En la hora. Entre angustias y un país que se construye

"Hay que hablarle a un millón de uruguayos"

Sábado 10 de la mañana. Soca y Bartolito Mitre, bar Costa Brava. Pido una Coca Cola y me pongo a leer los diarios. Estoy afuera, debajo de unas sombrillas coquetas. Aún el sol no calienta.

«¿Tiene la sellada?», me pregunta Teresa, vecina muy conocida en el barrio. «Nada, pero nada», le digo sin hacer referencia al tema, aunque los dos sabemos que hablamos del Congreso del Frente Amplio.

Sigo leyendo LA REPUBLICA, esperando que aparezca alguno de la barra, aunque aún es muy temprano. Una sola idea me da vueltas. Mejor dicho tengo una sola preocupación: el Congreso, al grado que ni me acuerdo del clásico.

Pasan los minutos y nada. No se me ocurre nada. Es que cuando LA REPUBLICA esté en la calle, aún no se votó el tema candidaturas. Ni los puntos programáticos.

En ese momento pienso en los delegados al Congreso, metidos en el Palacio Peñarol, ese escenario que fue testigo de grandes acontecimientos políticos seguramente en cantidad mayor a los deportivos.

Me acuerdo de los activos del PCU, particularmente uno de ellos, que fue a la salida de la dictadura. Cierro los ojos y veo a Rodney Arismendi diciéndonos que podíamos caer en el error de vivir en una burbuja de izquierdistas, pero no ganar nunca el gobierno. «Hay que hablarle a más de un millón de uruguayos», nos dijo en 1985 y en 2004 obtuvimos un poco más de un millón y el Frente se quedó con el gobierno. Por eso Tabaré está en Suárez, por haber sabido no cerrarse ni en la estrechez de los intereses menores, ni caer en una izquierda típica del realismo mágico.

Me acuerdo del Congreso de 1994, con el Palacio Peñarol congelado, transmitiendo con Jorge Arellano por las ondas de CX30. Un frío solo controlado por la grapa que teníamos dentro del termo.

Congreso particular si lo hubo, porque en la primera votación se votó negativamente la creación del Encuentro Progresista. «No están los votos, no están los votos», decía yo al aire y Jorge me miraba con ganas de matarme, porque no podía creer que yo tuviera la certeza de lo que iba a ocurrir. Es que Jorge no sabía que el Gallego Manuel Núñez, me había pasado el dato con la posta y yo al Gallego le creo porque ya en ese momento era el que sabía más de la interna del FA.

Me acuerdo cuando Hugo Cores pidió la reconsideración de la votación, con el visto bueno de Carlos Pita que en ese momento presidía el Congreso. Me acuerdo que con su discurso el Hugo dio vuelta el resultado. Y no me olvido de la cara del Tambero Sabalza y Helios Sarthou, en ese momentos los dos principales líderes del MPP, cuando tuvieron que reconocer la derrota.

Mientras me acuerdo de todas estas cosas, me doy cuenta que en la obra que está frente al bar hay un ritmo de trabajo tremendo, a pesar de ser sábado. En apenas una hora ya van dos camiones con cemento.

Es así que me acuerdo que Daniel Mañana me dijo que hay once puntos en Montevideo de obras muy importantes. «Los empresarios está invirtiendo, eso es muestra de que confían en el país y en el gobierno», me dice tres veces por semana ­desde hace meses­ y razones tiene para decirlo.

Me pregunto: ¿los delegados del Congreso tendrán presente esto que me dice Daniel y que estoy viendo desde el bar? No espero respuesta, porque no estoy dialogando con nadie.

En eso cae Willy, que es un sufridor nato de la política. Quiere que yo le saque el sufrimiento y no puedo, aunque me dan ganas de decirle que está por llegar Aldo Lista y que, a lo mejor le da una mano.

Su problema es que hay familiares que le dicen que no votan al FA, embroncados con el espectáculo que han creado los dirigentes. Pero, a la vez, me dijo que tiene un amigo dentista que le asegura que el FA gana en la primera vuelta.

Es que Willy quiere que yo le diga que no pasa nada, que el Frente va a ganar y que nada fue al pedo (en ese momento me acuerdo de los delegados que están en el Palacio Peñarol y el Platense). De puro malo que soy no le digo nada, sólo me limito a hacer un gesto con los hombros y los músculos faciales para que él los interprete libremente (es que no tengo respuestas).

Miro hacia la obra de la esquina y allá están los muchachos a pleno sol, dándole duro a la construcción (yo no hubiera aguantado cinco minutos, me digo). En ese momento llega el tercer camión con cemento.

A lo lejos veo que están llegando Aldo, Eduardo Corleto y León Lev, para «oficializar» la reunión de los sábados de mañana. El tema, como no podía ser de otra manera, es el Congreso. A las 12.30 me despido, me voy al súper a hacer las compras, porque los fines de semana yo hago la comida. ¿Qué pasará en el Congreso?

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje