Acto en San José. El ex presidente dijo que el FA "dilapidó la ilusión" y "la mejor oportunidad"

Lacalle instalará el "Plan Dignidad" y a cambio exigirá una contrapartida

El sábado amaneció frío y nublado. Las calles desiertas a media mañana y en lo que sería el recorrido de la caravana herrerista del domingo, solo algún pasacalle como perdido.

El domingo a medio día estaba el sol radiante y comenzaban a treparse a los árboles y las columnas, los carteles de las diferentes listas que acompañan en San José a Juan Chiruchi.

En los autos brotaban calcomanías y se pegaban balconeras. El chiruchismo se desperezaba lentamente.

En el Herrerismo, el que domina un territorio y marca los votos pesa y es reconocido. El caudillo josefino se jugaba una gran parada y desplegó todas sus fuerzas. Dicen que no quedó proveedor de la Intendencia, o institución que pueda necesitarla, a la que no se llamara para invitar al acto.

 

En San José hay que mostrarse.

El estrado se levantó en una calle angosta, a una cuadra de la plaza pero mirando hacia ella. La gente llenó ese espacio y se desbordó por la plaza.

Estaban realmente todos: los herreristas y el «Pancho» Gallinal con su gente.

Luis Alberto Heber dijo que era la última capital que visitaban, en esta primera etapa (una gira por todo el país) y que era el acto más grande de todos. «La gente no quiere más gobierno del FA», clamó.

Heber dijo que el Partido Nacional está unido para «ganar las elecciones». «Hacer un gran gobierno nacional» y que «el PN es el recurso supremo» (como ya lo dijo Wilson).

A Juan Chiruchi lo sorprendió «el respaldo de gente que nunca estuvo en el Partido Nacional», criticó el «discurso fácil, demagógico y mentiroso» de la izquierda. Porque «no hay obra pública en ningún lado» gritó a una asamblea que lo aplaudía a rabiar.

Lacalle empezó diciendo que la asamblea era «de Juan Chiruchi, no de Luis Alberto Lacalle» y que no se podía hacer «en ninguna otra parte del mundo» (se lo llevó el entusiasmo).

Porque Juan Chiruchi es la demostración de que «se puede gobernar mejor».

Para Lacalle «no han hecho todo el daño que van hacer», porque faltan 16 meses de gobierno de la izquierda.

«El país quiere mejor gobierno» éste «dilapidó la mejor oportunidad, dilapidó la ilusión. No supieron, o no quisieron gobernar mejor».

El ex presidente dijo que hay que «pensar más como la hormiga que como la cigarra» y consideró que habría que haber bajado los costos a las empresas y no se hizo. Cree que la voracidad fiscal se comió las ganancias de los empresarios que ahora están en crisis, como los lecheros, y hay que ayudarlos. Para Lacalle el proyecto sucro-alcoholero del norte (ALUR) o la modernización de la refinería de la Teja es plata tirada.

Luego de repasar prolijamente toda la gestión y tacharla de la peor forma posible, dijo que derogaría todo pero mantendría una ayuda a los pobres, pero distinta.

Su gobierno instalará el «Plan dignidad» y a cambio de la ayuda, la gente deberá aportar 10 jornales por mes al Estado. Agregó que la iniciativa fue del diputado Luis Alberto Lacalle Pou, su hijo, quien estaba presente en el acto.

Se declaró defensor de la enseñanza pública y de la necesidad de rescatar los más caros valores: tradición, familia y propiedad.

Luis Alberto Lacalle tiene un plan de gobierno sencillo: «Hacer un Uruguay maragato»… Como el de Juan.

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