ABANDONO

El tango se ha ocupado de la ausencia o, mejor dicho, del abandono. El mismo abandono que sufrieron las barras y los alrededores del Palacio Legislativo ayer, cuando el plenario de Diputados trataba el fideicomiso ideado como tabla de salvación del Casmu. Viendo todo vacío, sin gente, pancartas ni gritos, uno, tanguero de alma, recordó «Amurado», «Mi noche triste» o «Ventanita de arrabal». Lamento que no haya un tango que pueda reflejar mejor esa impresión de cosa que se fue, o de cosa que no estuvo cuando debió, que percibí ante semejante desinterés de médicos y funcionarios de la mayor mutualista del país, justo cuando, y por unanimidad, los legisladores les tiraban un cable salvador. ¡Y mire que antes aullaron, agitaron carteles y cortaron calles! Ahora recuerdo. Sí, hay un viejo tango que Canaro le dedicó a gente como ésta: «El internado». Qué sé yo. Estarían todos internados, trabajando. ¿Se habrán enterado de la buena nueva, que pagaremos todos?

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