Mal recibimiento. Desde algún cascote que se lanzó hacia el acto hasta un parlante a alto volumen

Lacalle fue blanco de un clima  hostil en el barrio 40 Semanas

A pocos minutos de su ingreso y mientras se desarrollaba el acto, le lanzaron dos cascotazos que no llegaron a destino. También debió soportar algunos aislados gritos de desaprobación.

No fue la única muestra de intolerancia que afrontó en la jornada de ayer. Más tarde, mientras se desarrollaba otro acto organizado por la Lista 33-333, que conduce la candidata a diputada Verónica Alonso, desde una casa frente al baluarte nacionalista no sólo lo esperaban con banderas del Frente Amplio y del Partido Comunista: el dueño del hogar montó un parlante a alto volumen dirigido hacia el acto con canciones identificadas con los jingles electorales de la coalición de izquierda, algo de rock nacional y hasta Rubén Blades con su tema de los desaparecidos. Contando con vigilancia policial ­tal como fue dispuesto por el Ministerio del Interior para todos los actos­ lo cual reconoció Lacalle, el acto del 40 Semanas prosiguió con normalidad. Lacalle dirigió un mensaje abogando por la tolerancia. Al finalizar advirtió que quizá hubiese alguna represalia contra la «señora Yeni», que abrió el local. «Yeni se queda, nosotros nos vamos. Yo espero no tener que recibir una llamada de que alguien le dijo al más allá de una broma. ¡Cuidado con alguna grosería, cuidado con alguna amenaza, cuidado con alguna cosa de las que no se deben tolerar! Si pasa, usted me avisa», le dijo Lacalle a la reconocida militante blanca del lugar. Lacalle dijo que en el 40 Semanas y como ciudadano, «somos todos iguales: colorados, frenteamplistas, independientes, blancos y el que no le gusta a ninguno. Si no lo hacemos así, ¿sabe lo que va a pasar? Va a ser mucho más difícil lo que se puede avanzar y yo la prefiero fácil. Que Dios los bendiga a todos».

Reiteró estar dispuesto a bajar la edad de imputabilidad y aplicar con «firmeza» la ley.

 

«Cincha y empuja»

Lacalle también envió un nuevo mensaje de unidad partidaria hacia su competidor, Jorge Larrañaga (Alianza Nacional), augurando que en la noche del 28 de junio los dos líderes «aparezcan juntos» en la sede de Juan Carlos Gómez, en donde «el que vaya delante en votos cincha y el otro empuja». Los comentarios los realizó en el local de la lista 33-333 de Dámaso Antonio Larrañaga y Carreras Nacionales. Para Lacalle, «lo bravo viene después del 28 de junio», cuando «vamos a necesitar toda la fuerza del Partido, todas las ideas de todos los compañeros. Vamos a tener que juntar en lo mental, en lo intelectual, en las ideas y en el empuje».

Y luego se preguntó. «¿Por qué estoy seguro yo que va a pasar así?», y se respondió: «Porque hace cinco años me tocó hacer a mí al revés; hace cinco años, cuando me tocó perder yo fui, subí la escalera de la Casa del Partido a decirle a Larrañaga: ‘Aquí estoy para luchar por la victoria del Partido'», confiado en un resultado venturoso.

 

Mirando a marzo

Lacalle afirmó que la elección de junio se lleva a cabo «mirando como si fuera marzo. Lo que se decide en junio se prolonga hasta marzo. No es ‘elijo uno y después cambio’. No. La elección de junio tiene que ser vista en la perspectiva de decir que esta persona o aquella otra son las que cumplen el requisito para ser presidente». En su oratoria destacó algunas acciones emprendidas en su gobierno, como la organización de la Copa América de Fútbol en 1995 más allá de su período de gobierno, actuando «sin vanidad». Reivindicó la construcción de los estadios de Paysandú, Rivera y Maldonado, y que a pesar de «las pálidas, que decían que no nos iba a dar el tiempo» y muchas cosas más, se levantaron «tres estadios fantásticos». Y luego ironizó al referirse a la naturaleza humana: «A mí no me invitaron a la inauguración del Campeonato».

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