Tras la impunidad, otro hecho bochornoso en el Parlamento

La expulsión del senador Araújo

Tras la sanción de la Ley de Caducidad y en medio de la conmoción política de aquel momento, otro hecho bochornoso golpearía a la recién recuperada democracia, en el seno mismo del Parlamento. Blancos y colorados votaban la expulsión del senador Germán Araújo, la noche misma que se votaba la impunidad para los militares. Araújo terminó aquella noche su discurso con un «¡Viva la Democracia!» y se retiró del Palacio Legislativo. Araújo había comenzado su alocución con una profesión de fe frenteamplista, oponiéndose a la Ley de Seguridad del Estado que había llevado al país al despeñadero.

Ante los actos en los alrededores del Palacio Legislativo, Araújo afirmó que el Frente Amplio había promovido un caceroleo y que él no había convocado desde la radio (CX30) ni incitado a nadie a ir al Palacio Legislativo donde se produjeron los incidentes de protesta. «Téngase la certeza de que voy a seguir luchando por este Parlamento y por la democracia», dijo Araújo antes de retirarse de sala, no sin antes haber dejado en claro que si bien promovió el caceroleo, una cosa era esta expresión y otra los disturbios, a los que no convocó, ni desde el Parlamento ni desde la radio desde la que emitía su columna diaria.

Regresó al Senado de la mejor manera: reelecto en 1989 y volvió a ocupar su banca hasta que enfermó mortalmente en 1993.

En el recinto del Senado y en plena sesión, se produjo un sorpresivo enroque: el presidente Enrique Tarigo dejó su lugar y pasó al plenario, en tanto que Eduardo Paz Aguirre lo suplantó en la conducción del debate. Inmediatamente Tarigo propuso la «remoción» del senador José Germán Araújo, de Democracia Avanzada ­ Frente Amplio, quien había tenido activo protagonismo en la oposición a la caducidad y en el reclamo de responsabilidades a los violadores de los derechos humanos. Con la excepción de los otros cinco senadores frenteamplistas ­Hugo Batalla, Reinaldo Gargano, Enrique Martínez Moreno, Francisco Rodríguez Camusso y Luis Alberto Senatore­ el resto del cuerpo aprobó la propuesta, que declaraba a Araújo «indigno del cargo que ocupa». La declaración estaba redactada en términos draconianos y consideró además que «los bochornosos sucesos» registrados en la noche anterior «afectaron los fueros del Parlamento, y constituyeron una situación agravada de otros similares».

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