Iván
Tenía ojos verdes, era alto y atlético. Algunos lo hallaban parecido a Rodolfo Bebán, un famoso actor argentino de la época. Era oriundo de Bella Unión. Tenía solo 20 años cuando se integró a la OPR 33, en la que militó desde los años setenta. Su compañera, madre de otros dos niños, daba a luz su primer hijo aquel 1974. Iván no pudo conocerlo.
Algunos familiares de Iván Morales Generali aún residen en Artigas. Su mujer e hijo debieron radicarse en el exterior y no pudieron ser ubicados por LA REPUBLICA. Tampoco hay fotos suyas. Personas que le conocieron lo describen como una persona calma y madura, que provocaba una sonrisa con su presencia.
Su nombre figura en la lista de muertes bajo tortura de Serpaj, donde se narra: «Su cadáver fue entregado a una empresa fúnebre que debió comunicar su muerte a la familia. Su rostro estaba desfigurado por los golpes y el cuello, totalmente cortado, estaba burdamente cosido. Cuando los militares entregaron el cuerpo a la empresa, dijeron que se había suicidado. No hubo comunicado oficial sobre su muerte».
La partida de defunción Nº 3719 tiene como testigos a dos empleados jubilados de la empresa Forestier Pose, en cuya sede de Nueva Palmira 2199 fue entregado el cuerpo. Dice que murió en el Hospital Militar, a consecuencia de «intoxicado (probable)» (SIC), según la partida de defunción firmada por el médico militar José Mautone.
Juan Carlos Mechoso lo recuerda como una persona inteligente y perspicaz. y lo menciona en su libro «Acción directa anarquista Una historia de la FAU», donde «Agripita», militante de OPR 33, explica que Iván Morales «tenía muy buen entrenamiento y era un tipo bárbaro». Iba a viajar a Montevideo desde Aeroparque de Buenos Aires a ver su hijo recién nacido, estuvo desaparecido dos días. «Lo entregaron degollado a la familia… creo que estaba cosido con alambres…» (pág 490).
En su libro «Hugo Cores, pasión y rebeldía en la izquierda uruguaya», la periodista Ivonne Trías sostiene que Iván pudo ser detenido en el Vapor de la Carrera, rumbo a Montevideo, y recuerda de su compañero de militancia: «Se distinguía en cualquier contexto a simple vista, por su belleza física. Un poco menos visible era su particular capacidad de estructurar mentalmente los espacios: le bastaba observar una escena por unos segundos para que su cerebro convirtiera la ubicación precisa de los objetos y sus distancias relativas en un mapa de alta precisión», narra.
En su breve vida, Iván había sido acomodador de un cine de Sayago y había trabajado como encargado en un garaje por Villa Biarritz, según cuenta a LA REPUBLICA otro de sus compañeros de militancia. Morales era particularmente amigo de Eduardo Chizzola, quien también sería asesinado en Buenos Aires en 1976.
Compartí tu opinión con toda la comunidad