Secreto bancario: ¿a quién le conviene?
Se equivocan los que analizan el tema del secreto bancario, prejuzgando que todo lo que es secreto es malo y que todo lo bancario es peor. Ese razonamiento impide pensar.
Secretos hay muchos. Hay secretos de alcoba por lo general hermosos- , secretos culinarios (a nadie le voy a contar cómo hago la paella), secretos sobre las formas productivas, secretos de confesión y secretos médicos, entre otros. Aspiro a que algún día haya el secreto ADN, para que nadie pueda conocer mi código genético, porque seguramente sería expulsado de la civilización.
Sin hacerla larga, me alteran los que se golpean el pecho diciendo que siempre están contra los secretos y mucho más contra los bancos «los que tienen secretos, por algo será», dicen- , aunque fueron los primeros en aplaudir que a Cofac la comprara Bandes- Venezuela, que tengo la sospecha que es extranjera. ¿Me entiende?
Ahora, nadie puede desconocer que detrás del secreto bancario, que es el respeto a los derechos individuales que impide que a que a uno no lo desnuden, se infiltran narcotraficantes, traficantes de armas, de mujeres y de jugadores de fútbol, lavadores de dinero y todo un grupo social de carácter global que es parte de las patologías del capitalismo o si usted quiere, es su propia esencia (esto lo dejo para otra nota, algo así como enero de 2010: ¿me espera?).
En ese sentido, los uruguayos, como pequeña colectividad humana organizada al sur, tenemos que colaborar para superar esa peste.
Pero, a la vez, no podemos ser tan ingenuos de caer en las ramas de las grandes potencias, que son las promotoras del narcotráfico, del negocio de las armas y del lavado de dinero.
Ese negocio global, que es promovido por los hipócritas del mundo desarrollado, llega a nuestro país – es cierto que a través de sus propios bancos de carácter trasnacional- , bien envueltito y prolijito. A pesar de nuestra pequeñez como sociedad, donde predominamos los viejos y que cada vez que vemos un niño nos sentimos molestos porque hacen ruido, hemos contribuido con el mundo a restringir la presencia de esa insana circulación de capitales, gracias que establecimos un reforma tributaria seria y moderna, pero que a la vez porque hay formas legales para investigar a fondo, vía judicial, si nuestro país es utilizado por esos patólogos del capital.
Hay gente en el Uruguay que desearía que en nuestro país no existiera el secreto bancario, ni el secreto tributario.
Que fuéramos algo así como un hermoso paraíso de la felicidad y de la decencia (a eso hay que apuntar, es cierto), pero esa misma gente se olvida que vivimos en este mundo, que el capitalismo está intacto a pesar de su crisis financiera y que hay que jugar dentro de las reglas de juego establecidas, para cambiar las reglas de juego.
Pero mientras eso no ocurre no hay que apretarse el escroto contra la puerta, sabiendo que en este mundo cruel, casi de Discépolo, hay países muy grandes que hablan de valores que no practican y hay países medios bajos, como la querida Argentina, que quieren que aquí en estas tierras orientales seamos los policías que controlen a los evasores de su propia comarca, porque ellos fracasaron como los alemanes en la puerta de Moscú.
Hace pocos días me imaginé un diálogo entre Obama y Fidel, intentando un acercamiento entre Estados Unidos y Cuba. El gringo, sentado bajo una palmera, planteándole que Cuba debería levantar el secreto bancario (tengo ante mi vista el reglamento sobre el secreto bancario de Cuba que es de 1998) y Fidel respondiéndole que «No».¿Por qué? Porque a Cuba no le interesa dar a conocer quienes son los países, empresas y bancos que han invertido en su economía durante todos estos años del bloqueo. Me imagino una actitud de defensa de la soberanía de la isla, por parte de Fidel.
Si Uruguay le hace seguidismo en todo a las grandes potencias sobre el secreto bancario y tributario, vayamos pensando cómo «evacuamos» y dónde instalamos a todos los pobladores de Maldonado, que han construido una realidad distinta con el trabajo de su gente y de todos los uruguayos, pero también con la inversión extranjera, particularmente de Argentina, cuyos capitales, en la inmensa mayoría de los casos, no tienen nada que ver con organizaciones delictivas.
Si usted leyó este artículo le ha quedado claro que mi fuerte no son la economía y las finanzas, pero quizás por eso esté en lo cierto. ¿Tá?
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