"La dificultad del Frente está en que tiene demasiados candidatos buenos"
Con la sencillez que le es característica y con su proverbial franqueza, Lucía Topolansky me recibe en su despacho del Senado -contiguo al de Julio María Sanguinetti- y me dispensa más de una hora de su tiempo para responder a todas mis preguntas.
–Se viene un año de intensa actividad. ¿Están preparados para la campaña?
–Nosotros no nos desmovilizamos en ningún momento; seguimos haciendo actividades, mateadas, reuniones. Algunas más visibles, otras menos, pero nunca perdimos el vínculo con la gente. Algunos piensan que nuestro compromiso con el FA es de 2004, pero ya en el 71 teníamos votos, y esos votos los volcamos a los tres candidatos que venían de los partidos tradicionales: Erro, Michelini y Alba Roballo. Fue una manera de apoyar la decisión política de esas tres figuras que habían dado un salto en el vacío en razón de convicciones políticas y morales.
–¿Fue muy difícil adaptarse a la lucha política dentro de la legalidad?
–Luego de la recuperación democrática, nosotros pedimos formalmente el ingreso al Frente. Una vez integrados, nos hicimos la pregunta sobre cómo participar en la lucha política.
–Y fue ahí que arrancaron con las mateadas.
–Que fueron un invento de Sendic. El hecho es que nosotros salimos al descampado a re-conocer la sociedad, a darnos un baño de realidad, porque habíamos pasado una cantidad de años fuera de circulación. Eso nos permitió tender puentes fuertes con la gente, esa era la consigna ideada por el propio Sendic. De lo que se trataba, en definitiva, era de acumular fuerzas. Claro que para eso, había que reducir el programa, porque cuanto más amplio es el apoyo a un proyecto, más pequeño debe ser el programa. Ese contacto directo con la gente, la gente no lo olvida más. Es mucho más interactivo que la publicidad electoral o las imágenes televisivas. Una mateada promedio de 50 personas, que se multiplica por otras similares en varios puntos, al final de la jornada son un montón de personas a las que les llegás. Y ahí siempre tenés un termómetro.
–A esta altura, la gente seguramente ya superó el resquemor que sentía por el pasado guerrillero…
–Nosotros desde que decidimos militar de esta manera en la legalidad, jamás escondimos nuestro pasado ni renegamos de él. Nosotros fuimos francos con la gente, y lo que demostró la vida es que el pasado guerrillero no asustó a la gente. Actualmente, tenemos vínculos con todos los estamentos de la sociedad, y tenemos amistad con variados sectores sociales. Precisamos a todos los uruguayos si queremos hacer un proyecto político real. Sabemos que cada uruguayo va a tener un papel que cumplir si queremos construir un proyecto profundo.
–Al electorado frentista que va a votar en las internas de junio, ¿por qué le pedís el voto para Pepe? (Independientemente de que sea tu compañero).
–Creo que la dificultad del Frente está en que tiene demasiados candidatos buenos. Y eso es un valor maravilloso pero en un determinado momento, puede ser una dificultad. Si sólo hubiera un candidato, la cosa sería mucho más fácil. De todos modos, estoy convencida de que nos tenemos que matar para que, sea cual sea el resultado de junio, logremos la victoria en primera vuelta. Creo que al país le iría muy mal si hay un periodo de retroceso en todo lo que significan los logros sociales y económicos de este periodo.
Ahora, ¿por qué Pepe? Bueno, creo que Pepe tiene un montón de condiciones para esa conducción en un momento en que el contexto internacional es difícil y complicado. Es una persona que juega en equipo, algo que quedó demostrado en la conducción del Ministerio. El no es un técnico, es un aficionado, pero tuvo la inteligencia de rodearse de gente muy capaz: un subsecretario brillante, de un director forestal brillante, de un director de Servicios Ganaderos brillante, etcétera, etcétera. Ese equipo fue políticamente plural dentro de los sectores del FA. Fue un equipo capacitado, prestigioso y plural. El jugó de director de orquesta. Esa condición de formar equipos plurales en un gobierno moderno es crucial porque no existe más el Hombre Universal. Se necesita un buen director con pupila para elegir buenos asesores.
También hay que decir que establece buenos vínculos con el ámbito social y con la oposición. Eso es un valor positivo porque cuantas más cosas se saquen adelante con mayor respaldo, mejor es para el país.
–Hay una imagen de Mujica muy diferente de la de Astori, casi opuestas. Mi pregunta es ¿qué segmentos del electorado que falta aún conquistar para el Frente son capaces de atraer uno y otro?
–Hay un quintil, el más pobre de la población, que no votó al FA en la última elección, sobre el cual han impactado más las políticas sociales del gobierno actual; la acción del Mides, del sistema educativo, del sistema de salud. Esa gente, tradicionalmente votante del Partido Colorado, probablemente se sume al Frente, y para ellos Mujica es un tipo sencillo, un interlocutor válido. Después hay un sector de las famosas capas medias sobre el que impactó el IRPF que es un sector acomodado en relación con el nivel de salarios del país, que rezonga pero que no está dispuesto a abandonar al Frente. Porque no son tontos y se dan cuenta de que si la sociedad funciona mejor, eso redunda en beneficio de todos; la disminución de la pobreza le sirve a la clase media porque va a tener menos riesgos en su convivencia. Ahí se puede avanzar sobre algunos sectores que pensaban que un gobierno del Frente traería un colapso económico y se dan cuenta de que en realidad les ha traído bienestar económico, estabilidad jurídica… No han quebrado bancos, etcétera. Es decir que ahí también hay un sector que se puede conquistar porque evidentemente la disminución de la desocupación generó una movilización de toda la economía. El Plan de Emergencia fue una transferencia de recursos de una suma importante de dinero hacia el comercio. Si yo fuera socia de Cambadu, votaba al Frente con las dos manos y los dos pies porque me sirve de acuerdo con mis intereses personales.
Hay un sector más poderoso que no se casa con nadie: los grandes empresarios. En la comida que hizo Astori estaban los mismos prácticamente que fueron a la del MPP. Los tipos orejean la baraja, a ver cuál les conviene más a sus intereses, pero no hay un compromiso fuerte con nadie. Además a muchos de ellos les ha ido muy bien con nuestro gobierno; no lo van a reconocer públicamente pero no van a molestar.
El FA tiene que hacer un esfuerzo para seguir mordiendo todo lo que se pueda de esa otra mitad que no lo votó pero que recibió un montón de beneficios. El que recuperó la vista, el que logró tener cobertura sanitaria, el que consiguió empleo, el que obtuvo un cargo por concurso sin depender del dedazo, por no citar sino lo básico, bueno, esa persona tiene que sacar su cálculo político.
La defensa de nuestra gestión de gobierno es un gran argumento. La política es razón y es corazón. Juega la emotividad, lo subjetivo, y eso yo lo siento andando en la calle con Pepe, yendo a los boliches, hablando con la gente, siento que hay un afecto especial.
–¿Cómo evaluás la actividad sindical bajo este gobierno?
–Es bueno que haya independencia de los gremios respecto del poder político y viceversa. Siempre fue un valor positivo que haya una sola central obrera. La dirigencia de todos los gremios ha surgido de elecciones democráticas. Pero no sé qué tanto puede estar resentida la militancia, no sé qué tanto el que vota en su gremio se implica y se compromete en la militancia. La participación se da, no se decreta, y me parece que los trabajadores prefieren delegar en vez de participar.
Se podría decir que la masa de asalariados sindicaliza
dos usa, de algún modo, a la directiva para obtener sus conquistas sin comprometerse demasiado en la militancia. No está en tela de juicio la democracia gremial, porque se elige, se vota; lo que está en duda es la participación y el compromiso de la masa. Parecería que la dirigencia no tiene poder de convocatoria.
–¿Cómo ves a la juventud actual en comparación con la tuya?
–Hay una gran desmotivación que lleva a la deserción de muchos estudiantes secundarios que tiene hondas raíces sociales. Y la educación no ha podido salvar esas dificultades. Algo hay, no sé si es el siglo que estamos viviendo. Probablemente no haya causas que enamoren para la lucha. A veces pienso que cuando me tocó militar en el ámbito estudiantil sacrificábamos muchas horas que podrían haber sido de entretenimiento, de distracción.
Yo hice mucho trabajo social desde la pubertad, y en mi adolescencia me enamoró la lucha por la ley orgánica.
En Preparatorios me integré al gremio estudiantil y milité por la Revolución Cubana en la Facultad de Arquitectura.
Teníamos una motivación muy fuerte, me metía en cosas que me motivaban, una de las cosas más importantes que me marcaron fueron las movilizaciones cañeras, que me mostraron otro país, otros uruguayos explotados, diferentes del obrero urbano.
La juventud quizá no tenga causas para enamorarse, salvo la música. Y eso que en el FA hay voto de jóvenes y militancia joven. Pero cambiar el país, soñar con una utopía, dudo que sean causas por las que la mayoría de los jóvenes se desvelan.
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