La abuela Blanca

­La abuela Blanca fue alguien importante en lo que hoy eres…

­A pesar de todas las contradicciones, la abuela Blanca fue una figura que me generó una imagen muy fuerte de mujer. Hoy a los 30 años lo veo con otros ojos, distintos a los de aquella adolescente. Ella luchó toda la vida por buscar a su hija y a su yerno, al mismo nivel que defendió a sus hijos presos políticos o buscó a su nieta, en las peores condiciones. Era la esposa de un trabajador que tenía que sostener toda una casa y que también cayó en la adicción del alcohol. Ella venía a Buenos Aires a buscarme a mí sin plata para tomarse ni un café. Recorría todos los organismos y se sentaba en Plaza de Mayo hasta esperar el horario de vuelta a Montevideo. Esa fue la abuela Blanca hasta que encontró a su nieta, y cuando la encontró no sólo hizo que yo viera los parecidos con mis padres en la cara de la foto o en los gestos, sino que me dio los vestidos de mamá que me quedaban iguales y las sandalias que hoy uso, además de demostrarme que ellos no eran ni unos locos ni unos idealistas, sino mostrarme realmente su militancia política y lo que eso implicaba. Luchó contra toda la educación que yo tenía y a los 11 años me leía el diario y me explicaba las noticias. Discutía conmigo de ideología. Y yo pude recuperar a mis padres en el imaginario, no sólo con las fotos sino con todo lo que implicaron ellos y su generación…

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