Mujica anunció "control férreo" a industria forestal y maderera
«Tranqueras pasó de ser un enclave ovejero a ser un enclave entre los árboles; pero ha habido una fenomenal concentración de la propiedad de la tierra en un puñado de empresas trasnacionales, a las cuales tenemos que recordarles que no somos un país bananero y que se tienen que preparar para tratarnos un poco mejor», anunció ayer durante su audición diaria en la emisora radial M24.
La política aplicada por gobiernos blancos y colorados en materia de forestación, recordó Mujica, generó muchas expectativas que luego incumplió. Puso como ejemplo la formación de las cuadrillas de monteadores, trabajadores sobreexplotados que fueron empleados sin ningún beneficio social.
«Como no sabíamos», indicó, «plantamos o dejamos plantar árboles a troche y moche», incluso «en muchos lugares donde nunca se debió haber plantado» por tratarse de predios muy rentables que debieron ser destinados a una actividad agropecuaria orientada a la producción de alimentos.
Mujica recordó que el gobierno de izquierda modificó criterios para adjudicar permisos para forestar predios rurales. «Pero nos están haciendo algunas zancadillas», dijo, aunque sin explicitar cuáles fueron los intereses en particular que confrontaron con el gobierno del presidente Tabaré Vázquez.
«Hay lugar para todo si organizamos el territorio», admitió, al señalar la dificultad de los pequeños ganaderos para acceder a campo para sus animales. «Tenemos una inmensidad de árboles amontonados, que incluso son un peligro por los incendios, y tenemos una inmensidad de campos pelados sin un montecito donde los animales se puedan ir a refugiar».
Mujica atribuyó el incremento de la inversión maderera a la universalización de las computadoras, lo que implicó un aumento en el consumo de papel, y señaló que «intereses mundiales» aprovecharon que «la tierra uruguaya estaba barata» y que podían encontrar «mano de obra relativamente barata».
«Ni lentos ni perezosos, los intereses forestales se fueron extendiendo hacia estas tierras, cuando estaban baratas», y plantaron la mayor cantidad de pinos, además de los eucaliptos. «Se fueron haciendo dueños del paisaje y esta tranquera abierta comenzó a quedar cercada por los árboles».
No obstante, Mujica aclaró que «los árboles ya están» y que una acción de «destronque» en plantíos insumiría costos que podrían ser superiores al propio valor de la tierra». «Uruguay», explicó luego, «tiene el desafío de explotar madera de la mejor manera posible y agregar la mayor cantidad de mano de obra que pueda, pero bajo un control férreo y creciente» para proteger a los trabajadores.
José Mujica desafió a «los ecologistas, que viven en las ciudades y vociferan por todo lo que se haga», a que presenten una política «alternativa» para los trabajadores forestales. «Es muy fácil criticar; el quid de la cuestión es que la gente real resuelva el problema del puchero», reclamó.
Además se refirió a la seca: «La campaña electoral distrae la atención sobre los problemas reales». «La crisis mundial me asusta mucho menos que la seca», dijo Mujica, para quien una sequía sería el peor «azote» para el país. «Aunque sea a los golpes», los uruguayos «comprenderemos el valor que tiene una política de aguas», subrayó como experiencia positiva de la grave situación actual. å
En Tranqueras «casi no había forestación» y «la lana era el primer producto exportable». «Es un pedazo de historia que se nos fue con las transformaciones económicas», dijo y señaló que la zona cuenta con «tierras areniscas profundas», un «hogar natural de la sandía», donde sorprendía la calidad de la naranja y otras frutas. «No son las tierras negras y compactas» del Sur, puntualizó.
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