¿Los congelados?

– Sí, eran aquellos que estaban muy marcados por la policía, pero no participaban igual que nosotros, aunque recibían los informes políticos. Los protegíamos y nos protegíamos, creo que se resume así. Uno sabía que estaban, que había que buscarlos. Teníamos mucha gente muy cerca nuestro. Tuvimos, hasta que apareció Ramón, un sentimiento de soledad hacia arriba, pero no hacia el costado.

Cuando yo pasé a la clandestinidad recibí 7 mil pesos, un verdadero dineral, que habían juntado compañeros de Facultad que no eran afiliados o pertenecían a otros sectores del FA. Ese dinero me dio la tranquilidad de poder comer y de trasladarme. Incluso de tratar de «tocar» a algún milico si era necesario.

Poco a poco, fuimos armando el Sector Universitario, después Montevideo.

Tomamos contacto, por medio de dos compañeras, con gente que militaba en el Interior, lo que suponía mucho riesgo.

Voto en blanco o voto con ACF

– ¿Cómo vivió el debate sobre qué votar en las elecciones

internas de los partidos tradicionales bajo la dictadura?

– En principio recibimos la información de que el FA en el exterior, cuyo coordinador era Hugo Villar, se inclinaba por votar por ACF (el wilsonismo). Por otro lado estaba el planteo de Germán Araújo a favor del voto en blanco, que era la posición de Seregni. Nos inclinábamos por votar ACF, pero después tuvimos que cambiar. A esta altura, vista desde hoy, no sé cual era la mejor opción. Lo cierto es que la cantidad de votos en blanco no registró la presencia del FA dentro del país. Y bueno…

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