Otros testimonios

Gavazzo: "Matamos a uno"

Eduardo Pérez Silveira, el «gordo Marcos», un electricista que vivía originalmente en Calle Uruguay 2711, la principal vía de Salto, fue detenido en la casa de una compañera en la zona de Colón. Estudiante de Mecánica y Tornería en UTE, de soldadura en Calnu, Bella Unión, y en aquel momento trabajaba en un taller de reparación de heladeras. El «gordo Marcos» fue militante de Acción Sindical Uruguaya (ASU). Uno de sus compañeros testimonió a LA REPUBLICA: «Recuerdo bien a Eduardo en Salto, cuando nos reuníamos con otros jóvenes de aquel entonces, pero más bien como cristianos con militancia social en Salto. Lo recuerdo como un joven inquieto. También recuerdo a Griselda. Después de muchos años me enteré que era su compañera. Nunca supe más nada de Eduardo hasta que lo empecé a descubrir en los carteles de los familiares como otro compañero desaparecido. No tuve vinculaciones con él en ASU, donde también milité, ni como MLN por lo que fui preso, mi recuerdo es más bien de haber estado en alguna reunión de grupo de jóvenes de Iglesia». Fue asesinado a los 24 años.

Adriana Castera denunció ante el Juzgado Letrado de Primera Instancia en lo Penal de 10º Turno (el 3.12.1986) sobre su detención en «La Paloma». «Yo fui detenida y llevada a Punta de Rieles donde permanecí por mucho tiempo. De allí se nos lleva al Regimiento de Artillería Nº 1 en el Cerro, donde se nos interrogaba. En el mes de junio de 1974, en uno de los interrogatorios que se me hizo en el Regimiento de Artillería Nº 1, el mayor Nino Gavazzo me manifestó «matamos a uno», inmediatamente me pregunta: «¿Vos conocías al gordo Marcos?», diciéndole yo que no. Cuando regresé a Punta de Rieles pregunté a mis compañeras si conocían al gordo Marcos, diciéndome que el mismo era Eduardo Pérez». Waldemar Tarocco testimonió ante Ielsur y Familiares de Detenidos Desaparecidos (2001) sobre su estadía en el Hospital Militar: «Luego de mi detención el 3 de mayo soy prisionero en Boiso Lanza y a los pocos días trasladado al Hospital Militar donde recibo atención médica por lesiones que me provocaron durante la tortura a la que fui sometido. Estando allí reconozco la voz de Eduardo Pérez. Yo estaba ubicado en las celdas individuales, con puertas de rejas cuyas ventanas daban hacia la calle Jaime Cibils. Estaba en la celda Nº 1, y la noche en que reconozco a Pérez me trasladan a la Nº 2 y a Pérez lo alojan en la Nº 1. Apenas llegado, en un momento de lucidez dice: «Soy Eduardo Pérez… tengo un hijo de un mes, Martín… soy trabajador de Salto». Pérez muere esa misma noche».

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