La derecha sea unida, para volver al pasado
Las recientes conversaciones del profesor Luis Hierro López, precandidato del Partido Colorado, con los precandidatos nacionalistas Luis Alberto Lacalle y Jorge Larrañaga, tuvo su trascendencia pero también al acontecimiento le faltó un poco más de análisis de parte de los más destacados columnistas de nuestro país (equipo que no integro).
Hierro López, según lo trascendido en la prensa, les planteó a los líderes nacionalistas concretar una alianza tradicional, para derogar la política impositiva del gobierno progresista.
Como la mayoría de los periodistas, no todos, creyeron que el tema de fondo de la conversación fue que el dirigente forista iba a pedir solamente tregua, fundamentalmente a Lacalle, para que los blancos no les quitaran a algunos caudillitos cosa que también se planteó, los analistas perdieron la visión de fondo que fue que desde ya, blancos y colorados tienen que trabajar para lograr un pacto que se exprese en el día del balotaje, en caso de que el Frente Amplio no logre el triunfo en primera vuelta.
La izquierda, que sigue viviendo la siesta veraniega y los dolores de estómago de una interna para la cual no estaba preparada, no percibió que el planteo de Hierro López va mucho más allá de una alianza electoral programática, sino que apunta a consolidar las políticas regresivas de los partidos tradicionales en materia de distribución de la riqueza.
Cuando el ex vice presidente de la República del Partido Colorado propone derogar el IRPF, no lo hace sólo como una propuesta electoral, sino que está absolutamente convencido de que no debe existir una política distributiva.
Si bien quiere ganar votos en el espacio electoral de las capas medias prósperas, también está buscando crear un clima político que permita construir una ideología que descarte la distribución de la riqueza, algo absolutamente contrario al batllismo y al progresismo de izquierda que hoy se expresa en el Frente Amplio.
A Hierro López, cuyo caudal electoral no supera al tercio del 8% (todo un éxito), ya no le importa el futuro de su colectividad política, base de la democracia republicana de nuestro país, teniendo sólo como antecedente al artiguismo y a los más lúcidos de las corrientes marxistas, sino que aspira a reconstruir el bloque conservador que nos condujo a la dictadura y años después al más crudo neoliberalismo, que ya no sólo fracasa en las montañas de Bolivia y en las selvas de Africa, sino también en la capital imperial de Estados Unidos y en la soberbia y cada vez más conservadora Europa.
Si no hubiera existido el actual gobierno progresista, la fractura social de 2002 se habría profundizado y la sociedad uruguaya estaría cuestionada y sin perspectivas de futuro.
Sin eludir las señales negativas del mundo capitalista desarrollado, es claro para cualquier uruguayo sensato, que el gobierno de Tabaré Vázquez ha sido el escudo de los pobres y la aduana por donde la crisis va a tener que pagar peaje, porque el país está preparado para afrontar las «borracheras» del mundo financiero internacional.
Estos gestos de los líderes de los partidos tradicionales, que ocultan la presencia de Pedro Bordaberry para no quedar pegados con la peor historia del país, deben ser desnudados por los pre candidatos del Frente Amplio por el bien del Uruguay y de los orientales.
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