Los dirigentes. La responsabilidad de trabajar por la unidad

El gobierno fue el examen de la utopía

En los próximos quince días se va a conocer con más precisión cuál es la radiografía del Frente Amplio. Por el momento, lo que está absolutamente definido es que los dos más firmes candidatos a la Presidencia de la República por la coalición de izquierda son los senadores Danilo Astori y José Mujica.

Dos dirigentes con diversas y largas experiencias, que tienen conformados sus sectores sin fisuras a la vista. Astori y su Asamblea Uruguay por un lado, Mujica y su Espacio 609 por el otro.

En medio de estos dos polos, como se les ha dado en llamar, hay una serie de sectores y de militantes frenteamplistas que no presentan la misma firmeza. Nos referimos al Partido Socialista, la fuerza más antigua de la izquierda uruguaya, y dos organizaciones nacidas después de la caída de la dictadura, como son la Alianza Progresista y la Vertiente Artiguista, aunque en su seno tienen militantes de corrientes históricas como son los ex comunistas dentro de la 738 y los Gau en la 77.

Si vamos a los archivos, nos encontramos que no hay datos relevantes que nos hubieran permitido detectar que esas tres corrientes fueran a vivir crisis internas como las de hoy, que pueden llegar a ser graves.

Dicho con todas las palabras: por lo ocurrido en las últimas semanas, esos tres sectores del Frente Amplio pueden llegar a sufrir desprendimientos importantes, al no lograr en sus internas, acuerdos y consensos en torno a las precandidaturas.

Paradójicamente, la posibilidad de construir un tercer polo, con una tercera precandidatura, Marcos Carámbula a la cabeza, le ha abierto al PS y a la VA la posibilidad de no agravar su situación interna. Mientras que en el caso de la AP, la situación es diferente.

 

¿Cómo se ha llegado a esta situación?

No hay respuestas sencillas y mucho menos globales para esos tres sectores que sufren el debate interno con intensidad.

Lo cierto es que, detrás de toda esta conflictividad que se potenció al no haber una fórmula de consenso, está que la izquierda culmina el próximo 1º de marzo su primer pasaje por el gobierno. Y eso no es poca cosa. Diría más: es mucha cosa.

Lo que está vivo hoy detrás de las precandidaturas y de los movimientos internos es la experiencia de gobierno, donde los sueños se hicieron realidad o no. O se transformaron en nuevos sueños, en nuevos desafíos, en nuevas utopías. Claro que sin descartar los intereses personales y de grupo, que siempre están presentes en cualquier colectivo humano.

Es que el ejercicio del gobierno fue el examen de la utopía y que, como siempre pasa, por más que se vivan situaciones comunes, surgen interpretaciones diversas, disímiles, hasta contradictorias.

La situación de hoy del Frente Amplio, por cierto muy confusa para la mayoría de los mortales, se vive dramáticamente porque la síntesis colectiva, el resumen de la marcha, no se hizo por parte de los dirigentes. Ni por aquellos que tienen muchos votos, ni por los que tienen pocos. Y lo que es peor: no se hizo con la gente, porque fracasó la fuerza política.

Ahora la izquierda uruguaya tiene que recuperar el tiempo perdido y la síntesis y el resumen del examen de la utopía hay que hacerlo en plena campaña electoral, donde no sólo hay que polemizar con los adversarios sino también con los compañeros del Frente, porque si no fuera así, cabe la pregunta: ¿por qué no hubo consenso?

Por ello el desafío es inmenso. Con dos, con tres o con cuatro candidatos, la responsabilidad es de toda la izquierda, del frenteamplismo como cultura política de entendimiento y de elaboración colectiva, lo que no quiere decir que quizás, una vez pasadas las elecciones, la dirigencia y los militantes de izquierda de nuestro país deban analizar con detalle cuáles son los mejores instrumentos políticos para seguir manteniendo y profundizando el contenido de los cambios.

Ahora que cada cual atienda su juego. El 15 de febrero, a más tardar, se sabrá si hay dos o tres polos, espacios o zonas. Sería una ingenuidad creer que, por arte de magia, el ejercicio de la democracia en las urnas va a resolver positivamente la marcha unida del Frente Amplio para seguir ganando gobierno a gobierno.

Es responsabilidad de los dirigentes, particularmente de ellos, saber trabajar por la unidad, por el programa único y por la construcción de equipos de gobierno únicos.

Pase lo que pase, gane quien gane, el FA tiene que cerrarle las puertas a todo intento de perder capitales políticos importantes, si sus candidatos no son aceptados por la mayoría de los frenteamplistas, el próximo 28 de junio.

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