Caídas, revolcones e indisposiciones. Bordaberry, Lacalle y Astori, obligados a hacer un paréntesis

Efectos colaterales de una campaña

¿Qué está ocurriendo con los políticos uruguayos? ¿Hay acaso una conjura contra ellos o será nomás lo extenso de la campaña electoral que por tantos días de exposición pública los lleva a más de uno a ser protagonista de algún hecho fortuito que lo obliga a permanecer alejado del ruedo político? Caídas, indisposiciones, rodadas.

Accidentes gravísimos. La historia reciente de nuestro país tiene un curioso repertorio de accidentes que han tenido a dirigentes políticos como directos protagonistas, en la mayoría de los casos.

En otros, testigos de hechos terriblemente luctuosos; no hay más que recordar aquel 6 de noviembre cuando en un accidente protagonizado por un ómnibus en Paso Pache, Florida, cuando adherentes de Jorge Batlle retornaban de un festejo por la victoria de su candidato en la primera vuelta en las elecciones de 1999.

Tres días de duelo resolvió el Partido Colorado y la correspondiente suspensión de la campaña electoral por el fallecimiento de las 20 personas ­algunas de ellas, niños- tras aquél accidente carretero.

A la inactividad proselitista se sumó también de forma solidaria el entonces Encuentro Progresista ­ Frente Amplio que tenía a Tabaré Vázquez como candidato. Se trató quizá del suceso más grave que recoge la crónica política de los últimos años.

Los hay, por suerte, menos desgraciados.

En la campaña electoral de 1984, el extinto ex presidente y entonces candidato Jorge Pacheco Areco sufrió un percance durante un acto público en plena avenida 18 de Julio.

Un error ­seguramente, aunque nunca fue investigado- en los andamios que sostenían el estrado, produjo que éste se derrumbara en el preciso momento en que Pacheco hacía uso de la palabra.

La caída fue acompañada involuntariamente por algunos colaboradores que estaban junto a él y algunos dirigentes del sector.

Algunas magulladuras del orador, un inmediato control del cuerpo de seguridad personal del líder de la Unión Colorada y Batllista buscando a algún responsable en la vuelta y pocas cosas más se desencadenaron por el accidente. Hay que aclararlo, la campaña de la UCB no se suspendió por la caída del líder.

En 1994 trascendieron rumores de que el entonces candidato Julio María Sanguinetti, quien luego se convirtiera nuevamente en Presidente, padecía problemas cardíacos, cuando no alguna otra enfermedad tanto o más severa que cierta arritmia. La versión nunca fue confirmada y quedó en un anuncio de la presidencia en el sentido de que la salud del mandatario era una cuestión de gobierno.

Tampoco se suspendió la campaña de entonces.

Ni siquiera para investigar el rumor.

Más cercano en el tiempo, el correligionario de Jorge Batlle, Pablo Millor, que por la campaña del año 1999 apoyaba a otro candidato, dijo, en una conferencia de prensa, que el líder de la 15 tenía hipertensión, dejando una estela de dudas sobre la conveniencia o no de que un probable presidente fuera hipertenso.

Llamativamente, esa cuestión sanitaria se resolvió no a través de un chequeo médico a Batlle, sino tras unas puertas cerradas en algún despacho de la sede de la calle Martínez Trueba, y la campaña siguió adelante.

El líder de Manos a la Obra, Alberto Volonté, «casi» presidente en las elecciones de 1994, estuvo más de un mes fuera del ruedo electoral.

Se hablaba entonces de alteraciones digestivas. Lo internaron y nada cambió. En un hecho más reciente (ayer, en términos históricos), el líder de Vamos Uruguay, Pedro Bordaberry, sufrió una torcedura de su tobillo izquierdo al caerse de un caballo que montaba.

Quince días lo alejaron del trillo político electoral y lo mantienen en cama, en reposo con el correspondiente yeso, y la izquierda arriba.

Luis Alberto Lacalle ruedó por las escaleras de su casa y rompió ligamentos de su pierna derecha.

Más de dos semanas de reposo lo alejaron de la campaña pero únicamente de forma física, ya que gracias al recurso tecnológico al que hoy se tiene acceso, el líder de la UNA mantuvo su contacto y prédica electoral con sus seguidores.

Ahora los percances alcanzan al precandidato Danilo Astori.

Una neumonía severa lo restringirá 15 días de la campaña y, al igual que Lacalle, sigue en contacto con sus seguidores a través de columnas y mensajes.

Su asesor, Esteban Valenti, descartó la suspensión de la campaña porque «hay material para los días de reposo» y que además, este obligado impasse «nos servirá para replantear los ejes de la campaña».

La idea es fácil: tratar de revertir un hecho desgraciado en algo positivo.

Y no hay nada mejor que apelar a los recursos estratégicos. Los responsables de las campañas electorales lo saben muy bien; un revolcón, no es caida.

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