Quedó ciego, fue operado en Cuba y ahora es chofer del Mides
Héctor Larroca tiene 62 años. Sus ojos son azules y su mirada es intensa. En casi nada se parece al hombre que necesitaba que alguien le dijera qué ómnibus venía cuando estaba en una parada, momentos en que ni siquiera distinguía las luces de los semáforos. Hoy trabaja de chofer en el Ministerio de Desarrollo Social (Mides).
«Opacidad del cristalino del ojo, o de su cápsula, o del humor vítreo, que impide el paso de los rayos luminosos y conduce a la ceguera». Así define a las cataratas el Diccionario de la Real Academia Española. En nada se asemeja al calvario sufrido por Larroca en su peregrinar de un hospital a otro, hasta que llegaron los cubanos.
«La operación más importante que me hicieron en Cuba fue sin bisturí: fue cuando abrí mi mente al recibir atención humanitaria de personas que no esperaban nada a cambio. Con los cubanos aprendí que se puede hacer mucho con poco. Es que mantienen intactos los valores solidarios con ancianos y niños», resume Larroca.
«Entendí que la vida no es sólo comprar y vender, sino que hay mucho que dar», explica. «En Cuba me encontré con valores humanos que los uruguayos habíamos perdido hacía décadas. Ellos, siendo más pobres, son en realidad más ricos que nosotros. Es porque mantienen intactos sus valores. Eso es lo que más rescaté».
En Uruguay, el ahora vidente había quedado sin mutualista. Mientras aumentaba su ceguera iba con desesperación de un hospital a otro. Nunca conseguía número ni hora para ser asistido. Cuando había cirujano no había anestesista. O al revés. Nadie le aportaba una solución. Su esperanza renació con el arribo de cubanos.
«Yo estaba esperando que me atendieran. Como siempre: esperar y esperar. De pronto, un montón de personas vestidas de blanco entraron antes que yo. Estaba en el Saint Bois para que me analizara un especialista. Cuando me dijo que iría a Cuba no entendí nada. ¿Y qué iba a saber yo, que había votado a Jorge Batlle».
Tampoco sabía Larroca por entonces que su viaje, estadía y operación en Cuba serían gratis. «En ese momento ni sabía que existía la Operación Milagro. Le dije enseguida al médico que yo no tenía ni para pagar los pasajes». Tampoco sabía que figuraría entre los primeros uruguayos en ser operados por médicos cubanos.
«En Cuba me devolvieron la vida», insiste un Larroca muy conversador. Pero luego se vuelve muy discreto al aludir el tiempo que padeció su ceguera en incremento. «La depresión… las pocas ganas de vivir… con la vista lo había perdido todo», es lo único que comenta quien fuera 40 años transportista y vendedor del mercado.
«Empecé a trabajar a los 16 años. Después fui camionero toda una vida. Incluso tenía puestos ambulantes. Iba al mercado agrícola y compraba frutas y verduras que vendía en comercios. Toda una vida con el camión. ¿Qué iba a hacer si me estaba quedando ciego? ¡Suerte que conseguí ese empleo en Pocitos!», agradece.
Recuperar la vista no fue tarea sencilla. Lo intervinieron por primera vez el 28 de octubre de 2005. Sólo el ojo derecho. Y le colocaron una lentilla. Complicado fue el ojo izquierdo. Tuvo que ser operado una segunda vez, el 6 de abril de 2006. Su caso inusual requirió la implantación de una lentilla especial, mucho más gruesa.
«En la misma cajita en que venía la lentilla me guardé el callo que me creció sobre la retina mientras esperaba que me operaran en Uruguay. Es igual a cualquier otro callo en el cuerpo: un pedazo de carne endurecida. Me lo sacaron en Cuba. Es tan grande como la yema de un dedo meñique», recuerda Larroca, ahora casi riendo.
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