Humareda. Negra, negra

Largo como esperanza de pobre y pico

Así fue el debate en Diputados sobre el proyecto de ley de educación. Querido lector, vaya a la crónica del colega Portela y será ilustrado.

A mí me corresponde ­al menos eso se supone, porque ya es hora de ponerlo en tela de juicio­ la breve pintura de hechos o circunstancias que enriquecen, empobrecen o dejan igual al debate de turno.

La primera impresión fue exterior y desagradable. Una densa humareda, negra como mi alma, provenía de cubiertas quemadas y no sólo dificultaba el paso de un pobre hombre como yo, que iba a cumplir un deber, qué digo, un apostolado periodístico, sino también impedía leer las pancartas tan prolijamente extendidas en la Avenida de Las Leyes. Los gremios rebeldes van a tener que elegir, ya que cualquiera de ambos recursos ­la quema y esas pancartas­ trancaban el tránsito por igual. Lograron lo peor, que compitieran entre sí; gastaron de más.

Ya dentro del magno recinto, una constatación: alrededor de las 13.30 horas, casi tres horas antes del cuarto intermedio para engullir vituallas, había tan pocos legisladores, las barras estaban tan raleadas y los funcionarios portaban un aburrimiento tal que daban ganas de salir a comprar matracas, serpentinas y pomos de agua y adelantar el Carnaval.

Finalmente, unas ratificaciones.

Cuando alguien habla, a cierta altura del debate, muy pocos lo escuchan; ¿si ya está todo dicho a qué se siguen consumiendo horas con verbosidad sísmica? La aflautada, chiquita, tierna voz de Roque Arregui, miembro informante, más el vozarrón rochense y cetrino del principal opositor, José Carlos Cardozo, ya lo habían dicho todo.

Además, el uso de las computadoras no es igual según de qué diputado se trate; Ortuño, por ejemplo, virtualmente se zambulló en ella hasta casi desaparecer; Pintado, por su parte, la miró y dudó tanto como si fuera aquella novia ausente que regresó cuando menos la esperaba.

¿Detalles estéticos? Daniela Payssé con un traje rosado tipo viudita del conde de Oré; y Adriana Peña en estilo drásticamente cebrado, muy cebrado.

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