Simpático y atento, ayer firmó Laport
Sin duda se trata de una reconocida estrella del universo mediático de ambas orillas del Río de la Plata. Es que Osvaldo Laport (Rubens Osvaldo Jesús Odaquiola Laport, para los íntimos), es el galán uruguayo más codiciado de las telenovelas. Y nunca resulta fácil encontrarlo en un rato libre.
Ayer, Osvaldo Laport tenía la musculosa empapada en sudor y vestía unos pantaloncitos cortitos. Estaba en plena sesión de entrenamiento físico en un megagimnasio del barrio bonaerense de Belgrano. Allí, sin aspavientos, encontró espacio en su agenda y firmó contra la ley de impunidad. Con precavido esmero, el actor uruguayo estampó su rúbrica en una papeleta, tratando de firmar igual a como lo había hecho, ya hace unos años, en su vieja credencial, de las que eran de papel.
Junto al número 19.664 de la serie NLB de su credencial, Laport labró su firma ante activistas de la Coordinadora Buenos Aires por la Anulacion de la Ley de Caducidad en Uruguay. Tres semanas insumieron los compatriotas residentes en Buenos Aires para coordinar el encuentro con Laport.
Humilde como siempre, Laport se disculpó por la demora en firmar y explicó lo atareado que está debido a sus compromisos de trabajo. Aún así, no dejó de anunciar que está dispuesto a reunirse con las organizaciones de los uruguayos en Buenos Aires para firmar a favor del voto epistolar.
El atractivo del galán nacido en Juan Lacaze motivó el accionar frenético de varias féminas que se valieron de sus modernos celulares para registrar el acontecimiento. Sabedor del oficio de trabajar con luces y sombras bajo impacto de los flashes, tuvo la gentileza de propiciar ángulos adecuados.
Simpático y atento, se ofreció a seleccionar las mejores tomas, entre las fotos experimentales que aprovecharon a tomar las mujeres, incluidas las activistas que le habían pedido la firma. Sin ganas algunas de aprovecharse para ganar cámara por su acto cívico, Laport evitó hacer declaraciones.
Se preguntó qué más podía decir él, que ya no hubiera sido dicho por otros. Y sin más vueltas, se puso a desenterrar recuerdos y nostalgias, como todo uruguayo en el exterior. Preguntó a todos dónde residían. Incluso comentó anécdotas de su arribo al competitivo mercado argentino en 1976.
Y como una charla entre amigos terminó la breve ceremonia, que aportó una foto para el recuerdo.
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