Ministra Tourné, de puño y letra
«La puta soledad, la puta pasta base (relato verídico)»
«Andaba paseando con Manuela, mi perra. Vi a un joven que caminaba en la vereda de enfrente, flaco, manos en los bolsillos de su canguro, jean, zapatos deportivos y un gorro. Me pareció que hablaba solo. Me llamó la atención. Crucé la calle. Pasamos uno junto al otro y él siguió. Me miró de refilón. Se dio vuelta y vino a hablar conmigo. No tengo donde dormir me dijo. ¿Por qué no vas a un refugio? le pregunté. Porque me levantan muy temprano. Pero por lo menos ahí dormís tranquilo sin peligros y además te podes bañar y desayunar bien.
Me aproximé más hacia él, muy flaco, muy flaco y con los ojos muy abiertos. Lo encaré y le dije ¿Le estás dando a la pasta? Se sorprendió. Me miró. Hizo un gesto como para negar. No me mientas flaco, no te voy a hacer nada.
Silencio…
Cuando yo trabajaba todos me querían. Perdí el laburo y empecé.
Largala, hacé una fuerza. Hay gente que te quiere ayudar.
Ya sé, yo necesito ayuda. Fui al Maciel y me dieron diazepan.
Andá al Portal Amarillo en la calle Pena pasando Garzón ¿Sabés dónde es?
Sí, en Colón.
Un poco antes. Andá deciles que te mandé yo, deciles que precisas ayuda. No te quedes en la calle solo. Mañana llamo a ver si fuiste ¿ta?
Me dio un beso aniñado en mi cachete. Se sonreía.
Siguió caminando y mientras caminaba me gritaba: Si mañana cuando llames te dicen que estoy ¿me llevás una torta de dulce de leche?
Te juro que sí, te la hago yo.
Y se me llenaron los ojos de lágrimas.
Ese muchacho es recuperable 100% ¿Nos daremos el lujo de perderlo?»
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