Ay, pobre idioma

Violaciones reiteradas y alevosas

Si un día Milan Kundera dijo que era fácil desobedecer a un muerto ­conociéndose su última voluntad­, ahora deberíamos postular que algunos legisladores uruguayos son capaces de violar, en reiteración real y con premeditación y alevosía, cualquier teoría lingüística que pretenda explicar al idioma español. Quedó patente ayer, durante la sesión extraordinaria de Diputados que consideró el proyecto de ley que consagra la cuota como mecanismo para favorecer la participación de la mujer en la política. Más concretamente, en la elección para los diversos cargos electivos. Recordé a Adolfo Bioy Casares, que dejó escrito esto: «…detrás de cada una de estas manifestaciones de afectación, ligeramente sorpresivas y ridículas, ha de haber un señor vanidoso, que se desvive por que lo admiren». ¿Algo que ver con lo que nos ocupó en la víspera? Ojalá que no, pero véanse ciertas partes de la redacción del proyecto. «Este trasfondo histórico y social es tan fuerte (…) tan material y objetivo que se hizo invisible». (Siendo el trasfondo lo que parece estar más allá del fondo visible de una cosa, o detrás de la apariencia de una acción humana, ¡está bravo para que sea material y objetivo!). «Creemos que el posicionamiento político sobre el proyecto y la consiguiente votación debe obedecer a un análisis profundo, desprovisto de cualquier enfoque superficial o supeditado a alineamientos mecánicos sobre determinadas posturas feministas». (Queda la impresión de que el redactor juntó demasiadas palabras, se le atragantaron y las vomitó en el papel). «Cambiar la presencia de la mujer en la política instala una imagen y un pleito igualitarista…». (Sépase que cualquier esfuerzo por racionalizar esta frase será absolutamente infeliz). «…debe conservar capacidad de trasmitir ‘algo’ al colectivo». (¿A cuál? ¿Podría ser el 121?).

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