuar el camino de cambios. Danilo Astori ha representado en el MEF un sostén para el gobierno de izquierda, y fue capaz de generar confianza en los actores económicos. Las políticas sociales no se sostienen si no hay un crecimiento firme y sostenido de la economía. Tabaré Vázquez tuvo la inteligencia de nombrarlo ministro cuatro meses antes de las elecciones, y ese hecho, junto al carisma de Tabaré, al formidable esfuerzo de toda la gente, a la comunicación popular de Pepe Mujica, fue decisivo para ganar primero, y luego para gobernar y contribuir a la buena imagen que el país tiene en el mundo. Por eso quienes apoyamos la candidatura de Astori no bajamos los brazos, porque creemos que Danilo es un gran candidato para llevar la bandera y reclamarle a la gente que nos endose un crédito para un nuevo período.

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