Tabaré Vázquez. Un presidente que pasó por estas tierras

Reflexiones para un nuevo amanecer

La temporada veraniega tiene en sus entrañas fenómenos culturales que no son fáciles de discernir y mucho menos de calificar. Decir que el país se para, es una tontería difundida por mediocres o hipócritas que saben bien que el pasotismo no es una realidad. El país en verano camina por distintos canales, pero los temas de los negocios y de la política no se detienen ante un churrasco en la parrilla.

Todos lo uruguayos, estén en la trinchera que estén, saben bien que los próximos dos meses se juega el destino político del Uruguay, lo que no es poca cosa. Por eso las conversaciones, mientras se disfruta de un atardecer, pueden tener valores significativos.

Dentro de estos actores está el gobierno, el último año de la presidencia de Tabaré Vázquez, que le va a tocar bailar con la más difícil y no solo por la crisis global del capitalismo garronero y pedante que hoy se exhibe al mundo en plena crisis y con la vergüenza de la corrupción.

El mayor problema que tiene el país no es la crisis de los mercados y de las finanzas, que son grandes e importantes, sino la sequía, que puede poner en cuestión las posibilidades de sortear con éxito la crisis global. Y para esto no hay posibilidades de que la racionalidad humana actúe sobre los malhumores de la naturaleza.

A pesar de ello, donde Dios nada puede hacer porque no existe, el gobierno de Tabaré Vázquez está bien plantado, a pesar de los que añoran el Apocalipsis, como instrumento de cosechar votos y así ganar las elecciones nacionales en la segunda vuelta del próximo noviembre.

Hace pocos días un diplomático extranjero me decía que en cualquier país del mundo que hubiera anunciado que en cinco o en seis años todo la sociedad iba a tener acceso a la televisión cable, a internet y a la telefonía, a través del mismo «cañito» de la fibra óptica (Plan Cardales), ya había ganado las elecciones nacionales. Pero en Uruguay, el país de las paradojas, puede llegar a pasar que eso no ocurra. Y comparto la apreciación del amigo diplomático, quien como buen exponente del primer mundo sabe lo que vale y lo que no vale.

Este mismo gobierno que llega a los primeros días del año con un aumento de las jubilaciones entre el 11 y el 14%, con un aumento similar para los trabajadores de la enseñanza, no tiene en las encuestas asegurada su permanencia.

Este gobierno de Tabaré Vázquez que derrotó el bloqueo fundamentalista de un pequeño y agresivo grupo de contrarios a Botnia, al grado que los argentinos «invaden» nuestras playas porque este es el país de la seguridad y de la convivencia – donde un intendente es el Flaco de los Santos y el otro es el Chueco Barrios- , no ha tenido durante sus cuatro años la capacidad de hacer el resumen correcto de los éxitos logrados.

Es este mismo gobierno que tiene un Ministerio de Transporte y Obras Públicas que vive inaugurando obras, dando empleo y activando la economía interna, el que aún no ha logrado convencer a los uruguayos de que hay posibilidades ciertas de transformar a nuestra sociedad radicalmente, sin discursos emotivos pero poniendo las piedras fundamentales del futuro en base al trabajo, la honestidad y el sacrificio.

Como si todo esto fuera poco, el gobierno nacional se apresta a asumir como Estado, como sociedad, que llegó la hora de pedir perdón por el terrorismo de Estado, como forma de que el Nunca Más sea el nuevo santo y seña de una sociedad que quiere vivir en paz, pero teniendo en cuenta el pasado tenebroso que nos tocó vivir durante más de una época.

Estamos, entonces, mirando más que el atardecer el amanecer, que no será sencillo, que habrá que ponerle el pellejo a los peligros del mundo, pero también a los desafíos de la naturaleza y de nuestras propias miserias como sociedad y como individuos.

Dentro de un año, en estos días, ya sabremos quién ganó y quién conducirá el país durante los próximos cinco años. Serán momentos de incertidumbre, de gente que estará brindado y que otra tanta estará sintiendo el peso de la derrota. Pero de lo que no habrá la menor duda es de que el país reconocerá que por estas tierras pasó un Presidente que hasta el último día se comprometió con la suerte de su gente. En eso está Tabaré Vázquez. Creo que usted lo conoce.

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